El presidente argentino, Javier Milei, fue recibido este jueves por su par francés, Emmanuel Macron en París. Los mandatarios mantuvieron una reunión bilateral en la que buscaron dejar de lado sus evidentes diferencias políticas para fortalecer los lazos económicos entre ambos países. Milei está de visita en Francia intentando conseguir inversiones extranjeras para reactivar la alicaída economía local. Tras sufrir una sucesión de datos negativos sobre la marcha de su plan económico, en la capital de Francia escuchó promesas de buenas noticias: el grupo francés Total Energies anunció una serie de proyectos que involucrarían unos 10.000 millones de dólares destinados a ampliar su producción de gas y petróleo en Argentina.
Una fanfarria militar le puso música al arribo de Milei al Palacio del Elíseo, al caer la tarde. Cuando se bajó del auto negro que lo llevó, acompañado por su hermana, Karina Milei, el presidente de Francia se apuró a darle un abrazo, secundado por su esposa, Brigitte Macron. Luego se sumaría al encuentro una amplia delegación argentina: 13 gobernadores de provincias y cinco ministros, además de otros altos funcionarios, diplomáticos y empresarios.
La reunión privada entre Milei y Macron duró unos 40 minutos y no hubo comunicados oficiales sobre su contenido. Las diferencias entre ambos son ostensibles: el argentino está alineado sin matices con los Estados Unidos de Donald Trump y es un duro crítico de Europa, contra la que volvió a pronunciarse horas antes de ver a su par francés.
De acuerdo con la información que dejó saber la Casa Rosada, el principal tema abordado por los presidentes fue el de las inversiones anunciadas por empresas francesas en Argentina. Además del proyecto de Total Energy en Vaca Muerta y yacimientos off shore, en las últimas horas la minera francesa Eramet anunció que se presentará al régimen de exenciones impositivas para expandir su explotación de litio en Salta, en el norte argentino. Los minerales críticos están justamente entre los recursos que más interesan a Francia.
Después de la reunión privada, hubo un segundo encuentro al que se sumaron el resto de la delegación argentina y otros funcionarios y empresarios franceses. Hablaron Macron y Milei, que ofreció su discurso preferido, el relato de cómo aplicó su motosierra al gasto público. Luego ambos respondieron algunas preguntas y el presidente argentino fue consultado sobre pormenores de su brutal ajuste del Estado, en un momento en que Macron enfrenta protestas sociales contra los recortes que está impulsando.
Más temprano, Milei participó de la Semana de Argentina (Argentina Week, en inglés), una serie de actividades organizadas para promocionar las posibilidades del país y seducir a inversores extranjeros.
El presidente ultra se presentó en el principal auditorio de la OCDE en París y fue allí donde, además de elogiar su gestión, criticó a Europa por el exceso de burocracia, la expansión de los Estados y la “inmigración descontrolada”. “Argentina está tomando la dirección contraria”, aseguró y se refirió luego a los problemas generados por las guerras en Oriente Medio y Ucrania: “Europa aprendió lo costoso que es depender de proveedores poco confiables, por eso vengo aquí a transmitirles que Argentina puede y podrá ofrecerles energía abundante”.
También ofreció los recursos del país para desarrollar la inteligencia artificial y habló de la complementariedad entre los sectores productivos de Argentina y Europa.
Ante empresarios, diplomáticos y funcionarios, Milei ensayó el discurso de campaña anticipada que, en los últimos días, viene repitiendo en cada foro donde tiene un micrófono a disposición. “Si los resultados en las urnas nos acompañan y tenemos mayoría, les aviso: se viene un proceso de cambio como nunca antes en la historia argentina. Esto lo menciono porque el año que viene tenemos elecciones presidenciales y sabemos que en Argentina los periodos electorales son temporadas de maniobras desestabilizadoras e intentos golpistas”, dijo.
El presidente culpa a sus rivales políticos, en particular al peronismo, por las dificultades que atraviesa su programa económico, como la caída de la actividad, el alza de la pobreza y el desempleo, mientras suben los indicadores que alertan sobre el riesgo financiero. La reiterada promesa del presidente consistió en que, si resulta reelecto, “2028 será el mejor año económico de la historia” para Argentina.









