Que Naomi Watts reciba este sábado el premio Donostia del festival de San Sebastián significa que el certamen honre a una hormiguita de la industria, a una actriz que estuvo años recibiendo rechazo tras rechazo en Hollywood (hasta David Lynch y su Mulholland Drive), a una intérprete que ha sabido usar sus mejores armas mientras buscaba guiones adecuados a sus intereses y que ahora navega en personajes complejos en las series de Ryan Murphy. Ha sobrevivido a los peores augurios que Hollywood le profetizó en 2001.
La explosión y el salto a la fama de esta inglesa criada en Australia —es una de las mejores amigas de Nicole Kidman, y vivieron juntas tras el divorcio de esta con Tom Cruise— llegó con la mencionada Mulholland Drive (2001), de David Lynch. Después llegaron muy seguidas The Ring (La señal), Le divorce, su impresionante trabajo en 21 gramos (su primera candidatura al Oscar), la ternura de King Kong, Promesas del este y Funny Games. Todo en menos de una década. “He trabajado duro durante las últimas cuatro décadas. Y lo he hecho con grandes creadores. Que me den el Donostia se debe a ellos. Y sería un eco de mi gratitud. He intentado cambiar el relato, ayudar a describir la psique humana… El cine es un medio muy importante y poderoso para eso”, ha contado Watts en su rueda de prensa este sábado por la mañana en San Sebastián.
Sobre el cineasta que le dio su gran oportunidad, la actriz contó: “Conocí a Lynch cuando hice el casting para otra película, una década antes de Mulholland Drive. Yo vivía en un rechazo continuo: o me faltaba o me sobraba algo. Y de repente volví a Lynch. Además, encarné a dos personajes increíbles en una misma película. Repetí con él en Twin Peaks. Y David siempre estará en mi corazón. Porque, como un regalo, todo gran realizador vio Mulholland Drive y se me abrieron las puertas de la industria”.
En La esposa perfecta, la película cuya proyección acompaña la entrega del galardón, Watts da vida a la protagonista, Hermine Braunsteiner Ryan. Se basa en un hecho real: en 1964, un joven periodista de The New York Times descubrió a un posible oficial nazi viviendo escondido en Queens, pero su investigación toma un giro inquietante cuando entabla amistad con la encantadora esposa del sospechoso. Nada es lo que parece en este thriller, que se inspira en un caso real, aunque el director, el debutante Ben Shirinian, ha explicado en San Sebastián que “mucho ha sido ficcionado para una mejor construcción del relato fílmico”.
El papel de Hermine encaja perfectamente en la carrera de Watts: “Para mí, como actriz, me interesa sobre todo sumergirme en guiones sobre dolor e identidad. Puede que por mi edad muchos crean que estoy en el momento de hacer villanos. Este personaje lo procrastiné un tiempo hasta que decidí que sí, que me tocaba”.

Watts ha entrado en la batalla del edadismo en el cine. “Para las normas hollywoodienses, empecé tarde, a los 30 años. Entonces me dijeron que me pusiera las pilas, que a los 40 mi carrera se acabaría. Y aquí estoy con cincuenta y muchos [el próximo 28 de septiembre cumple 58 años]. ¿Visteis los premios Emmy la semana pasada? Hubo muchas premiadas de mi edad, porque los tiempos han cambiado. Fue alentador. Creo que las cosas han cambiado. Las mujeres son consumidoras de cine y televisión, y sus historias deben verse reflejadas. Era necesario un cambio en esa narrativa. Y me siento agradecida por ser una pequeña parte de ese cambio”.
La misma Watts es inmigrante en EEUU, como la protagonista, en un país construido con migrantes, y que hoy parece darles la espalda. “Fui a EE UU con esperanzas y sueños, y he superado todos mis sueños. Hermine llegó tras la Segunda Guerra Mundial. Su viaje tuvo más que ver con buscar un nuevo lugar y bloquear su pasado. En mi caso, tengo hijos estadounidenses. Amo Estados Unidos. La situación hoy es complicada. Estoy nerviosa con la actualidad, pero tengo fe en que las cosas cambiarán”.
Para la actriz, La esposa perfecta sirve para ir más allá de lo meramente cinematográfico: “El odio está creciendo y lo que ocurre en el mundo asusta. Cuando leí el guion hace ocho años por primera vez, vivíamos otro ambiente. Ahora todo ha cambiado. Debemos estar alerta, debemos prestar atención y evitar que esto vuelva a suceder. Esperamos que La esposa perfecta genere un debate. Pero como personaje no ha sido divertido, ha sido complejo en su creación y me ha sumergido en algunas tormentas mentales”.

Al final de su charla se ha detenido sobre algunos de los personajes queer que ha encarnado en su carrera: “Tenemos que contar estas historias; contar historias es importante, sobre todo ahora. Me enorgullece formar parte de la comunidad LGBTQ+. Las minorías están siendo atacadas en este momento, y es terrible e inaceptable. Mi corazón está con estas comunidades, especialmente con mi familia. Haré todo lo posible por defender a las minorías”. Por su familia se refiere a su hija pequeña Kai Schreiber, que a sus 17 años ha logrado este verano el Breakthrough Model of the Year, convirtiéndose en la primera mujer transgénero en recibir este galardón que entrega la revista The Daily Front Row.
Cuenta Juan Antonio Bayona en el diario del festival que, por complicaciones meteorológicas, tuvieron que alterar el calendario de rodaje de Lo imposible, y filmaron en los primeros días el reencuentro de la familia Álvarez Belón, sin que los actores, y más aún los infantiles, hubieran afianzado sus lazos. La jornada fue mejor que bien, y al día siguiente Bayona les enseñó un primer montaje. Watts lo vio y se fue corriendo. Bayona no entendió lo que ocurría hasta que le chivaron: la actriz se había ido a felicitar a su maquillador. “Eso es Naomi. Acababa de ver una escena en que su trabajo era extraordinario y su primer impulso no fue pensar en lo que ella había hecho. Había pensado en otra persona. En alguien del equipo cuyo trabajo había contribuido a construir aquello que acababa de ver”. Por su trabajo como María Belón, Watts obtuvo su segunda candidatura a los Oscar. Esta noche será el mismo Bayona quien le entregará el Donostia en un acto de mutuo agradecimiento.










