Nacido en China, pero de origen británico, Benedict Anderson publicó en 1983 un libro que cambió la manera de pensar la relación entre los diarios impresos y la democracia. Frente a la algoritmización de las noticias, es bueno reparar en este politólogo que enseñó en la Universidad de Cornell y se especializó en la lucha contra las dictaduras del sudeste asiático. Porque en su trabajo, Comunidades imaginadas, sostiene que la nación es una comunidad política imaginada que se construye a través de la lectura de diarios.
Anderson murió en Indonesia en 2015, pero su obra sigue siendo una de las más citadas en el estudio de los medios de comunicación y las ciencias sociales. La pregunta que lo movilizó
era potente: ¿por qué millones de personas están dispuestas a sentir, e incluso a morir, por una nación cuyos miembros jamás conocerán? Porque se trata de una comunidad imaginada, ya que ni siquiera los miembros de la nación más pequeña llegarán a conocer a la mayoría de sus compatriotas y, sin embargo, cada uno lleva en la mente la imagen de esa comunión.
Imaginar no significaba inventar ni falsear, sino construir un vínculo real a partir de prácticas compartidas. Frente a quienes veían en el nacionalismo una ideología impuesta desde arriba, Anderson buscó las condiciones materiales que hicieron posible sentirse parte de ese “nosotros” desde el llano.
Y encontró la comunión de ese “nosotros” en una alianza inesperada entre el capitalismo y la imprenta. El “capitalismo impreso”, basado en la producción masiva de libros y periódicos, unificó campos de comunicación, fijó idiomas y permitió que lectores dispersos se reconocieran como parte de un mismo público. En el centro de ese proceso situó al diario impreso.
De esa forma, recuperó una observación de Hegel: la lectura del periódico es la oración matinal del hombre moderno. Cada lector realiza ese gesto en privado, pero sabe que miles de otras personas, cuyos rostros ignora, hacen lo mismo en ese preciso momento. El diario, un best seller que caduca al día siguiente, organiza una ceremonia masiva y simultánea, que da forma concreta a la comunidad. En una misma página aparecen hechos sin relación entre sí, solo porque ocurrieron el mismo día, y esa coincidencia enseña al lector a pensarse dentro de
una historia compartida.
Deriva psicológica
La importancia de esta idea excede la historia del nacionalismo. Anderson mostró que las comunidades políticas no existen sin soportes que las hagan visibles y que los medios no se limitan a informar: crean el espacio común donde una sociedad se piensa a sí misma. Su análisis tuvo, además, una resonancia especial para América Latina. Anderson situó en los primeros diarios americanos una de las herramientas con las que esas élites empezaron a imaginar nuevas patrias.
Dos siglos después, la pregunta de Anderson regresa con otra urgencia. La lógica del algoritmo comenzó a desplazar aquella ceremonia compartida. Cada pantalla ofrece una selección distinta, ajustada a las preferencias de su usuario, y la simultaneidad que unía a los lectores se fragmenta en millones de intereses individuales. Es importante recordar ese “nosotros” en momentos en los que Editorial Perfil cumple hoy cincuenta años. Porque hoy, con este diario que usted tiene en sus manos, comienza a publicarse una edición de lunes a viernes. Y comienza también una nueva historia. No es una aventura comercial convencional: este diario será donado a escuelas y a familias con hijos en edad escolar, como parte del programa Media Literacy. La iniciativa responde a una preocupación que comparten docentes de todo el mundo: la pérdida del hábito de lectura y la dificultad de sostener la atención y la concentración entre infinitas notificaciones. Por caso, Suecia, Finlandia y Dinamarca, después de apostar a la digitalización escolar, devolvieron protagonismo al papel en sus aulas.
El proyecto retoma una historia fecunda. El sábado 9 de mayo de 1998, PERFIL salió por primera vez a la calle como diario. Aquella experiencia reunió 84 ediciones y se cerró con una contratapa de Jorge Fontevecchia titulada “Hasta pronto”. La promesa se cumplió el11 de septiembre de 2005, Día del Maestro, cuando PERFIL reapareció como dominical con el número 85. Luego, en 2007 se sumó la edición de los sábados, y hoy veintiocho años después de aquel primer número, el diario vuelve ahora a salir todas las mañanas, de lunes a viernes, ahora con la educación en el centro.
De Platón y Sartre a Agustín Laje
Hay en esta decisión algo profundamente andersoniano. Un ejemplar abierto sobre la mesa vuelve visible el acto de leer y pasa de mano en mano. Expone a padres e hijos a una misma selección de noticias que pueden discutir y los obliga a encontrarse con lo imprevisto: una página de economía junto a una de cultura, una noticia que no buscaban. Es lo contrario de la lectura personalizada que promueven los algoritmos. Es la ceremonia compartida de la que hablaba Anderson.
En PERFIL queremos ser eso: queremos crear un “nosotros”, en el sentido exacto que Anderson le dio a esa palabra. Una comunidad de lectores que, sin conocerse, comparte cada mañana las mismas preguntas sobre el país. Creemos que el periodismo de calidad, el que verifica, analiza y explica, no es un lujo, sino una condición para mejorar nuestra sociedad y fortalecer nuestra democracia. Por eso, 50 años después, lanzamos este nuevo diario PERFIL.









