Putin, como buen heredero de Stalin, desea recuperar para Rusia las fronteras perdidas al final de la Guerra Fría, e incluso su zona de influencia sobre el desaparecido bloque comunista. Este es el móvil último de la guerra de agresión contra Ucrania iniciada hace casi cinco años. Trump, en cambio, no se siente heredero de ningún presidente de su país del último siglo e incluso quiere destruir el orden internacional construido sobre la victoria aliada en la II Guerra Mundial, que es como decir el legado de Roosevelt.










