La ficción nacional vuelve a la televisión abierta con Sombras, una miniserie de suspenso psicológico basada en hechos reales. La historia comienza con la desaparición de una joven y se adentra en una antigua casona familiar, donde tres generaciones conviven con secretos, violencia y vínculos tóxicos. Para Pablo Sórensen, protagonista y showrunner del proyecto, el desafío va más allá de interpretar a Juan, un personaje oscuro y perturbador: también implica asumir una responsabilidad como productor y contribuir a recuperar un espacio para las historias argentinas en la pantalla chica. La serie, de seis episodios, fue concebida específicamente para la televisión abierta y reúne a un elenco integrado por Nora Cárpena, Silvia Kutika, Fabio Aste y Mercedes Lambre. Sobre su trabajo y varios roles, Sórensen: “Lo que más me atrapó del proyecto fue justamente que no se circunscribiera a presentar una historia de entretenimiento, sino que tuviera un trasfondo muy importante: impulsar un cambio de paradigma y un movimiento positivo para nuestra industria. Eso deja una huella no solamente en mí como actor, por el gran desafío interpretativo, sino también como productor y responsable creativo”. Y sigue: “Durante mucho tiempo participé de largas sobremesas con distintos colegas en las que lamentábamos el estado desértico de la ficción nacional en la televisión abierta argentina. Tomé nota de eso, lo internalicé y pasé de formar parte de esa congoja a asumir un papel activo y protagónico para cambiar esa realidad. Hoy, a la vista de los buenos resultados y de haberlo concretado, me siento fantástico”.
—El personaje tiene una dimensión particularmente perturbadora. ¿Cómo trabajaste para construirlo más allá de esa primera impresión y encontrar sus contradicciones, sus zonas más humanas?
—Es un personaje muy complejo, con el que no tengo ningún punto de unión ni de contacto. Es un psicópata, alguien dominado por una herencia de matriarcado, que oculta su verdadero rostro y está atormentado por los traumas del pasado y por secretos que no pueden ser revelados. Todo eso, y mucho más, describe a Juan en Sombras. Ese personaje, tan antagónico a mí, fue justamente lo que más me interesó: bucear en las profundidades de su psiquis y de sus comportamientos. Desde que tuve el guion en mis manos pensé que, aun en un personaje tan sórdido y perturbador, se podía buscar y hacer emerger una cuota de piedad y compasión. Ese choque de energías totalmente contrapuestas es el mayor desafío para un actor: equilibrarlas y administrarlas.
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—¿Qué te interesaba explorar de una situación familiar y cotidiana?
—A veces se asocia el terror con cuestiones que no tienen explicación. Personalmente, siempre tuve una atracción especial por los mundos creados por maestros del género como Alfred Hitchcock y Stephen King, que abordaron el suspenso y el terror desde un lugar más cotidiano y terrenal, sin que eso les quitara intensidad. Sombras tiene sus monstruos, pero no es ciencia ficción. El terror surge de la construcción de los vínculos de una familia que tiene dos caras: una hacia afuera y otra hacia adentro. ¿Acaso hay algo que dé más temor que alguien a quien creemos conocer y que, sin embargo, esconde otra realidad?
—La casona y la situación de encierro tienen un peso enorme en la narración. ¿Cómo fue trabajar corporalmente dentro de ese espacio y construir el vínculo entre los personajes a partir de esa clausura?
—Es la primera vez que trabajo en una ficción en la que el público me hace una devolución tan particular: me dicen que pueden percibir sensorialmente los olores. Eso habla del maravilloso trabajo de arte en cada cuadro y en cada ambiente recreado de esta casona tan particular. Todo eso está presente en la mirada, en la manera de vestir y en el caminar de cada personaje. Hay una simbiosis absoluta entre la energía de esas paredes y la de quienes las habitan.
Una ficción con vocación de cambio
J.M.D.
—¿Cómo trabajaron esa relación entre realidad y ficción sin convertirla simplemente en una reconstrucción de los acontecimientos?
—Nuestra idea siempre fue dejar que el espectador reflexione, piense y se identifique. No vamos a brindar identidades ni referencias precisas. El universo que van a ver es propio de sus personajes, con elaboraciones propias.
—¿Qué significa para vos que Sombras forme parte de este regreso de la ficción nacional a la televisión abierta y qué esperás que produzca en los espectadores?
—Sombras es un doble sueño cumplido. Primero, porque es la serie que marca el regreso de la ficción nacional a la televisión abierta argentina. Y, por otro lado, porque logramos concretar artísticamente un proyecto audiovisual de inmensa calidad. Hicimos historia con un producto local. Esa es una huella maravillosa que va a acompañar e identificar el espíritu de mi carrera para siempre. Este unitario fue concebido para reactivar la ficción en televisión, así que ambas cosas están totalmente hermanadas. Lo que busqué con este movimiento ya se está viendo: los canales líderes están sumando ficciones a sus programaciones. Telefe y América TV ya lo hicieron, y los demás están por hacerlo. Cuando digo que hicimos historia, me refiero a eso: trabajar y realizar un proyecto que no tenga solamente una perspectiva individual, sino también colectiva. Cambiar la realidad del sistema de producción de un país. Junto con mi productora, BACS Producciones, pensamos en motorizar, motivar y empujar a los demás responsables de nuestro mercado audiovisual —programadores de canales, directivos y productores generales— para que continúen haciendo lo mismo a partir de lo que nosotros hicimos. Y eso ya está ocurriendo. Les mostramos a propios y ajenos que, si se quiere, se puede.










