Faltaban apenas 12 días para el puntapié inicial en Saint-Denis y había efervescencia mundialista en el país. Las especulaciones sobre la lista definitiva de Daniel Alberto Passarella para Francia 98 eran pocas porque el técnico, más preocupado por su futuro laboral tras el Mundial, fue confirmando jugador por jugador hasta llegar a los 21 nombres. Había 21 casilleros firmes y consolidados; el misterio se concentraba exclusivamente en un único enigma: la identidad del futbolista número 22. En el imaginario colectivo, el cupo restante parecía destinado a resolverse entre tres nombres de enorme peso.
Los candidatos eran Christian Bassedas -presente durante todo el ciclo y pieza clave en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96-, Hernán Díaz -capanga del Kaiser en el River de los 90 y habitual en la rueda final de las Eliminatorias- y Claudio Caniggia, siempre presente en las listas mundialistas desde 1990.
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El volante de Vélez Sarsfield corría con la ventaja de su enorme regularidad. El histórico lateral de River, por su parte, era un auténtico hombre de confianza del técnico. En tanto, el Pájaro todavía atravesaba un gran momento futbolístico.
Con el correr de los días, y casi como en un reality show, el entrenador fue despejando incógnitas. Primero descartó a Caniggia y después a Hernán Díaz, dejando el camino aparentemente libre para Bassedas, quien incluso aparecía en los álbumes de figuritas. Su presencia se daba tan por descontada que nadie dudaba de su convocatoria. Sin embargo, para sorpresa de la mayoría y fiel a su estilo, Passarella terminó descolocando a todos y convocó al experimentado delantero Abel Balbo, pese a que dentro del plantel esperaban al jugador de Vélez.
La primera información oficial no la dio el director técnico, sino el jefe de prensa de la AFA, Washington Rivera. A las 18.10 del viernes 29 de mayo ingresó a la sala de periodistas del edificio de la calle Viamonte 1366 y anunció escuetamente: “El jugador número 22 es Abel Balbo”.
La decisión, según trascendió, estaba tomada desde principios de mayo y el futbolista ya había sido informado por el cuerpo técnico de la Selección. Sin embargo, se mantuvo el silencio mientras crecían las apuestas de los medios y de los hinchas. De algún modo, el entrenador jugó con las expectativas de todos.
La convocatoria de Balbo resultó un verdadero cimbronazo debido a sus antecedentes inmediatos con la camiseta albiceleste. El último partido del delantero en la Selección había sido el 15 de diciembre de 1996, por las Eliminatorias, frente a Chile, en la cancha de River. Fue empate, pero lo más recordado de aquella tarde fueron las palabras posteriores de Passarella: “El equipo no tuvo fibra”, lanzó ante los periodistas en lo que pareció un mensaje dirigido a los futbolistas de mayor experiencia. Fue un quiebre.
Cinco días después de aquel partido, Balbo le envió un fax a Passarella a través de la AFA en el que renunciaba a futuras convocatorias hasta que “no existan las condiciones dadas para garantizar mi buena actuación, por el bien de la Selección y mío”. El delantero entendía que los constantes viajes entre Italia y Argentina perjudicaban su rendimiento y decidió autoexcluirse.
Lo curioso es que el llamado para regresar llegó después de una floja segunda mitad de temporada en la Liga italiana con Roma, bajo la conducción de Carlos Bianchi.
“Yo no renuncié a la Selección, sino que pedí ciertas condiciones porque como estaba jugando no le servía al equipo”, afirmó Balbo en una entrevista con este periodista, enviado especial del diario deportivo Olé a Roma, en febrero de 1997.
Christian Bassedas formó parte de todo el ciclo Passarella pero no llegó al Mundial de Francia. Foto: ReutersY agregó durante aquella charla en un hotel de la capital italiana: “Me siento parte del seleccionado y si me llaman veinte días antes, voy. Le expliqué a Ricardo Pizzarotti que a mi edad —30 años— ya no puedo viajar, dormir pocas horas, entrenarme poco y rendir bien. Lo más importante es llegar a cada partido con doce días de anticipación”.
Dentro de la intimidad de la concentración argentina, el anuncio generó una profunda sorpresa que alteró los ánimos. José Chamot reflejó el impacto que provocó la noticia puertas adentro del plantel: “A decir verdad, a mí me sorprendió la convocatoria de Balbo. Internamente, el grupo no pensaba en otro nombre que no fuera Bassedas. Nosotros creíamos que el número veintidós era él. Passarella no nos había confiado nada”.
El técnico manejó el tema con absoluto hermetismo, supuestamente por temor a que Marcelo Gallardo no llegara en plenitud física.
Mientras la delegación armaba las valijas rumbo a Francia, Bassedas intentó refugiarse en el título del Torneo Clausura 98 conquistado con Vélez. “Mentalmente no me puedo olvidar de lo que me pasó, pero necesitaba salir campeón con Vélez. Ahora prefiero disfrutar del título porque lo viví junto a mis compañeros de siempre, que fueron los que me bancaron y me levantaron el ánimo en este momento tan difícil”, declaró el volante, con hidalguía, intentando apoyarse en el afecto de su gente tras el inesperado golpe.
Nueve meses después de aquella exclusión, el jugador del Fortín se sinceró en una extensa entrevista con Alejandro Marinelli en Olé.
“¿Sabés qué pasa? Para mí Passarella era un fenómeno. Yo tenía una relación bárbara con él… Era el capitán de los Panamericanos, del Preolímpico y de los Juegos Olímpicos. Él venía a charlar conmigo a mi pieza. Yo lo admiraba como técnico y como jugador. Siempre se había portado bien conmigo. La verdad es que no sé por qué pasó lo que pasó, pero después de tener una relación así, yo no podía salir a decir que era un mal tipo”, recordó.
Y cerró con una reflexión cargada de dolor: “Creo que no se manejó bien. Si me hubiera llamado para decirme: ‘Christian, no vas al Mundial porque no estás bien o porque necesito a otro jugador’, me habría dolido, pero habría estado a la altura de la relación que tuvimos durante tanto tiempo. Me parece que es más importante un ser humano que la pelota. Fue una boludez que se tratara así el tema. ¿Para qué manejarlo de esa manera si se podía resolver de otra forma?”.










