póker por séptima vez y a punto de ser el mejor ejecutor de tiros libres de la historia

póker por séptima vez y a punto de ser el mejor ejecutor de tiros libres de la historia

Lionel Messi tiene 39 años y todavía no encuentra su techo en la MLS. Hay que empezar por ahí para entender la dimensión de lo que hizo el sábado por la noche en el 7-1 de Inter Miami sobre Montreal. Marcó cuatro goles, dos de tiro libre, entregó una asistencia y en 90 minutos modificó unas cuantas estadísticas de una carrera que lleva más de dos décadas y que parecía no tener demasiados casilleros por completar. Ahora es el máximo goleador de la temporada, consiguió por novena vez un partido con al menos cuatro tantos, quedó a cuatro tiros libres del récord histórico que se le atribuye a Marcelinho Carioca y, de paso, descontó cuatro en la carrera a distancia que mantiene con Cristiano Ronaldo para ver quién llega primero a los 1.000 goles.

Son muchos números juntos. Conviene ir de a uno.

Messi comenzó el partido con 14 goles en la temporada regular de la MLS y lo terminó con 18, además de 10 asistencias, para quedar en lo más alto de la carrera por el Botín de Oro. Se convirtió, además, en el primer jugador de la historia de Inter Miami en hacer cuatro goles en un encuentro y apenas en el 19° que consigue un póker desde la creación de la liga estadounidense.

Hay otro dato que quizá explique mejor el impacto que tuvo desde que aterrizó en Estados Unidos. Messi necesitó apenas 72 partidos para acumular 20 encuentros con dos o más goles, algo que ningún futbolista había conseguido tan rápido en la historia de la MLS.

Lo curioso es que un póker no representa precisamente una novedad en su carrera. Hacía mucho que no lo conseguía, eso sí: habían pasado más de seis años desde aquel 22 de febrero de 2020 en el que marcó cuatro en el 5-0 de Barcelona sobre Eibar.

El de Montreal fue el noveno partido de Messi con cuatro o más goles como profesional. Hay que hacer una aclaración para que la estadística no engañe: siete fueron pókeres propiamente dichos y en los otros dos llegó a cinco. Con Barcelona tuvo siete de esas actuaciones y las restantes fueron con la Selección Argentina frente a Estonia y ahora con Inter Miami.

Los dos partidos de cinco goles también quedaron para el archivo. El primero fue con Barcelona ante Bayer Leverkusen, en el 7-1 por los octavos de final de la Champions League de 2012. El segundo llegó una década después con la camiseta argentina, cuando hizo los cinco del 5-0 sobre Estonia en Pamplona.

Pero hay otra manera de dimensionar hasta qué punto Messi convirtió durante años lo extraordinario en algo habitual. Sus 927 goles en 1.171 partidos se reparten así: terminó 560 encuentros sin convertir, hizo un gol en 366, dos en 183, tres en 53, cuatro en siete y cinco en dos.

La cuenta permite llegar a otro número enorme: 62 veces terminó un partido con al menos tres goles. Y en 245 oportunidades hizo dos o más. Es decir, en prácticamente uno de cada cinco partidos de su carrera Messi convirtió, como mínimo, un doblete.

Y el sábado agregó otra especialidad a la colección. Dos de los cuatro contra Montreal fueron de tiro libre. Messi llegó así a 74 goles de falta directa y quedó en el segundo escalón de la tabla histórica que encabeza el brasileño Marcelinho Carioca con 78. Comparte esa posición con otro brasileño, Jair Rosa Pinto, también con 74, mientras detrás aparecen Roberto Dinamite, con 73, y Juninho Pernambucano, con 72.

La discusión alrededor de los tiros libres tiene una salvedad porque las estadísticas de futbolistas de otras épocas no siempre coinciden entre las diferentes bases históricas. Pero, tomando ese registro, Messi quedó a apenas cuatro goles del récord.

Y todo esto conduce inevitablemente a otro número: 1.000. Ahí aparece Cristiano Ronaldo.

La carrera que los dos protagonizaron durante casi dos décadas en Barcelona y Real Madrid ya no tiene Ligas ni Balones de Oro en juego. Tampoco se enfrentan cada temporada. Cristiano juega en Arabia Saudita y Messi en Estados Unidos. Pero existe una última frontera estadística que los mantiene conectados.

El portugués tiene 978 goles en 1.333 partidos y está a apenas 22 de los mil. Messi, después de los cuatro ante Montreal, llegó a 927 en 1.171 y necesita otros 73. La ventaja de Cristiano es importante: 51 goles. Pero también jugó 162 partidos más.

Ahí aparece otra forma de mirar la comparación. Messi tiene un promedio de 0,79 gol por encuentro, contra 0,73 del portugués. Y si se agregan las asistencias, la diferencia es mayor: el argentino suma 421, mientras Cristiano acumula 261. Eso significa que Messi participó directamente en 1.348 goles en su carrera, a razón de 1,15 por partido, contra 1.239 y 0,93 del portugués.

Cristiano, de 41 años, tiene todas las de ganar para ser el primero en llegar a los 1.000. Le faltan apenas 22 y a Messi todavía 73. Pero el argentino tiene dos años menos y el sábado, con cuatro goles de una sola vez, volvió a achicar una diferencia que parecía definitivamente inclinada hacia el portugués.

En definitiva, los números del 7-1 sobre Montreal cuentan varias historias al mismo tiempo. Messi lidera la tabla de goleadores de la MLS con 18 tantos, tiene 10 asistencias, consiguió su noveno partido con cuatro o más goles, llegó a 74 de tiro libre y quedó con 927 en su carrera. Todo después de los 39 años.

La estadística dice que lleva 1.171 partidos como profesional y que está transitando inevitablemente la última parte de su carrera. La cancha, por ahora, cuenta otra cosa.

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