“¿Ya está? ¿Ya cumpliste?”. Sin pelos en la lengua y con mucha bronca, Leonardo Ponzio increpó a Nicolás Ramírez tras la insólita expulsión de Gonzalo Montiel que dejó a River con 9 hombres y ya sin chances en el partido que terminó ganando Boca, en un Superclásico escandaloso jugado en la Bombonera, que tuvo como principales protagonistas a los hombres de negro.
“Cuando los errores favorecen siempre a los mismos dejan de ser errores. No tienen vergüenza ni límites. Están destruyendo al fútbol argentino a la vista de todos”, disparó Stefano Di Carlo, presidente de River. Y a él se sumaron otras voces riverplatenses que dejan entrever un plan orquestado para perjudicar al club de Núñez.
A Ramírez le quedó enorme el duelo entre los dos colosos del fútbol argentino. Y eso que ya había dirigido otros tres, pero evidentemente no puede escapar de las garras de Federico Beligoy, el oscuro jefe de los árbitros. Y su carrera entró en declive desde que su nombre se cayó de la lista de candidatos a dirigir en la Copa del Mundo 2026.
Así, River, que había llegado con la guardia alta a la Bombonera, se comió una dura mano que sabía que podía llegar: la de los árbitros. Pero quizás lo que no pensaron en Núñez es que podía recibirla tan rápido.
Es que la jugada que produjo un quiebre en el encuentro fue muy prematura. Apenas iban siete minutos cuando Miguel Merentiel picó a buscar una pelota larga y Lucas Martínez Quarta lo abraza al delantero de Boca, que se le iba. Ramírez, increíblemente, no ve falta y deja seguir. Luego, Silvio Trucco lo llama desde el VAR y ahí empieza toda la historia. Es que el árbitro del encuentro interpreta que se trataba de una ocasión manifiesta de gol, cobra la infracción y expulsa a Martínez Quarta, mientras todos los jugadores vestidos de banda roja lo rodeaban y desde el banco de suplentes le gritaban de todo.
Ahora bien, ¿qué dice la regla respecto a estas acciones? Hay cuatro consideraciones para considerar que es ocasión manifiesta de gol: 1) Distancia entre la infracción y el arco; 2) Dirección general de la jugada hacia el arco; 3) Probabilidad de controlar o recuperar la pelota o si hay posibilidad de dominarlo rápidamente; 4) Cantidad y posición de los defensores que pudieran intervenir en la jugada.
La pregunta es: ¿se cumplen las cuatro? A algunos podrá quedarles duda en el ítem 3 y en el 4, dado que si bien Merentiel estaba de frente, Santiago Beltrán ya estaba listo para salir y Marcos Acuña venía cerrando en diagonal del otro lado. El árbitro interpretó que se cumplían todas las condiciones y por eso echó al jugador de River.
Desde ese momento, el partido entró en una nebulosa y ya no solo se jugaba adentro. También, afuera. El expresidente de River, Rodofo D’Onofrio empezó a tuitear mensajes fuertes y contundentes (ver aparte). Y lo hizo durante todo el partido.
Es que la actuación de Ramírez empeoró en el segundo tiempo y el partido se desnaturalizó. Primero, al no expulsar a Leandro Paredes, quien mereció la doble amarilla luego de una falta a Galván.
Después, con la roja a Montiel, que se tiró a los pies de Blanco. Pero minutos antes, el lateral izquierdo había cometido una infracción igual o peor sobre Andrada y le sacó la amarilla.
“El árbitro nos condicionó. Ramírez no tenía argumentos para explicar sus fallos. Por la misma acción que la mía a Blanco le sacó amarilla. No tiene criterio”, manifestó Montiel, quien tuvo un duelo aparte con los hinchas de Boca.
Foto Juano Tesone – CLARINEl lateral derecho caminó unos cuantos metros y tuvo un duelo personal con los hinchas de Boca que lo insultaban desde todos lados. El devolvió con la seña de que les había dado la vuelta en Madrid. Hasta que se metió en el túnel, escoltado por policías que lo cubrían con escudos de los proyectiles que le tiraban.
El que tampoco estuvo exento de polémicas fue Trucco, desde la cabina de Ezeiza en el VAR. Más allá de la jugada inicial de la expulsión a Martínez Quarta, River también se quejó porque no llamaron para revisar un agarrón de Di Lollo a Otamendi que podía ser penal para el visitante, cuando quedaban 15 minutos de juego. Y son de esos tirones de camiseta que, últimamente, se llaman de acuerdo a los colores de las camisetas. Y depende de si son muy afines a la conducción de la AFA o no.
Foto Marcelo Carroll – CLARINSi bien River estaba lejos del arco de Boca, el encuentro no estaba definido. El equipo de Ponzio estaba dentro de todo bien parado y el Xeneize no podía entrarle con claridad para definir la historia. Es decir, si Boca se quedaba con diez, quedaban igualados en cantidad de jugadores. Y mucho más si era Paredes el que veía la roja, dada su influencia en el equipo. Pero finalmente, tras la incorrecta expulsión a Montiel, River terminó con 9 y Boca con 11.
“Fue claro que no se midió con la misma vara diferentes jugadas. Fuimos condicionados», aseguró Nicolás Otamendi. Y agregó: «El árbitro perdió el control del partido. Y el VAR no lo ayudó». Pero el punto principal del capitán se dio un poco más adelante cuando, sin nombrarlo, cargó contra la gestión de Chiqui Tapia al frente de la AFA.
“Están arruinando el fútbol argentino. Que el próximo torneo designen quién es el próximo campeón y directamente no competimos”, declaró.
«No le están dando prestigio al fútbol argentino, SE ESTÁ ARRUINANDO.
Te da bronca que no te dejen competir. El año que viene DESIGNEN QUIEN SALE CAMPEÓN ASÍ NO COMPETIMOS».
Nicolás Otamendi. 🌶️😳🗣️ pic.twitter.com/2H1vRjcH66
— Ataque Futbolero (@AtaqueFutbolero) November 1, 2026
Tras el pitazo final, Boca festejó la victoria y River mostró más allá de la indignación por el arbitraje, resignación y bronca porque lo que creían que podía pasar, pasó. En ese sentido, Ignacio Villarroel, vicepresidente segundo, tuiteó: «Lo dijimos en la semana y ocurrió igual. No hay que normalizarlo. El fútbol argentino necesita un límite para quienes creen que pueden hacer cualquier cosa. ¡Basta!».
También se sumó el ex presidente Jorge Brito, quien apuntó: «Una vergüenza una vez más lo de la AFA, Federico Beligoy, Ramírez y el VAR. «Cuánta tristeza me da que el fútbol argentino se haya convertido en esto. Creo que es hora de que todos los que queremos un fútbol distinto levantemos la voz».
Y también, el exvicepresidente Matías Patanian, quien señaló: «No debiera sorprendernos, 23 años sin un penal en la cancha del rival es solo una muestra gratis. La historia los delata». Y hace un repaso en el que apunta a Beligoy, al decir que «gritaba los goles sin vergüenza en el fútbol local durante los 2000». Y cierra: «Con la conducción arbitral en manos de quien está, es tan obvio que no es necesario repasarlo, las pruebas han sido y son demasiadas concretas y evidentes».
La guerra abierta que River mantiene con Claudio Tapia para intentar cambiar y mejorar al fútbol argentino, quedó expuesta en la cancha. Y nada menos que en la Bombonera ante Boca, club del que -se sabe- es hincha Chiqui y que preside Juan Román Riquelme, un aliado. Tapia, además, maneja el fútbol argentino como si fuera suyo y actúa como un déspota que favorece a los amigos y aliados y castiga con una absoluta impunidad a todo el que se le opone o lo contradice en algo. Hay ejemplos de sobra. Y para ello utiliza su brazo armado, que es el arbitraje, el cual no tiene ninguna independencia. Beligoy es funcional a la cúpula de la AFA y sus árbitros, ya disciplinados en el asunto, son obedientes a su conducción.
“En la vida hay que tener valores. Cuando uno actúa en querer hacer el mal, hay familiares que te están viendo”, afirmó con claridad Ponzio en la conferencia de prensa posterior al partido. Y sobre las polémicas del partido, señaló: “Vuelve a reiterarse que el VAR interfiere en contra nuestra y en otros casos no interfiere”.
«VUELVE A REITERARSE QUE EL VAR INTERFIERE EN MUCHOS CASOS EN CONTRA NUESTRA Y EN OTRAS VECES NO INTERFIERE»
✍️ Leo Ponzio sobre el arbitraje en el Superclásico pic.twitter.com/8pErytJNxj
— SportsCenter (@SC_ESPN) November 1, 2026
Esa es la sensación con la que se fue River de La Boca, donde el año pasado también se sintió perjudicado luego de que Héctor Paletta no llamara a Ramírez, el mismo árbitro de ayer, por una infracción de Milton Giménez a Paulo Díaz, antes del gol de Exequiel Zeballos, que abrió el partido. Y el semestre pasado, en el Monumental, el mismo Paletta tampoco alertó a Darío Herrera para que revisara el penal que Lautaro Blanco le cometió a Martínez Quarta, que reconoció hasta Claudio Úbeda, ex DT de Boca.
Ya casi no se habla de lo que pasa con la pelota en la cancha. Los árbitros pasaron a ser actores principales. Y muchas veces deciden los partidos. El fútbol argentino está cada vez más roto.










