El vecino salió a la vereda de su casa de fumarse un pucho entonces lo vio, de perfil. En medio de la noche, un hombre detuvo su auto deportivo, bajó y, cargando dos bidones de combustible, caminó hasta un chalet de dos plantas. Roció el contenido de los bidones en el frente. Por la ventana de la plata baja trató de que algo cayera en el living. Inició el fuego que pronto, muy pronto, arrasó y mató. Allí murieron calcinados un matrimonio, dos de sus tres hijos y el amiguito de uno de ellos que, de casualidad, se había quedado a dormir.
Solo el hijo mayor de la familia, Matías Bagnato, de 16 años, sobrevivió: la ventana de su habitación no tenía rejas y esa noche (cosas del destino) había cerrado la puerta que daba al pasillo de la plata alta, donde se encontraban los otros cuartos. Eso detuvo el fuego el tiempo justo.
Ese chico se salvó, pero durante 30 años el asesino -condenado a perpetua y todo- lo acechó, amenazó con cazarlo a él y a su abuela Norma, los dos miembros de la familia que le faltaba exterminar.
No pasó en Wyoming ( por nombrar algún lugar «true crime» random), ni en tierras de la camorra napolitana, ni se trató de una sangrienta venganza de un capo narco. Ocurrió acá, en Argentina, en Buenos Aires, en el barrio de Flores, sobre la calle Baldomero Fernández Moreno al 1900.
La madrugada del 17 de febrero de 1994, Fructuoso Álvarez González prendió fuego la casa de la familia Bagnato. Les reclamaba una deuda. No era un desconocido, era familia: esposo de una prima de la mujer.
Fue una masacre y así se la llamó: «La Masacre de Flores». Murieron José Bagnato (42), un exitoso fabricante de zapatillas al que la apertura de las exportaciones lo estaba arruinando; Alicia Plaza (40), su esposa y novia de toda la vida; sus hijos Fernando (14) y Alejandro (9); y Nicolás Borda (11), un amiguito de Alejandro al que habían permitido dormir afuera de su casa por primera vez.
Sólo Matías, por entonces de 16 años, se salvó y emprendió la tarea de reconstruirse -gracias a su abuela- y buscar justicia. Siempre lo hizo, de mil maneras distintas. Hoy, sobreviviente al fin (incluso de Fructuoso, que murió en 2023 a los 63 años), Matías es el protagonista de su propia historia en una miniserie que HBO acaba de estrenar.
Aun para los que siguieron la historia desde aquel minuto uno de 1994, los tres capítulos de 45 minutos tienen cosas sorprendentes y emocionantes.
No sólo el testimonio de Matías -entrevistado por Juan José Campanella-, sino de gente que lo ayudó a salir adelante. Dos ejemplos (sin spoilear): Berta, la empleada doméstica que pasó a ser uno de sus principales sostenes; y Nicolás, su pareja. Ambos son presentados en sociedad por todo lo alto. ¿Por qué no antes? Matías (con razón) tenía miedo de que Fructuoso los matara a ellos también, para hacerle daño.
¿Esto es una exageración, una paranoia? En la serie queda claro que no. Que mientras todos seguimos con nuestras vidas, la de Matías Bagnato estuvo permanentemente amenazada. Creció rodeado de protección en cada movimiento… durante años. Un espanto.
Videos y audios inéditos y entrevistas de todo tipo, desde el vecino «clave» para la causa hasta las tías de Matías, Berta y Nicolás. Todos van armando un rompecabezas de la masacre y de la reconstrucción de Matías, hoy sin abuela (su principal apoyo) y sin Fructuoso, su perseguidor, el «monstruo» que lo llamaba para decirle que iba a arder con el resto de su familia. Y en el medio de todo, en simultáneo, Matías contándole a su abuela que es gay y entrando a la casa de Gran Hermano en octubre de 2002.
No vale la pena contar acá el derrotero de la causa. Para eso ahora hay tres capítulos que narran de manera muy simple y clara lo que fue una masacre familiar. Tal vez falte, como faltó en estos 32 años, la voz de la familia de Nicolás Borda, el amiguito de Alejandro Bagnato que también murió en el incendio. Pero esa es una necesidad del espectador y no seguramente de la familia Borda, cuya tragedia y forma de afrontar el duelo siempre fue de un perfil muy bajo.
Dirigido por Augusto Tejada, «La Masacre de Flores«, tuvo como principal productor ejecutivo a Juan José Campanella. Original de Warner Bros, Discovery y 100 Bares, puede verse ya desde HBO y HBO Max.









