“El presidente del Gobierno, Ricardo [Castella]. ¡Por poco tiempo!”, soltó Broncano con pin de la bandera de España en la solapa cuando presentaba a Sánchez, si bien aclaró que el CIS le daba mayoría absoluta. “Luego dicen que esta televisión es mía. Qué recibimiento, David”.
Sánchez llegó con camisa vaquera, arremangado, pulserita de hilo rojo. Enrollado de más. Le regaló a Broncano (o le regalamos, vaya usted a saber) un juego de mesa (“a ver si es un juego de cargarse al rey, verás los titulares”, dijo rápido Castella). “Cuando gané la moción de censura, la primera llamada de un expresidente que recibí fue de Aznar, ‘me pongo a tu servicio”, contó Sánchez aún de pie con Broncano, en plan cháchara de patio. “¿Nos sentamos? Yo no tengo formación periodística, haré lo que pueda”, cortó el presentador. Pero Sánchez, que es demasiado alto como para sentarse a la primera, sacó un nuevo regalo mientras contaba otro chascarrillo de espías y móviles: de cuando le hackearon, concretamente. Hay que apagar el teléfono unos minutos al día, dijo con tono de bricomanía, para evitar virus; ahí se llevó por delante a medio Mossad.
“Yo tengo dos perritas de aguas”, cambió de tema a lo loco. “¿Lees OkDiario?”, le preguntó Broncano, que a menudo fue a buscar Sánchez para meterse en el camarote de los Marx. Era imposible ya saber de qué hablaban. “Mis perras tienen una pelota en la cabeza”, dijo Sánchez en algún momento mirando para todas partes, como si fuesen a aparecer dos foquitas haciendo malabares. El segundo regalo, al parecer, fue un guardagalletas con forma de perro. Acto seguido, Sánchez se puso una chapa de Perro Sanxe. “¿Nos sentamos?”, preguntó Broncano, que para entonces ya había comprendido que tenía a un invitado más Broncano que él.
“Qué nivel de dureza quieres”, dijo Broncano, ya sentados. Empezó el presentador por Milei, o sea que nivel mínimo. Tuvo algo de épica viendo a los dos dándose la razón respecto a Milei y respecto a casi todo. Los oligarcas, por ejemplo. Quién habla bien hoy de un oligarca. También hubo repasito a los ultras. Sánchez dio el primer golpe cuando recordó sin citarlo el “Pedro Sánchez hijo de puta”. “Se acuerdan de mi madre. Yo también me acuerdo de las suyas cuando subo las pensiones o el salario mínimo” (que puede verse como la forma perrunasanxe de llamar a las madres de sus haters señoras mayores y mal pagadas, quién sabe ya nada a estas alturas).
Uno entiende que esto nunca pueda ser una entrevista, pero no habrá tenido números dos Sánchez en su partido sobre los que preguntarle aunque sea de cachondeo, y no habrá dicho Sánchez tantas veces una cosa y luego la contraria como para interesarse, entre bromas y risas, sobre esa habilidad presidencial suya.
“He echado de menos en estos años progresistas medidas más tajantes respecto al cambio climático”, se quejó Broncano con cuidado. Aplausos del público. “Pero hemos hecho bastante”, respondió Sánchez. Luego siguieron hablando de IA.
Un momento interesante ocurrió cuando Sánchez concedió que haya gente a la que quizá le cansen ocho años suyos de gobierno, pero “cuando entra en la ecuación Vox ya no hablamos de alternancia sino de involución”, y es interesante porque es la baza más clamorosa que usará el PSOE en campaña de ir las cosas fatal: que viene el lobo. El caso es que a la izquierda del PSOE ni siquiera la presencia del lobo ha servido para unir partidos, así que habrá que esperar a que empiecen a desaparecer ovejas.
Tuvo tiempo Sánchez para citar a Pablo Motos, Rubén Amón, Losantos o Juan del Val, que son de máximo interés en boca de un presidente del Gobierno al que le faltarían horas para que hablase de otros asuntos. La vivienda casi al final de todo, y menos mal. No era una sesión de control, claro, pero algo de eso tuvo: sesión de control del buen rollito. Habrá quien se suba por las paredes cuando Motos está de risas o dándole la razón a Feijóo y hoy ande fascinado con el encuentro de La Revuelta: muy bien.
“¿A que no te imaginaste en tu vida hacerle estas preguntas a un presidente?”, dijo Sánchez: dinero en el banco y últimos polvos, las preguntas clásicas del programa. Sánchez interrumpió para hablar de un pistolón que le regaló el presidente turco. Volvieron a enrollarse como persianas; la audiencia seguía esperando respuestas sobre sexo y dinero, en el programa y en la vida en general. “Cuando yo fui a Ucrania…”, arrancó Sánchez. “A ver lo de follar, Pedro”, dijo Broncano ya harto, que recordó las puntuaciones de paja, petting y “hacer el amor”. “Vida sexual activa y sana“, zanjó Sánchez.
Salió desatada Candela Peña a echar el resto. “Te estoy tocando mucho”, dijo. “Puedes tocar lo que quieras“, respondió Sánchez, radicalmente en campaña. Sabemos gracias a Candela Peña que Sánchez hace meditación y que, entre bambalinas, las mujeres lo estaban cosificando a tope. “Estoy muy golosona”, reconoció la actriz, genuina, inabordable. “Ha sido todo esto un rollo patatero”, dijo sobre la entrevista: “Pensé que ibais a estar más simpáticos“.
“¿A dónde te vas ahora?”, preguntó Candela Peña a Sánchez. “A hacer una cosa privada”.









