El duelo que marcará la señal de partida de la competencia mundialista en territorio estadounidense este viernes tendrá fuerte protagonismo argentino y santafesino: Estados Unidos, dirigido por el murfiense Mauricio Pochettino, se medirá con Paraguay, conducido por el rafaelino Gustavo Alfaro, en un encuentro correspondiente al grupo D, que también integran Australia y Turquía. El partido se disputará en el SoFi Stadium de Inglewood, comenzará a las 22 y será transmitido por TyC Sports y DSports.
Pochettino, de 54 años, afrontará un enorme desafío con uno de los seleccionados anfitriones, al que conduce desde septiembre de 2024 tras más de tres lustros de trabajo en Europa al mando de Espanyol de Barcelona, Southampton, Tottenham, París Saint-Germain y Chelsea. En estos casi dos años, el combinado de las barras y las estrellas ha padecido dos frustraciones: perdió la final de la Copa de Oro de la Concacaf con México en marzo de 2025 y terminó cuarto en la Liga de Naciones cuatro meses después.
Ello no desanima al entrenador, quien se permite ilusionarse incluso con un título mundial. “Desde el día en que aceptamos este reto, asumimos esa responsabilidad como motivación y energía. Nadie ve a Estados Unidos como un candidato, pero analizás otros Mundiales y pensás: ‘¿Por qué no?’ Ser anfitriones puede crear sinergia con la gente, un apoyo que sientan los jugadores y que nos dé la libertad de volar. ¿Por qué no?”, se preguntó en una entrevista publicada por el diario inglés The Guardian el miércoles.
Más allá de los resultados, el conjunto estadounidense, que participa en una Copa del Mundo por 12ª vez, se aferra al libreto habitual de los equipos de Pochettino: intensidad física, presión en el campo rival, posesión del balón y una propuesta frontal y arriesgada (a veces por demás). Para que ello funcione, son fundamentales los hombres más destacados de este elenco, los creativos Christian Pulisic (Milan) y Weston McKennie (Juventus). El punto más débil que ha mostrado en este tiempo es su fragilidad defensiva.
Paraguay participará por novena vez en una Copa del Mundo y por primera vez desde su mejor actuación, en Sudáfrica 2010 (cayó en los cuartos de final ante España, a la postre campeón). Logró una clasificación que parecía sumamente improbable después de las primeras seis fechas de las eliminatorias de la Confederación Sudamericana de Fútbol, en las que había sumado apenas cinco unidades. La remontada se produjo tras la asunción, en agosto de 2024, de Gustavo Alfaro, quien le cambió la cara al equipo. Y ahora sueña.
“Las potencias juegan desde las certezas, con planteles colmados de élite, basando su confianza en la regularidad y el peso de los nombres. Nosotros, en cambio, jugamos desde la ilusión. Nuestra fuerza no nace de un libreto ya escrito ni de un favoritismo en los papeles; nace de la incertidumbre linda y de esa adrenalina pura que surge al ponernos nuestra camiseta”, planteó el DT en un extenso mensaje publicado el domingo en su cuenta de Instagram. Y añadió: “Las victorias nunca se pueden garantizar, pero las actitudes sí”.
El técnico que dirigió a Ecuador en el Mundial Qatar 2022 construyó en la Albirroja un bloque sumamente sólido en defensa, disciplinado y ordenado en todas sus líneas y muy bien preparado para contragolpear y para sacar provecho del juego aéreo. En la labor defensiva es un pilar el capitán Gustavo Gómez; en la tarea ofensiva se destacan Miguel Almirón y Julio Enciso.
Alrededor de Enciso se cierne la principal preocupación de Alfaro en estas horas. El delantero del Racing de Estrasburgo sufrió una rotura fibrilar en el muslo derecho durante el amistoso contra Nicaragua el viernes pasado y desde entonces se entrenó apartado del resto del grupo en el Spartan Soccer Complex de San Jose (California), donde Paraguay tiene su centro de entrenamiento. La duda acerca de su presencia en el debut se resolverá apenas unos minutos antes del pitazo inicial del neerlandés Danny Makkelie.
El de este viernes será el décimo duelo entre estos dos seleccionados y el segundo en una Copa del Mundo. El primero fue el 17 de julio de 1930 por la primera ronda del Mundial de Uruguay: los norteamericanos de impusieron 3 a 0 en el Parque Central de Montevideo con tres tantos de Bert Patenaude. El último cruce fue hace siete meses: también se impusieron los estadounidenses 2 a 1 con tantos de Giovanni Reyna y Folarin Balogun (Álex Arce marcó para los paraguayos) en un amistoso disputado en el Subaru Park de Chester (Pennsylvania).










