Hay una palabra del español centroamericano que al escritor Sergio Ramírez le resuena por estos días. Es cabanga, un dolor tibio, ligado a la geografía del istmo donde Ramírez nació. La cabanga llega cuando la tarde cae de golpe sobre los tejados de barro, las copas de los salvajes árboles, ilumina con sus reflejos dorados las enormes flores del trópico y baila acompasada con las brisas del Gran Lago. Y con ella viene la ausencia, en este caso forzada, al país al que se le niega el regreso, la Nicaragua de ese acento melódico, que no pronuncia la S, que colapsa las palabras, que suena a tambor o gota gruesa de lluvia, que trata de vos al otro, que acentúa los verbos, la tilde sonora del país que parece susurrarle: “Vení, regresá”.

«Ha logrado poner a Centroamérica en el mapa»
Vaya coincidencia que el nombramiento de Ramírez como académico de la RAE se dé justo cuando se lleva a cabo el Festival Centroamérica Cuenta en Panamá, el gran evento que impulsa las letras centroamericanas. Nacido en Nicaragua ahora es un festival errante, en el exilio, como muchos de los escritores que se encuentran entre sus muchas charlas, presentaciones de libros, discusiones y, también, bacanales, otra muy usada palabra del español nicaragüense. Para Claudia Neira Bermúdez, directora del festival, reacciona a este periódico sobre la noticia de la RAE. Afirma que la figura de Sergio Ramírez trasciende las fronteras nacionales para convertirse en un “regalo para Nicaragua, para Centroamérica y para Hispanoamérica en general”. Neira destaca que el autor ha funcionado como una “bisagra que une España con Latinoamérica”, actuando como un puente vital entre la generación del boom y los nuevos narradores que piensan y crean en español. Según explica, el festival que ella dirige no habría sido posible sin el empeño y la visión generosa que Ramírez tuvo hace trece años al fundarlo.
Desde esa “cintura del mundo” que es Panamá, Neira afirma con convicción que “la voz de Centroamérica cuenta”, es una realidad tangible de una región creadora que está mutando hacia nuevos lenguajes. Para la gestora cultural, Centroamérica ha dejado de ser una periferia para integrarse en las grandes conversaciones literarias globales a través de una “voz poderosa” que abarca el cine, el teatro y la música. “Eso nos pone en otro plano y nos permite interactuar con otros escenarios y otros públicos”, señala.
Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara, que edita los libros de Ramírez, destaca que la relación de la editorial con el escritor nicaragüense se remonta a 1998, cuando el autor ganó el Premio Alfaguara con su novela Margarita, está linda la mar. Reyes lo posiciona como una de las figuras más sólidas de las letras hispanas, afirmando que es un "escritor de la misma estirpe de Mario Vargas Llosa" y resaltando su carácter como un "escritor comprometido con su tiempo" a través de una obra vastísima que abarca más de 70 libros en diversos géneros. Para la editora, el impacto de Ramírez trasciende lo literario para convertirse en un pilar de la identidad centroamericana, actuando como un gestor cultural que ha logrado "poner a Centroamérica en el mapa". Reyes se muestra conmovida por la presencia del autor en la Real Academia Española, señalando que su prosa es una "lengua literaria, pero al mismo tiempo es una lengua profundamente nicaragüense" que ahora ocupa un lugar de honor; en sus propias palabras: "que esa lengua sea la que hoy ocupe la L mayúscula de la RAE a mí me emociona profundamente".










