La causa por el femicidio de Agostina Vega (14) sumó esta semana un dato que inquieta tanto a los investigadores como a la familia de la adolescente: los tres acusados evitaron aportar información sustancial ante la fiscalía. Con matices, todos eligieron el mismo camino procesal: rechazar las imputaciones y no dar explicaciones sobre los puntos más sensibles del expediente.
La última en hacerlo fue Soledad Andreani, la tercera detenida en la causa y acusada de encubrimiento agravado. Según la hipótesis del Ministerio Público Fiscal, el Ford Ka de su propiedad habría sido utilizado para trasladar y descartar el cuerpo de Agostina en barrio Ampliación Ferreyra, una pista que también se sostiene a partir del análisis de varias cámaras de seguridad.
Andreani compareció este viernes ante el fiscal Raúl Garzón, negó la acusación y decidió no responder preguntas. Su abogado, Ángelo Giorgetti, sostuvo públicamente que la imputación se apoya en elementos todavía endebles. “Pruebas propiamente dichas en su contra no hay ninguna, son todas suposiciones y conjeturas de la fiscalía”, afirmó en diálogo con eldoceTV.
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El letrado explicó además que la estrategia defensiva estuvo condicionada por la falta de acceso al expediente completo. “No hizo manifestaciones, negó el hecho y se abstuvo a declarar por consejo de la defensa”, señaló. Y fue aún más gráfico al describir el cuadro acusatorio: “No hay prueba, pero prestó un vehículo que se utilizó para descartar un cuerpo, con eso alcanza y sobra”.
Detrás de ese planteo subyace una de las preguntas centrales de la causa: si Andreani desconocía el uso que se le daría al vehículo o si tuvo algún grado de conocimiento sobre lo ocurrido después del femicidio.
Un mismo vacío. El primero en cerrar la puerta a la Justicia fue Claudio Barrelier, señalado por la fiscalía como el presunto autor del femicidio. Para los investigadores, habría engañado a Agostina, abusado de ella y luego la habría asesinado para ocultar el ataque.
El martes 16 de junio pasado, Durante su indagatoria, Barrelier negó los hechos y se abstuvo de declarar. No explicó qué ocurrió durante el encuentro con la adolescente, por qué la fiscalía lo ubica en el centro del caso ni cómo se produjeron los movimientos posteriores que derivaron en el hallazgo del cuerpo.
Su abogado, Jorge Cassini, resumió la audiencia con una frase escueta: “Se le tomó declaración, ha negado los hechos que se le atribuyen y se abstuvo a seguir declarando”.
Ese silencio tuvo además una consecuencia procesal inmediata: el agravamiento de la imputación. Ahora Barrelier enfrenta cargos por homicidio triplemente calificado por alevosía, criminis causae y mediar violencia de género, la figura más grave dentro del expediente.
Dos días después llegó el turno de Osvaldo Fassetta, también imputado por encubrimiento agravado. Aunque su defensa intentó instalar una coartada vinculada a la búsqueda de Agostina, tampoco surgieron respuestas concretas sobre su rol.
Su abogado, Eduardo Medina Allende, insistió en que su cliente quedó atrapado en una investigación que buscaba mostrar avances rápidos. “Lo imputaron porque era lo más fácil que había para intentar demostrar que se hacía algo”, sostuvo.
Según el letrado, Fassetta pasó la noche en contacto con Melisa Heredia, madre de Agostina, y luego se sumó a la búsqueda. La versión intenta correrlo del lugar de colaborador del encubrimiento y ubicarlo en el rol de alguien que asistía a una familia desesperada.
¿Pacto de silencio? Con las tres indagatorias realizadas, el expediente tiene más piezas formales, pero todavía arrastra enormes zonas oscuras. Ninguno de los imputados explicó qué ocurrió en las horas decisivas posteriores a la desaparición de Agostina. Tampoco aclararon la naturaleza exacta de sus vínculos, sus movimientos ni el nivel de conocimiento que cada uno tenía de lo sucedido. Lo que parece es que nadie quiere dar un paso en falso , y que los principales interrogantes sigan sin respuesta.
Ese vacío adquiere mayor peso porque la investigación ya trazó una hipótesis criminal concreta: un femicidio seguido de maniobras destinadas a garantizar impunidad.
En ese contexto, el silencio de los acusados no constituye una admisión de culpabilidad –el derecho a no declarar está plenamente protegido–, pero sí posterga respuestas que la causa todavía necesita para cerrar su reconstrucción.
Por ahora, el expediente avanza con un dato difícil de ignorar: los tres acusados hablaron ante el fiscal, pero ninguno contó lo que ocurrió en la noche en que Agostina Vega desapareció.
Allanaron la casa de Barrelier
La investigación avanzó en las últimas horas con un nuevo allanamiento en la casa de Claudio Barrelier, señalada por los investigadores como la escena primaria del femicidio. El operativo, el quinto desde que comenzó la causa, se realizó en la casa de calle Campillo al 800, en barrio Cofico, donde personal de Policía Judicial y del Ministerio Público Fiscal volvió a buscar elementos de interés para el expediente.
La medida fue adoptada poco antes que terminara el secreto de sumario y las partes puedan acceder a la causas. Si bien el objetivo central del operativo era localizar un afilador que, según trascendió, presentaría manchas hemáticas, los peritos terminaron secuestrando dos cuchillos que ahora serán sometidos a nuevas pericias forenses. Ambos elementos podrían resultar relevantes para reconstruir con mayor precisión la mecánica del femicidio y establecer si guardan relación con el ataque sufrido por la adolescente de 14 años.
El procedimiento se extendió por alrededor de media hora y se produjo mientras la fiscalía profundiza el análisis de la evidencia recolectada en las últimas semanas.
En paralelo, Barrelier fue trasladado nuevamente desde el penal de Bouwer hasta Tribunales para ser sometido a pericias psicológicas y psiquiátricas. Los estudios apuntan a incorporar nuevos elementos sobre su perfil y estado psíquico al momento del hecho.










