TRES ESTRELLAS
Lo de James Gunn como director técnico -digamos, para que se entienda en términos mundialistas- de las películas de DC Comics (“Superman”, “Batman”, su ruta) es un soplo de aire fresco para un género que lo necesitaba. Es un cine punk en cierto sentido: personajes con una necesidad de justicia y bondad que supera sus propias taras, generosidad brutal hacia el espectador, y una desprolijidad que genera cercanía más que incomodidad. “Supergirl”, que se relaciona -más o menos- con la Superman del año pasado (y lo volvemos a decir: fue de las mejores películas de la temporada), tiene una heroína disoluta, personajes coloridos y mucho corazón. Es cierto que el realizador Craig Gillespie (australiano con nervio) toma de Gunn la receta de “Guardianes de la Galaxia”, pero también que lo hace al mismo tiempo con respeto y desvergonzadamente. El resultado es al mismo tiempo emotivo y festivo, una película infantil en el sentido más noble (el de recuperar las ganas de vibrar con la emoción) del término. Y sí, otra vez Krypto se roba varias secuencias.









