Después de cuatro temporadas convertidas en uno de los mayores éxitos globales de Prime Video, el universo de Jack Ryan da un salto definitivo hacia el cine con Jack Ryan: Guerra fantasma, la nueva película basada en el personaje creado por Tom Clancy que se estrenará el 20 de mayo en la plataforma. Dirigida por Andrew Bernstein y nuevamente protagonizada por John Krasinski, la historia busca llevar al célebre analista de la CIA hacia un terreno más ambiguo, emocional y político, en una época donde las líneas morales parecen cada vez más difusas. Bernstein responde: “Creo que nosotros, y también el público, vamos a descubrir un nuevo costado del personaje. En esta película Jack está explorando su pasado, la manera en la que entendió siempre el mundo del espionaje y cómo enfrenta un futuro muchísimo más complejo. Lo vemos entrando en zonas grises de la política internacional y del espionaje contemporáneo, y eso aporta un color completamente nuevo para el personaje. También tiene mucho sentido para el mundo en el que vivimos hoy. Creo que por eso Tom Clancy siempre fue relevante: porque trabajaba sobre esas áreas grises del espionaje y la geopolítica. Ahora Jack sigue moviéndose en ese terreno, pero obligado a confrontar qué piensa realmente sobre las personas con las que trabaja, sobre figuras como Greer —el personaje de Wendell Pierce— y sobre lo que imagina para el futuro”.
—¿Qué te interesa del acto mismo de contar historias?
—Es lo que hacemos. Queremos conmover a la gente. Y eso puede suceder de distintas maneras. Puede pasar con una gran secuencia de acción o con un momento emocional entre personajes, como ocurre en la película entre Wendell y John o entre Sienna Miller y John Krasinski. Lo maravilloso de contar historias es que permite ampliar la comprensión que el público tiene sobre la condición humana. Eso es lo que intentamos hacer acá, desde diferentes lugares, y esperamos haberlo conseguido.
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—Hay algo muy interesante en Jack Ryan hoy: parece un personaje más vigente que nunca.
—Sí, porque todos estamos buscando héroes. Alguien que pueda salvarnos un poco de toda la locura del mundo actual. Lo interesante de Jack Ryan es que esperamos que siga sintiéndose como una persona relativamente normal empujada hacia circunstancias extraordinarias. Y finalmente tratando de descubrir cómo lidiar con todo eso. Sí, está involucrado en enormes secuencias de acción, pero también atraviesa preguntas que nos hacemos todos: cuál es nuestro lugar en el mundo, cómo sobrevivimos, cómo construimos conexiones con los demás, cómo reinterpretamos lo que pensábamos ayer frente a un futuro completamente distinto.
—Y esas preguntas parecen cada vez más contemporáneas.
—Exactamente. Las líneas morales cambian constantemente. Por eso siento que Tom Clancy siempre va a seguir vigente: porque hablaba de cosas históricas que parecen repetirse una y otra vez. Jack Ryan está permanentemente revisando sus propias certezas y eso vuelve muy interesante observar su visión del mundo, que cambia todo el tiempo y se vuelve cada vez más complicada.
—¿Hubo algo de la película que te sorprendiera mientras la hacías?
—No diría que me sorprendió, porque era algo que buscábamos, pero sí me impactó lo emocional que terminó siendo. Hay momentos emocionalmente muy pesados dentro de una película que también funciona como un gran thriller de acción. La clave era empujar a los personajes hacia lugares nuevos. Hablamos mucho con personas reales vinculadas al espionaje y todos describían conflictos morales extremadamente complejos. Queríamos llevar eso a la película. Y tuvimos la suerte de trabajar con actores que querían profundizar en esas zonas.
Entrar en zona gris
J.M.D.
En Jack Ryan: Guerra fantasma no solamente cambia la escala de la franquicia: también cambia el tono visual y emocional. Andrew Bernstein quiso alejarse deliberadamente de la lógica episódica de la serie para construir una película más cercana a los grandes thrillers políticos y paranoicos de los años setenta. La llegada de Sienna Miller como nueva figura central y el deseo de profundizar los conflictos morales de los personajes terminaron moldeando una película mucho más oscura e íntima de lo esperado.
—¿Cómo hicieron para que la película no se sintiera como “un episodio largo” de la serie?
—Esa fue exactamente la pregunta central durante toda la preproducción. Queríamos honrar lo que habíamos hecho en la serie, pero al mismo tiempo lograr que esto funcionara como una película completamente independiente. Parte de eso tenía que ver con el relato: queríamos que la historia se sintiera fresca y que las apuestas fueran mucho más altas. No teníamos tanto tiempo para contarla, así que todo debía sentirse más intenso: los personajes, las emociones y también la acción.
—¿La búsqueda también fue visual?
—Sí, completamente. Filmamos la película de una manera distinta a la serie. Queríamos que tuviera identidad propia. Incluso la música buscaba algo diferente. Nos inspiramos muchísimo en los thrillers de espionaje de los años setenta, tanto en el tipo de lentes que usamos como en la forma de construir las escenas. Queríamos que el espectador estuviera pegado a los personajes, sintiera todo desde adentro, tanto en una secuencia de acción como en un momento íntimo. Buscábamos una energía mucho más visceral.









