Raro es el día en el que los vecinos de Washington no amanecen con un nuevo sobresalto cortesía del inquilino de la Casa Blanca. Y no es, aunque también, por la guerra de Irán, por su uso de la prensa para intoxicar a la opinión pública o por sus insultantes mensajes en Truth, sino por las reformas que el presidente de Estados Unidos está emprendiendo unilateralmente en la capital, a la manera de un alcalde con presupuesto y poder ilimitados, de un emperador romano o de un rey, como Carlos III, con fijación por una ciudad, Madrid.















