Cuando Donald Trump sacó unilateralmente a Estados Unidos del anterior acuerdo nuclear de Irán con las potencias mundiales —el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés)— en 2018, lo justificó con numerosos epítetos: “horrible”, “desastroso”, “débil” y “el peor acuerdo de la historia”. Entre los argumentos que citó entonces fue que ese pacto de 150 páginas que llevó dos años negociar permitía a Teherán “seguir enriqueciendo uranio”, no eliminaba su programa de misiles ni tampoco el apoyo a su red de milicias aliadas en la región. También, que le había proporcionado “miles de millones de dólares” a un “régimen sangriento” al propiciar el alivio de las sanciones internacionales.









