Un experto argentino hace un balance del etiquetado frontal en Chile en el primer estudio global que publica The Lancet

Un experto argentino hace un balance del etiquetado frontal en Chile en el primer estudio global que publica The Lancet


Mientras el Gobierno impulsa un proyecto para derogar la ley de etiquetado frontal en Argentina, un investigador argentino está a punto de publicar el primer estudio global que demuestra el impacto de estas advertencias en la salud infantil. El trabajo, en el que el economista especializado en Salud Guillermo Paraje es autor principal, es sobre el caso chileno, y saldrá el 11 de junio en la prestigiosa revista científica The Lancet.

El estudio, financiado por la Universidad de Carolina del Norte con apoyo de Bloomberg Philanthropies, analizó qué pasó con el sobrepeso y la obesidad infantil en Chile tras la implementación de los octógonos que (a diferencia de nuestro «exceso en») alertan sobre «alto en» azúcar, sodio, grasas y calorías en los alimentos. Y encontró resultados “significativos”, incluso en la etapa más flexible de la norma chilena.

“El estudio que nosotros hicimos fue durante la parte más benévola de la ley, por decirlo de alguna manera. Y aún así encontramos efectos relevantes en el sobrepeso y obesidad infantil”, explica Paraje, que es cordobés y está radicado en ese país.

La investigación utilizó bases de datos administrativos de niños de escuelas públicas y privadas subvencionadas en el país vecino. Incluyó mediciones anuales de peso y talla, además de información socioeconómica de las familias.

“Se los mide, se los pesa, se toma información socioeconómica de los padres también. Es una base de datos muy completa”, detalló el investigador a Clarín.

El trabajo comparó cohortes de chicos de prekinder (nuestra sala maternal), kinder (jardín) y primer grado que no estuvieron expuestos a la ley, con otros grupos que sí convivieron con el etiquetado frontal desde edades tempranas.

“La razón para hacer eso fue controlar justamente por factores individuales, asociados a edad y socioeconómicos, y dejar solamente el efecto de la ley de etiquetado”, señaló. Fue un estudio muy preciso.

La ley chilena comenzó a implementarse en 2016 y tuvo tres etapas. La primera fijó límites relativamente más laxos para definir cuándo un producto debía llevar sello. Después esos umbrales se endurecieron, en 2018 y 2019.

Esa primera etapa fue la que analizó el estudio. “Lo que nosotros esperaríamos es que en las etapas sucesivas fuera mayor el efecto”, afirmó.

El investigador detalló que el exceso de peso venía creciendo entre los niños y niñas chilenos hasta la implementación de la norma: “Después del etiquetado, empezó a verse una reducción”.

Aclara, de todos modos, que no se trata de una caída abrupta. “No es una reducción del 20% ni de 15%, es una reducción moderada en un contexto en el que estaba creciendo fuerte. Entonces, los resultados son muy alentadores porque cambió la tendencia”, dijo.

“Esto no es la solución a la obesidad infantil, ni mucho menos. Es un problema demasiado complejo como para resolverlo completamente con el etiquetado. Esto es un primer paso”, admitió.

La legislación chilena no sólo obliga a colocar octógonos negros. También prohíbe vender productos con sellos en escuelas, restringe la publicidad infantil y evita que esos alimentos incluyan juguetes como estrategia de marketing. Lo mismo que pasa en Argentina. “Es una batería de medidas que tiene la ley y en Chile se cumplen”, insistió.

Paraje puntuó además que la experiencia chilena se convirtió en referencia internacional. “Ha sido copiado a lo largo de la región. Está en tratamiento en Parlamento Centroamericano, por ejemplo. Ha sido adaptado en Canadá, en Bélgica, en Israel y está siendo considerado en Reino Unido”, explicó.

Para el investigador, una de las claves del sistema es su simplicidad. “Un octógono es información que puede entender un niño de cinco años, de seis años. Y ese es el gran valor”, afirmó.

Consultado sobre el intento del Gobierno argentino de eliminar la ley de etiquetado frontal, Paraje fue directo: “Es un error, un retroceso que el Gobierno quiera quitarlo”.

Cuestionó uno de los fundamentos oficiales, vinculado al supuesto impacto sobre el comercio internacional: “El argumento de que atenta contra el comercio internacional es absurdo. Eliminar el etiquetado en Argentina no contribuye en nada al comercio internacional. Si uno quiere vender sus productos afuera ya tiene que estar sujeto a las normas nacionales. Para vender a Brasil vos tenés que vender con el etiquetado brasileño”.

Paraje considera que la legislación argentina, basada en el perfil nutricional de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), es incluso más exigente que la chilena. Y lo celebra, pese a que la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) comunicó que coincide con el Gobierno en que es un punto a cuestionar.

“Argentina tiene un perfil de nutrientes más exigente y mejor que el chileno. Yo creo que es, en ese sentido, una de las mejores leyes del mundo”, dijo. Según explicó, justamente ese perfil es el que hoy cuestiona el Gobierno nacional: “Es el perfil más ambicioso que podés tener y por eso seguramente tendría un mayor impacto sobre la salud de la población”.

El especialista sí reconoció que hubo modificaciones recientes que debilitaron algunos aspectos de la norma. “Al eliminar los octógonos de productos donde los nutrientes críticos son intrínsecos, se ablandó”, indicó. Dio un ejemplo concreto: “El jugo de naranja, si vos no le agregás azúcar, tiene intrínsecamente azúcares libres que son potencialmente nocivos para la salud y debería llevar un octógono de alto en azúcares”.

Paraje también recordó la fuerte resistencia inicial de la industria alimenticia chilena. “Al principio se resistió mucho, sobre todo en la etapa de discusión de la ley y del reglamento. Pero una vez que salió la ley, la industria se adaptó rápidamente”, dijo.

Según contó, muchas compañías reformularon productos para evitar los sellos. “Hubo empresas que de la noche a la mañana cambiaron la fórmula de sus productos para no tener octógono y poder vender en escuelas”, señaló.

Además, rechazó una de las críticas habituales al sistema: la idea de que “si todo tiene sello, nada tiene sello”.

“Eso es mentira. Depende de la categoría de alimentos. La industria se adecuó para que cada vez menos de sus productos tuvieran sellos”, respondió. “Con las galletitas y las golosinas la gente no se sorprendió con que los tuvieran, pero sí notó por esta ley que productos como los cereales del desayuno, que se creían saludables, tenían sello”.

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