El clima belicista que sobrevuela la geopolítica terrestre comienza a cristalizar en el espacio. Hace unas semanas, EE UU reconoció por primera vez que tenía armas activas “en órbita”. Y en los últimos días, Rusia también ha enseñado los dientes en el espacio al acosar al satélite Iceye-X36, un artefacto comercial de propiedad estadounidense que proporciona a Ucrania imágenes muy nítidas de los escenarios de la guerra que libra contra las tropas de Vladímir Putin. El satélite ruso Kosmos-2612 comenzó a finales de septiembre una serie de sospechosas maniobras que culminaron el pasado 18 de octubre, acercándose hasta un punto de “extrema proximidad” mientras recorrían la Tierra a 540 kilómetros de altura, poniendo en peligro la integridad del artefacto. Los especialistas en tráfico espacial consideran la persecución una maniobra de una agresividad inédita. La sombra de los sabotajes que hoy recorre Europa también llega al espacio con un claro significado geopolítico: un satélite militar ruso se ha acercado extraordinariamente a un satélite comercial estadounidense que presta apoyo militar a Ucrania.
El análisis de LeoLabs, compañía especialista en vigilar las amenazas espaciales, explicó ayer que el satélite ruso “realizó una serie de maniobras deliberadas hacia Iceye-X36” entre el 15 y el 19 de octubre que implicaron movimientos continuos alrededor del objeto, “alternando entre posiciones delante y detrás del satélite comercial”. Un acoso en toda regla, no un simple cruce entre dos objetos en órbita. Según LeoLabs, el Kosmos-2612 realizó una aproximación controlada, cambió varias veces de posición respecto al X36, permaneció cerca de él y finalmente inició una retirada también controlada. La compañía considera que el comportamiento corresponde a una sofisticada operación de encuentro y proximidad orbital. El aparato ruso se acercó a menos de cinco kilómetros el pasado 16 de octubre. Desde que comenzaron a saltar las alarmas en la comunidad espacial, el Kosmos-2612 se ha alejado a más de un centenar de kilómetros de distancia.
El astrofísico Jonathan McDowell, especialista en el seguimiento de la actividad espacial, considera que es el primer encuentro conocido en órbita terrestre baja entre dos satélites activos sin el consentimiento de uno de sus operadores. “Esto parece un paso sin precedentes por parte de Rusia, si es correcto”, escribió en X. LeoLabs coincide en que nunca había observado una aproximación deliberada de este tipo, mantenida durante varios días, entre naves de distintos propietarios.
Short time-lapse of part of this morning’s first pass of ICEYE-X36 (59103) and COSMOS 2612 (68762) over South America under partly cloudy skies. pic.twitter.com/t8RhwmKcV4
— s2a systems (@s2a_systems) October 18, 2026
“Somos conscientes de la situación y la estamos siguiendo de cerca. La arquitectura de nuestra constelación está diseñada para garantizar su continuidad y resiliencia”, manifestó Iceye a través de un comunicado este lunes. Las autoridades rusas no han explicado qué misión tenía la sonda Kosmos. Un conocido canal militar ruso de Telegram, Topwar, señala entre sus posibles objetivos “la vigilancia del satélite extranjero, el estudio de sus características y la posible interferencia con sus sistemas de comunicación”. Tampoco descarta que el aparato hubiera sido dirigido contra el Iceye-X36 para destruirlo.
Michael Traut, jefe del Comando Espacial Alemán, ha denunciado que el satélite ruso “perseguía” al estadounidense. Según el alto mando, este tipo de maniobras podrían amenazar a las constelaciones de satélites comerciales incluso sin acometer un ataque directo, pues obligarían a las sondas a reajustar sus órbitas, consumiendo combustible y acortando su vida útil.
El Kosmos-2612 fue desplegado en órbita en abril junto a tres gemelos que ya en mayo acosaron al artefacto de Iceye, una empresa finesa con una filial estadounidense que opera el X36. La Fuerza Espacial de Estados Unidos denunció entonces que los Kosmos 2610, 2611, 2612 y 2613 se acercaron a una nave occidental, aunque no identificó cuál. El director de Iceye, Rafal Modrzewski, declaró a Reuters que la compañía tuvo que ajustar la órbita de su satélite, a lo que los rusos respondieron con otras maniobras. Ahora, el aparato de Iceye no realizó maniobras para alejarse del Kosmos-2612, según LeoLabs.
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) explicó que Rusia lanzó al espacio en primavera seis aparatos que desde entonces se han aproximado peligrosamente a esta sonda europea. Según los datos del servicio Orbital Radar, el Kosmos-2612 ajustó su trayectoria orbital estas últimas semanas hasta casi solaparse con la del Iceye-X36. Los cambios de plano orbital, aunque pequeños, requieren un importante gasto de combustible y por eso los analistas consideran tan significativos estos movimientos.
Iceye es una compañía finesa internacional especializada en las imágenes de satélite. Estos operan con radares de apertura sintética, cuyos barridos son procesados con algoritmos para obtener imágenes precisas incluso de noche o en condiciones atmosféricas adversas. Su filial estadounidense también fabrica y opera sondas para el gobierno norteamericano, como sucede con el aparato acosado en el espacio. La colaboración con Kiev se remonta a 2022, cuando Iceye anunció la transferencia de uno de sus satélites al Gobierno ucranio y le dio acceso al resto de su constelación. Ese mismo año, un oficial ruso advirtió de que los satélites civiles que apoyan al ejército de Ucrania son un “objetivo legítimo”.
Armas espaciales
La acción del satélite ruso ha coincidido en el tiempo con la ralentización del servicio que prestan Starshield y Starlink a las fuerzas armadas ucranias en plena escalada de tensión entre Washington y Moscú. Las compañías de Elon Musk proporcionan cobertura de internet a los drones y las unidades en el frente. Tras las últimas concesiones de Donald Trump a Vladímir Putin bloqueando algunas de sus sanciones a la industria energética, Washington optó por presionar a Kiev retirándole este apoyo y los avisos de ataques con misiles rusos.
China también ha ensayado maniobras como la del Kosmos. En marzo de 2025, la Fuerza Espacial estadounidense reveló que cinco aparatos chinos habían realizado en 2024 operaciones coordinadas de encuentro y proximidad en órbita baja, moviéndose en ejercicios de forma sincronizada, como “combates en el espacio”. A diferencia del episodio ruso, las maniobras chinas se realizaron entre satélites propios.
La militarización del espacio avanza rápido. Hace un mes, Estados Unidos reconoció públicamente por primera vez que dispone de armas de “control espacial” desplegadas en órbita. El secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, no detalló de qué sistemas se trata, pero al admitirlo abrió un nuevo capítulo de la guerra de las galaxias. “Hoy, continuamos asegurándonos de estar preparados para enfrentar los desafíos de las amenazas en evolución dondequiera que existan”, dijo Meink en una conferencia del sector. “Esta es la razón por la que Estados Unidos ahora tiene armas de control espacial en órbita”.
Un portavoz de la Fuerza Espacial de EE UU dijo que el control espacial podría referirse a “emplear medios cinéticos [como misiles o impactos de otros satélites] y no cinéticos [como interferencias electrónicas o ciberataques] para afectar las capacidades del adversario”. El general Stephen Whiting, jefe del Comando Espacial de Estados Unidos, dijo en abril que era “evidente” que Rusia está poniendo en funcionamiento armas antisatélites.
¿Qué quiere decir esto? La destrucción de satélites comerciales y de inteligencia rivales ha sido barajada por las grandes potencias durante décadas. Destruir con un misil un aparato en órbita es fácil, pero las consecuencias en cadena son terribles e impredecibles para todo el que tenga algún artefacto dando vueltas a la Tierra. Las fuerzas armadas estadounidenses probaron en los años ochenta varios misiles especializados en el derribo de sondas. El resultado fue una nube de esquirlas sin control que llevó a Washington a suspender el programa.
Dos décadas después, en 2007, China probó otro misil contrasatélites a 865 kilómetros de altura que dejó una nube de basura espacial en la zona que cruzaban dos tercios, 1.866 de 2.792, de los aparatos enviados hasta entonces por la humanidad al cosmos. Aquella acción provocó conmoción en la comunidad científica, pero esto no impidió que India y Rusia probasen sus propios misiles en 2019 y 2020, respectivamente. El marco jurídico internacional deja además importantes zonas grises: el Tratado del Espacio Exterior de 1967 prohíbe colocar armas de destrucción masiva en órbita, pero no establece una prohibición general de las armas convencionales en el espacio.










