Un vecino de Tepetlaoxtoc llamó en la madrugada para dar el aviso: uno de sus caballos había sido atacado por el tigre. Hacía más de cuatro días que todos temían al tigre. Kenzo, un felino inmenso de 18 meses y 205 kilos, se había escapado de un centro privado de fauna silvestre tras un “error de comunicación” que le dejó las puertas abiertas. Desde entonces rondaba entre las barrancas del Estado de México. Durante 100 horas, lo rastrearon decenas de autoridades, perros y drones térmicos, en una zona escarpada, llena de vegetación, tan agreste que ni siquiera se puede entrar a caballo, solo caminando. A las 6.30 de la mañana de este jueves lo localizaron en la parte profunda de un barranco. La “operación de contención” no salió como esperaban. Kenzo murió después de que un agente de policía le disparara cuando estaba ya a solo un metro de distancia del veterinario que le había tirado un dardo sedante, según relata el director de Fauna Silvestre de la Secretaría de Medio Ambiente, Gustavo Ampugnani, que afirma que “nunca se disparó a matar” y que el movimiento fue para evitar que se abalanzara sobre quienes trataban de recuperarlo: “Lo primero es proteger la vida humana de quienes están en peligro. Lamentablemente falleció”. EL PAÍS reconstruye su último rastreo.
Un tigre de bengala anda suelto: así fue el fallido rescate con vida de Kenzo en el Estado de México










