Eran poco más de las cinco de la tarde del lunes cuando el cielo empezó a oscurecerse en Pomas, un pueblo de 1.000 habitantes en el suroeste de Francia, a un centenar de kilómetros de Perpiñán, en la frontera con España. Lo que parecía una tormenta de verano se convirtió en pocos minutos en un violento tornado que ha destrozado gran parte de la localidad. Duró un par de minutos, suficiente para arrasar casas y árboles. Hay 39 heridos, 15 de ellos hospitalizados, y 300 casas del medio millar que hay en Pomas han sufrido daños severos. Los vídeos grabados por los vecinos desde el interior de las viviendas muestran mesas y sillas de jardín, contenedores y trozos de tejado volando por los aires y árboles caídos. Imágenes propias “de una película de catástrofes”, como han descrito los residentes.









