Los objetos se disponen en el suelo como restos de una batalla de la que, por lo demás, no queda ningún rastro. Un alambre de púas enrollado, un chaleco del Ejército mexicano o una bandera de la patrulla fronteriza estadounidense, colocados entre sí a una distancia prudente y calculada, revelan con elocuencia de qué clase de contienda habla la instalación. Objetos de mi jardín, elaborada por el sonorense Miguel Fernández de Castro en 2024, es la primera obra contemporánea de una muestra que abarca 170 piezas y más de un centenar de artistas, la más grande hasta la fecha elaborada por la potente Colección FEMSA. A esta obra del México de hoy la flanquean, por delante y por detrás, El maizal (1955), de Gerardo Murillo, Dr. Atl, y La mujer durmiente (1947), de David Alfaro Siqueiros, dos de los principales referentes del arte moderno nacional. De frente observan las fotografías del guatemalteco Óscar Farfán y la estadounidense Oweena Fogarty. La conversación está servida para quien quiera sentarse a escuchar.
La exhibición Constelaciones y derivas: arte de América Latina, en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey hasta el 9 de agosto, es la gran apuesta con la que la Fundación de Coca-Cola da el pistoletazo de salida hacia el 50 aniversario de su acervo, previsto para 2027. La Colección ha sumado más de 1.000 obras en estas cinco décadas, en su mayoría de artistas mexicanos y algunas de un valor, al menos simbólicamente, incalculable. Remedios Varo, Leonora Carrington o Diego Rivera son algunos de los nombres que ahora ponen a dialogar con las adquisiciones más recientes, donde la presencia del resto del continente es mucho más notable. Es por ahí por donde buscan crecer, siempre con el acervo original como referencia. “Queríamos entender cuáles son las fortalezas de la colección, cuáles son sus obras medulares y cómo brindar una lectura actualizada de un artista como José Clemente Orozco”, ejemplifica Paulina Bravo, una de las curadoras de la muestra.
El resultado es una combinación de lo moderno y lo contemporáneo, de los temas de ayer y las preocupaciones de hoy, para preguntarse qué forma adopta hoy la colonización, cómo se construye la identidad o cómo atraviesan los cuerpos las distintas capas de la opresión. Todo ello, en torno a cinco ejes o “constelaciones” que dejan suspendida la cronología y la historia para centrarse en el qué, el cómo o el por qué, antes que en el cuándo: Territorios, Estructuras coloniales, Debatiendo la abstracción, Alquimia e Identidades. “Lo que queríamos hacer con estos núcleos es una especie de origami que se puede contener y ser solo un bloque, el del territorio, o que se puede expandir hacia otras cosas, porque hablar de territorio es hablar de cuerpos, y hablar de cuerpos es hablar de personas que se quedan al margen de los géneros, y así sucesivamente”, apuntala Eugenia Braniff, otra de las curadoras.
Algunas de las obras no se habían expuesto antes públicamente y una de ellas, elaborada por el artista argentino Ad Minoliti, ha sido comisionada expresamente para la exhibición: Club de collage especulativo, inspirado en los clubs de lectura que cada vez con más frecuencia dominan el ocio de los grupos de amigas. La instalación, de colores vivos y geometrías estampadas en los tejidos que actúan como muros colgantes, cuenta en el centro con una mesa rodeada de sillas, observada desde uno de los márgenes de la composición por un furry, un personaje de la subcultura urbana cuyos rasgos se mueven entre lo humano y lo animal. “La geometría es una forma de pensar cuerpos sin los prejuicios de la carne. Sin los prejuicios de género, de raza”, señala el argentino sobre las formas que protagonizan su trabajo. “La idea de imaginar personajes geométricos como cuerpos o como si fueran fantasías se me hizo una buena herramienta de ciencia ficción”, desarrolla.

Para componer sus obras, Minoliti se inspira, entre otras cosas, en la teoría queer y en las corrientes “antiadultistas”, y de ahí el elemento infantil. “Se trata de repensar el lugar de los cuidados y de la ternura en el arte contemporáneo, que siento que es algo que falta. El gran artista, el maestro, es básicamente un adulto que no se permite jugar y, sobre todo, tener estos cuidados comunitarios. Si quiero pensar una obra política, para mí está en repensar estos valores”, pondera. Esa “mirada distinta hacia la abstracción”, apuntan las curadoras, era uno de los atractivos de poner a Minoliti a conversar, por ejemplo, con El grande de España (1914), del Diego Rivera más cubista.
Lo político, lo familiar y lo íntimo se entremezclan a lo largo de la muestra de diferentes formas. El michoacano Salvador Xharicata trata de reconectar a través de su abuela con una lengua que él ya no es capaz de hablar pero que forma parte de su identidad. También la artista argentina Ana Gallardo conecta con su linaje familiar en una propuesta que superpone el trabajo de tres generaciones de mujeres: el de su madre, la cántabra Carmen Gómez Raba, que exploró los bodegones y las naturalezas muertas, el suyo propio, que los reproduce a gran escala, y el de su hija, Rocío Gallardo, que se suma con piezas de barro que emulan los bodegones que pintaba su abuela. A esa mirada hacia lo íntimo se suma también la colombiana Beatriz González, recién fallecida, con su obra Ante el duelo (2019).

Hay, con todo, espacio para lo onírico en el eje Alquimia, presidido por las maestras del surrealismo Remedios Varo, con su Papilla estelar (1058) y Leonora Carrington, con Step sister’s hen (1952). Las acompañan nuevos proyectos que van de lo lunar a lo solar, y de vuelta a lo lunar. Es aquí también alquímico el acto de tejer, explica el equipo curatorial sobre el trabajo de Isa Carrillo, Patrones de resonancias (2024). Frente a él, en una esquina, emerge discreta la recreación de un cometa que ha imaginado la artista Ale de la Puente, quien se ajusta de forma literal al nombre de la exposición. Como una matrioska, el cielo que ella ha compuesto se inserta en el cielo de artistas que componen este extraordinario acervo que mira al continente americano. Como ocurre con las astros reales, algunos expiden su luz desde el presente y otros continúan alumbrando aunque desaparecieran tiempo atrás.










