Si algo han aprendido los venezolanos a lo largo de las últimas décadas es que la mejor voluntad de los interlocutores no garantiza avances políticos. Lo prueban más de una docena de procesos de negociación entre el gobierno chavista y la oposición democrática, la mayoría terminados en farsa, frustración o fraude. ¿Será el diálogo que se inicia mañana distinto a los anteriores?









