Son las 22.30 y una familia apura la cena en una terraza frente al mar. Los niños juegan descalzos mientras los adultos alargan la sobremesa. En otra casa, unos padres dudan si dejar que su hijo vea una película más porque al día siguiente no hay colegio. El verano multiplica estas pequeñas decisiones cotidianas que durante el curso apenas generan debate: ¿conviene mantener las rutinas o es mejor relajarlas para disfrutar de las vacaciones? La respuesta, coinciden las especialistas, no admite recetas universales. Ni acostarse todos los días a la misma hora convierte a unos padres en mejores educadores, ni flexibilizar las rutinas significa hacerlo mal. La clave está en encontrar un equilibrio entre la libertad propia de las vacaciones y la estructura que los niños siguen necesitando para sentirse seguros.











