El orden de las bibliotecas es un requisito elemental para encontrar los libros que las integran. Pero los hallazgos también son inesperados porque no todos los ejemplares están a mano ni se distinguen a primera vista, sobre todo cuando pasa el tiempo. Es el caso de un manuscrito que Ida Vitale envió a Gervasio Guillot Muñoz, profesor en el Instituto de Humanidades de Montevideo, y fue rescatado ochenta años después por la nieta del destinatario, cubierto de polvo y debajo de otros libros más voluminosos. La edición de Poemas de juventud 1943-1946 presenta esa obra desconocida de la gran escritora uruguaya.
Ida Vitale nació en 1923 en Montevideo y acredita una reconocida trayectoria como poeta, crítica literaria, ensayista, traductora y docente.
Exiliada en México y en Estados Unidos a partir del golpe militar de 1973 en Uruguay, en 2009 volvió a residir de modo permanente en su país. En 2018 recibió el Premio Cervantes, entre otras distinciones.
“Ha sido testigo de un siglo de vida entregado a la literatura”, destaca la editora Camila Guillot, quien encontró el manuscrito de Poemas de juventud.
Gervasio Guillot Muñoz (Montevideo, 1897-1956) fue profesor de Vitale y otros intelectuales de la Generación del 45, como se conoce en Uruguay a una extraordinaria promoción de escritores y artistas.
Dirigió la influyente revista La Cruz del Sur (1924-1931), Jorge Luis Borges le dedicó la primera edición de Historia de la eternidad (1936) y con su hermano gemelo Álvaro fue autor del ensayo Lautréamont & Laforgue (publicado en francés en 1925), pionero en el estudio de la vida de Isidore Ducasse y en la certificación de su nacimiento en Montevideo.
En un texto que acompaña la publicación de Poemas de juventud, Camila Guillot cuenta que los textos se encontraban en un libro artesanal enviado por correo a su abuelo y fechado el 31 de diciembre de 1946. El ejemplar contenía una tarjeta con una dedicatoria firmada por Ida Vitale, lo que aclaró la cuestión de la autoría.
Guillot define al hallazgo como “un tesoro que no consiste solo en haber rescatado un cuaderno extraviado en una biblioteca familiar, sino en comprobar que esas páginas manuscritas ya sostenían una manera de decir que no dependía del tiempo para afirmarse”.
El paso siguiente fue entrevistar a Ida Vitale, quien se mostró tan sorprendida como la editora por el descubrimiento y autorizó la publicación en Tusquets.
El libro incluye quince poemas en tres secciones, y la edición incorpora a continuación los facsímiles del manuscrito.
La primera parte reúne sonetos endecasílabos fechados en 1943; la segunda, poemas en verso libre de 1946; la última, tres sonetos de 1946. El orden revela lo que pudo ser un primer libro en preparación, antes de La luz de esta memoria (1949); solo uno de los poemas había sido publicado, en una revista literaria.
Leídos desde la obra siguiente, los poemas de juventud introducen temas recurrentes en Vitale como la noche y la meditación sobre la muerte.
En La ley de Heisenberg (2025), donde reúne artículos sobre la poesía y su formación como lectora y escritora, Vitale recuerda en ese sentido la impresión que le provocó en la adolescencia el poema “Brisa marina” de Mallarmé y las resonancias en su biografía: “Con familia extensa que se había ido descabalando y una abuela paterna cuyos recuerdos orales iluminaban con regularidad el intangible altar de nuestros difuntos, la muerte no era algo fácil de olvidar”.
Los textos de juventud también prueban la “imposición del misterio”, como Vitale define a la poesía en su relación con el mundo. Lo habitual y conocido permanece en suspenso por efecto de la escritura y la extrañeza de la representación es además “un llamado a la participación del poeta en lo real y del lector en el poema”.
En La ley de Heisenberg, la escritora revaloriza esa idea “en un tiempo de lectores impacientes” como el actual, donde la creación poética debería permanecer “como un gozoso misterio que se resiste a ser resuelto”.
La insistencia de los textos de juventud en la voz sugiere por otra parte la creciente conciencia en la escritura. “Hay una voz de turbia arena/ que habita de cuidados mi silencio”, “espero el día de la canción hirviente/ que la inválida voz mueva contra el recuerdo”, “mi voz flota en niebla de crepúsculos por la sangre”, escribe Vitale en distintos poemas y la serie concluye con una advertencia dirigida hacia sí misma: “Pero se moriría de desnuda/ mi voz que sin raíz sería extranjera,/ una memoria para siempre muda”.
La memoria familiar fue un germen que gravitó decisivamente en su obra, como Ida Vitale lo ha manifestado en sus reflexiones sobre la poesía. La figura del abuelo paterno, inmigrante siciliano que llegó a Uruguay con un ejemplar de La Odisea en edición bilingüe greco-latina, representa un legado del que deriva una postura abierta a la cultura universal y renuente al nacionalismo.
“Espero que su tranquilidad no sea perturbada por este envío, por el cual, después de echado al correo me voy a sentir algo ridícula”, escribió la joven Ida Vitale en la dedicatoria a Guillot Muñoz. La reciente publicación en libro reenvía los textos traspapelados, ahora para los lectores.
Poemas de juventud 1943-1946, de Ida Vitale (Tusquets Editores).










