Florencia Tellado (43) habla apasionadamente, sin prisa pero sin pausa sobre su rol de vestuarista. Pero, antes que nada, tiene algo que contar: cómo conoció a Moria Casán. Dice que la anécdota es mágica.
Empieza: “Yo estaba en un pelotero porque era el cumpleaños de una amiguita de mi hija Libertad (7) y me entró un audio de un director y productor audiovisual… Le contesté que no podía escucharlo con tanto ruido de niños y me respondió con el texto Spoiler Moria y un sticker de Moria Casán. ¡Ah no, yo tengo que escuchar esto ya! En el mensaje de voz, me decían que iban a hacer la serie de Moria y que yo era la persona perfecta para hacer el vestuario. ¿Cómo te ves haciendo ficción?, me preguntaron. Nunca había hecho”.
Hace 22 años que Florencia diseña vestuario para publicidad y servicio de producción, porque ahora las empresas vienen a filmar al país, que es más barato.
Continúa el relato: “Pensé: ‘Ésta es una oportunidad y un desafío’. He mirado a Moria desde que era chica; volvía del cole y con mamá veíamos Amor y Moria en la tele. Moria estuvo presente en toda mi vida… ¡Siempre vigente, eso es increíble! Al principio dudé porque no sabía si podía hacer un trabajo tan grande, pero mi mamá y mi hermana me dijeron lo hacés y lo vas a hacer increíble. Así empezó la aventura, un viaje que duró de julio del año pasado a febrero de éste».
«Lo único que tenía en la cabeza era a Moria, pensaba cómo representarla siendo fiel a su estilo tan único. La serie no tiene un orden cronológico, pero abarca toda su vida. Es la primera vez que trabajo con alguien tan cálido como el director Javier Van de Couter, y lo mismo todo su equipo. Tuve una primera reunión y me enamoré de él, de lo que me contaba, de todo lo que había que hacer. Tuve un equipo de chicas y chicos fantásticos que me ayudaron un montón. Los vestuarios más icónicos se hicieron a medida para cada actriz. Mucho se alquiló, se compró, se reformuló”.
Estuvo todo el tiempo que duró la serie viendo materiales on line. Y mucho vintage, que encontraba en ferias americanas… “Lo genial es que en Moria hay algo tan personal, que vos rápidamente podés discernir si algo la representa o no”.
Dice que admira a Moria Casán desde chica y que tiene un estilo único.Y sigue. “Porque tiene un estilo muy definido. Y eso te facilita el camino. En los colores, los estampados, sabés cuáles son Moria y cuáles no. Tuve con ella una reunión y es maravillosa, un amor, luminosa, respetuosa, te mira a los ojos, valora tu trabajo, es agradecida. Yo no la conocía. Y creo que saca su carácter si alguien o algo no le cae bien. Yo soy igual. ¡Las dos leoninas, ella del 16 de agosto y yo del 26 de julio! Cuando me vio por primera vez exclamó ‘Tenés algo Casanesco’, como que soy parecida a Sofía Gala, a quien conocía por mis sombreros. Ella es la primera Moria. ¡Lo que es haciendo de su madre! ¡Es una excelente actriz y nadie conoce mejor a su propia madre!”
En Moria hay algo tan personal, rápidamente podés discernir si algo la representa o no. Tiene un estilo muy definido.
Estamos en su taller recién inaugurado de la calle Matienzo, un loft de 145 metros cuadrados inundado de luz natural. “Santiago (39), mi marido, me ayudó y compramos. Él tiene su propia empresa de diseño y branding, y acaba de diseñar la presentación de Google AI que se trasmitió para todo el mundo. Se fue tres semanas, pero valió la pena. Y mi hermana mayor, Guadalupe, que es productora audiovisual, es mi otro pilar desde que empecé.”
Y como quien da vuelta una página o un guante, Flor asume su profesión de milliner -diseñadora de sombreros- y se prueba una galera y una gorra, mientras responde.
Tellado vistió a Griselda Siciliani y a las otras dos Morias para la serie.-¿Cómo se te ocurrió ser sombrerera, sin ceder, si usar sombrero no es masivo y no tendría una salida comercial?
-Me interesa lo que nadie está usando. Me gusta ir en sentido contrario de la moda. Si algo se usa, yo no lo quiero. Elijo ser diferente.
-En tu memoria afectiva están los turbantes de tu tía abuela, los genes creativos de tu padre arquitecto y una carrera inconclusa de diseño en la UP.
-Hice el CBC en la UBA… ahora que se habló tanto de la universidad pública, sentí con pesar no haber formado parte. Creo que tuvo que ver con que la sentí gigante, no para mí, y yo necesitaba más contención. Pero hoy me arrepiento. Tenía 25 años, papá empezó pagándome la UP, se complicó y no pudo seguir. Yo me puse a trabajar, pero no alcanzaba a sostener la cuota.
Entonces mamá le pidió una beca a la dueña de la UP, a quien conocía, para que pudiera terminar. Pero rotundamente le dijo no, que no se otorgaban becas en la entidad. Y abandoné con tres años y medio de cursada. Lo digo con orgullo, porque ¡en el trabajo aprendí tanto! Igual me quedó un poco de resentimiento; todavía me llaman de la UP para nombrarme no sé qué…
Allí me dieron una base de diseño, pero me formé trabajando con Carolina Aubele que fue mi única jefa vestuarista y a ella le debo un montón. Me regaló muchas prendas cuando decidió no ser más vestuarista. Ella fue la primera que me llevó a Europa, me invitó a Milán a presentar su colección.
Es importante formarse en una universidad, pero el trabajo es lo que te da sabiduría y experiencia. ¡Y felicidad, porque yo soy feliz trabajando con lo que hago!
Me gusta ir en sentido contrario de la moda. Si algo se usa, yo no lo quiero. Elijo ser diferente.
Con sus creaciones, la diseñadora busca innovar y alejarse de las tendencias. -Tuviste tres grandes maestros en el arte de confeccionar sombreros.
–Primero estudié con Hilda Juárez en 2009, sombrerera del Teatro Colón, que me demostró que estando en la Argentina, con mínimos recursos y mirando Crónica TV en un mínimo departamento de Almagro, este oficio era posible. Después continué con Laura Noetinger, la diseñadora elegida por Máxima de Holanda, que me enseñó a valorar cada puntada y lograr la excelencia en el producto terminado.
Ya en Londres, aprendí con Noel Stewart -realizador de sombreros para Givenchy, Valentino, Mulberry y Roland Mouret, entre otras marcas- y con él aprendí la disciplina inglesa, a trabajar en silencio -sin celular- y que un error mínimo arruina el resultado final.
-¿Coco Chanel sigue siendo tu musa inmortal? Ella empezó con sombreros y aprendió con asistentes de Lucienne Rabatte. Frente a las copas recargadas con flores y plumas de la Belle Époque, prefería e impuso la elegancia net de la cloche o el canotier en paja… ¿Vislumbrás actualmente otra Coco, tan disruptiva y talentosa?
–Ella es única, rompió moldes. Nadie imaginaba usar pantalón y allí estaba ella misma usándolos como una reina. Liberó a las mujeres de los corsets, fue algo épico. No veo, no conozco a alguien que sea como ella.
Pero sí hay diseñadores de sombreros admirables como los ingleses Stephen Jones, tan lúdico, tan creativo, y también Philip Treacy, que tiene un estilo más señorial, más Ascot. Mi maestro Noel Stewart fue discípulo de Jones.
-Ya que estamos con los británicos ¿te gusta la estética de Vivienne Westwood?
-Mucho. Muy visionaria, muy disruptiva esta mujer, en una época tan conservadora, exhibió una estética punk. De adolescente yo amaba lo dark, en los ‘90 Marilyn Manson era lo más…
Sus piezas llevan la sombrerería más allá de lo clásico y convierten al accesorio en protagonista. – ¡Y le hiciste sombreros!
-Sí, su mujer me contactó por Instagram y eligieron en negro los diseños más goth que había en fotos. Mientras me hablaba, yo no lo podía creer. ¡Yo tengo un tatuaje de Marilyn que me hice cuando era chica! También creo en el hilo rojo de las cosas; si se pone la energía tanto en algo que te gusta, hay una reciprocidad en el universo que te une con eso.
-Leí que estabas obsesionada con la capota de la película La lección de piano y las de la serie The Handmaid’s Tale.
-¡Ay, sí! La capota es un sombrero antiguo, es como una campana, con los laterales bajos. Y tiene algo como para estar de incógnito. En la serie están todas las mujeres vestidas de rojo con capotas blancas. Me encanta ese tipo de sombrero, voy a experimentarlo.
-¿Qué clientas compran tus piezas?
-En general tenés dos tipos. Mucha gente del espectáculo, cantantes, actrices. Me llaman y me dicen que equis tiene que llevar algo en la cabeza para tal evento. Le muestro, le hago una presentación digital con texturas, colores, para contar lo que me imagino. Siempre es veloz. ¡Lo tiene que usar en dos días, me dicen!
Después tenés diseñadores como Pablo Ramírez que arma su desfile y como al final, se les ocurre pasar sombreros. Y también hay clientas que tienen fiestas, casamientos. Pero otras que los usan a diario, invierno y verano, sobre todo en verano para protegerse del sol.
-¿Te encargan un sombrero y sabés qué tiempo vas a necesitar para realizarlo?
–Siempre estimo mal el tiempo. Digo, lo hago en dos patadas y no es así. ¡Tengo que ser más consciente del tiempo que llevan las cosas!
Para Rossy de Palma, creó un sombrero usando un mantel individual de plástico.-¿Diseñaste un sombrero para Rossy de Palma, la chica Almodóvar?
-Sí. Con un mantel individual redondo, de plástico, que ella convirtió en pieza de culto. Una genia.
-¿Qué cosas disfrutás lúdicamente?
-Jugar con mi hija a las muñecas. Las vestimos, les hago voces… ella disfruta y a mí me encanta. Gracias a Libertad puedo volver a mi infancia.
-¿Qué música escuchás?
-En este momento estoy escuchando a Chilly Gonzáles, un pianista; me encanta Lady Gaga, Chappell Roan, Ca7riel y Paco Amoroso…
Hizo el gorro de piel azul que Paco Amoroso usó en su presentación viral en el Tiny Desk. -A propósito de Paco ¿Cómo fue hacerle el gorro que dio la vuelta al mundo?
-Fui a un recital de ellos porque mi sobrina me cedió su entrada. Ya los había visto en Obras. Y me llamó la atención el vestuario, me pareció muy bueno. Entonces empecé a seguir en IG a la vestuarista; y a su vez ella me seguía y me propuso hacer algo para Paco. Quedó ahí hasta que un día me dijo veámonos, porque tengo que hacer algo para los chicos que se van al Tiny Desk.
Es un formato que siempre me pareció increíble. Tuve poco tiempo y juntas, en mi estudio, vimos todos los sombreros que había. Como en el Tiny las tomas son de medio cuerpo, lo ideal era ponerle algo en la cabeza. Y ahí fue que al ver un gorro ruso que yo tenía, pero más chiquito, nos decidimos. Te van a llegar como unos peluches, me dijo. No, peluches yo no, contesté. Entonces piel.
Lo genial es que yo sé trabajar la piel gracias a Noel, porque él usaba piel verdadera y me mandaba a las peleterías de Londres a comprar un zorro. ¡Yo vegetariana, imaginate! Te va a llegar un tapado de piel me adelantó. Y me preguntaba si iba a ser capaz de trabajar esa piel animal … ¡va contra mis principios!
Pero pensé, estamos reciclando algo viejo, viejísimo. Era un tapado tirado en la Quinta Avenida, de zorro teñido de azul. Desarmé el tapado y cosí las piezas con puntadas a un milímetro de distancia, como Stewart me había enseñado. Me quedó muy bien. ¡Fue un furor en la cabeza de Paco!
Diseñó un sombrero para Lali Espósito, que llevó en los Premios Gardel. Para esta milliner argentina no hay techo de cristal ni de otra clase. Su gran creatividad no tiene límites. En su galería de celebrities están Natalia Oreiro, Carla Peterson, Shirley Manson, Roisin Murphy… También fue nominada como mejor marca de accesorios en los premios Latin American Fashion Awards y va por más.
Y ahora Florencia ya está convocada para hacer el vestuario de una nueva serie de ficción y lanza su hilo rojo porque sabe que, en la otra punta, está Lady Gaga a quien Florencia Tellado quiere vestir. Y va a lograrlo. ¡Chapeau!










