Si bien una lectura política desde las emociones es un procedimiento que comparten varios intelectuales y cientistas sociales, Renata Salecl, en su libro Maleducados (de Ediciones Godot y con traducción de Florencia Ferre), se preocupa por indagar en los fundamentos, en las formas instrumentales de estos comportamientos.
Con este objetivo toma las investigaciones que varios autores realizaron sobre el universo de la autoayuda, la optimización y los métodos de superación y motivación personal para entender cómo se diseña esa configuración individualista en un discurso que se extiende en las redes sociales y las lógicas de pensamiento, más allá de que los sujetos lo apliquen en sus vidas.
Estos relatos intentan alcanzar una dimensión totalizadora, ya que son el soporte ideológico de muchos líderes políticos, como una suerte de nueva evangelización, aunque también habría que cuestionar su alcance, pregnancia y limitaciones.
Lo importante aquí es que existe un malestar, una furia que no adquiere una forma política, sino que se expresa de manera individual y que podría entenderse como otro modo de estallar, de no soportar esa frustración de la vida social, como una rebelión mal direccionada.
El psicoanálisis se encuentra con un desafío político frente a este diagnóstico. En primer lugar, porque puede oponer a ese discurso que presenta un sujeto a priori, ya determinado, al que se le ordena que siga una serie de recetas, su lógica del uno a uno, que recupera la singularidad y la particularidad en la forma en que cada síntoma toma cuerpo en un paciente. Por otro lado, el sufrimiento mental trasciende hoy la dimensión privada para crear consecuencias políticas que demandan métodos de intervención más allá del consultorio.
Estas sospechas e intuiciones fueron el tema de una conversación que Renata Salecl nos concedió minutos antes de la presentación de su libro en Buenos Aires, en la librería Céspedes.
–En los últimos años existió una ampliación de derechos, una inclusión de las minorías y una sensibilidad donde se identificaban permanentemente discursos discriminatorios y ofensivos. Por otro lado, hoy vemos cómo la ira, la violencia, los discursos machistas y homofóbicos aparecen sin pudores, especialmente en líderes políticos que son acompañados por los votos. ¿Cómo se explica esta contradicción?
–Las maneras en que las personas internalizan las reglas o los códigos morales no escritos en la sociedad cambiaron en los últimos años y permitieron que se utilizara un lenguaje más agresivo. Esto se debe a distintos cambios en la sociedad. Hay tres motivos que tienen que ver con este cambio: en primer lugar, la ideología neoliberal, que se desarrolló en los últimos cincuenta años y que ha permeado a la sociedad. La idea de que uno tiene que cuidarse a uno mismo, que debe hacer las elecciones correctas, que debe sentirse culpable si es pobre porque es algo que puede cambiar si se lo propone, lleva a sentir una angustia o ansiedad por uno mismo y hace que la persona se preocupe menos por lo que sucede a nivel social. En segundo lugar, tiene que ver con el nivel de comunicación. Las redes sociales y la inteligencia artificial abrieron la posibilidad de que cualquiera pueda dar su opinión y dependemos mucho menos de los análisis científicos y factuales y más de influencers que tienen más poder que alguien que pasó tiempo adquiriendo un conocimiento. Y en tercer lugar, la crisis con las figuras de autoridad, que involucra tanto a padres, maestros, incluso líderes comunitarios por considerarlas figuras del patriarcado, algo que puede ser positivo pero que abrió el espacio a nuevos líderes que son mucho más vulgares, como los líderes populistas, acompañados por el surgimiento de líderes de autoayuda, los gurús que tienen tanta influencia sobre estos políticos vulgares o maleducados como pueden ser Donald Trump, Javier Milei o Jair Bolsonaro, que abrieron las puertas a una nueva forma de identificación. Por ejemplo, en el caso de Trump, él es abiertamente ignorante y esto llevó a una identificación de personas que se sintieron, tal vez, más cómodas con su discurso que con un discurso de corrección política.
–El libro menciona a autores que llevaron a la práctica las directivas de los gurúes de autoayuda, que buscaron vivir esa experiencia, compartir las mismas emociones que las personas que adhieren a su práctica. Esto habla del método del libro, donde se busca entender esas emociones para poder analizarlas.
–Existe toda una industria que tiene que ver con la autoayuda que promueve distintas corrientes de pensamiento. Por ejemplo, la que te dice que podés lograr lo que te propongas si pensás de manera positiva, esto va del lado de la ideología neoliberal que habla de tomar las elecciones correctas. Muchas personas recurren a la inteligencia artificial para obtener ayuda en lugar de buscar un terapeuta humano porque tal vez es inaccesible para esas personas. Son personas que están atravesando muchísimo dolor y no logran encontrar ayuda, entonces es importante entender el aspecto positivo de estos elementos porque son espacios donde las personas pueden manifestar sus emociones y sentimientos negativos. El problema con este aumento de la agresividad o de las personas maleducadas tiene que ver con la manera en que observamos emociones como puede ser la ira, la angustia o la envidia. Tenemos que entender que este discurso que permea a la sociedad y que está alimentado por estos líderes está buscando enemigos que pueden ser los grupos LGTBTI o los migrantes. Entonces hay que permitir que las personas reflexionen sobre sus emociones. El problema que tenemos que enfrentar en este momento tiene que ver con las redes sociales, que amplifican este tipo de discursos y los hacen más visibles.
–Frente a esta situación, el campo psi tiene un rol político, especialmente porque los discursos de autoayuda se dirigen a un sujeto predeterminado donde el malestar es igual y las reglas para resolverlo son las mismas. En cambio, el campo psi entiende el malestar desde la particularidad del uno a uno. ¿Cómo recomponer el campo social frente a estos discursos individualistas?
–Freud hace unos cien años decía que el ideal de justicia social se basa en la idea de que cada persona tiene que ser tratada de manera igualitaria. Esto depende del límite que me pongo a mí mismo y la expectativa que tengo de que otros se lo impongan. La justicia social tiene que ver con comprender la necesidad de un ideal común y también con el poder de los límites. Entonces es importante comprender ese lenguaje no escrito de la esfera social e internalizarlo porque esto opera sobre los límites de nuestras emociones para entender lo que debemos expresar y lo que debemos reprimir.
Maleducados, de Renata Salecl (Ediciones Godot).










