¿Quién no fantaseó, alguna vez, con “desertar” de la propia familia? A no creer que El aniversario, la última novela del italiano Andrea Bajani, acerca un manual de instrucciones sobre cómo hacerlo. Para nada. Diez años después de la última vez que estuvo con sus padres, el protagonista de la novela se vale de esa distancia de seguridad para repasar un prontuario familiar que durante décadas asimiló, como un suero intravenoso, pero ya no.
Bajani, autor de El libro de las casas (2022), Mapa de una ausencia (2017) y Saludos cordiales (2015), es un gran aficionado a rasgar aún más, con su literatura, los tejidos ya dañados de los vínculos que nos atraviesan. Y le viene saliendo tan bien que El aniversario recibió en 2025 la mayor distinción de las letras italianas, el Premio Strega.
A días de presentarse en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, Andrea Bajani conversó en Madrid con Clarín. “Me puse a escribir un cuestionamiento a la idea de que la familia es un laberinto del que no se puede salir”, dirá el escritor italiano, que nació en Roma, en 1975, y enseña escritura creativa en la Rice University de Texas, en Estados Unidos.
“Escribir la familia” es uno de los cursos temáticos que aborda con sus estudiantes. “La familia es el organismo social más pequeño, el lugar donde convergen los instintos primarios del ser humano en comunidad: el deseo de ser amado, el deseo de amar, la necesidad de proteger, de ser protegido, los celos, la salvación, el miedo, la tensión, la alegría, la frustración, sentimientos muy humanos”, enumera Bajani.
“Pruebo a cuestionar la idea de familia escribiendo la historia de una fuga, el romper una relación con los propios padres a través de un relato”, señala el autor, quien reconoce dos partes en su novela:
“De un lado está la idea que la familia es una versión, una propaganda sin intención. Toda identidad de grupo se funda sobre la formulación de un relato y este relato es el que mantiene en pie la identidad”.
Explica Bajani que esa versión del “nosotros somos los que…” es el instinto natural que nos protegerse de cualquier atisbo de crisis de identidad.
“El relato de la familia de la novela El aniversario es una versión oficial proporcionada por un padre que se auto–concede el comando –describe–. Es el único que tiene el poder, basado en el miedo que genera, y los roles que él distribuirá dentro de esa familia serán el suyo y el de su mujer, subordinada y, por lo tanto, invisible.”
“La segunda parte de la novela es cuestionar el relato a la distancia de muchos años. El protagonista lo intenta inventándose una figura materna que, de tan silenciada, dejó de ver –explica–. Y hace lo que hace la literatura: le quita la palabra a quien pensó que era el único que tenía derecho de hablar y se la da a la madre.”
Bajani escribió 22 versiones de El aniversario. Inicialmente tenía 80 páginas. Luego creció hasta las 200 y finalmente se fue desinflando hasta las 128 que se publicaron.
–¿Acaso tanta reescritura tuvo que ver con el modo en el que debió maniobrar con la propia autobiografía familiar?
–La novela es una gran escuela de inseguridad, de incertidumbre. Es abandonar todo tipo de relato que tengo de mí mismo y del mundo y descubrir una historia nueva. Esto es la novela para mí. La gran diferencia entre la autobiografía y la novela es que la autobiografía, de algún modo, es reconfortante para quien la lee porque aporta la seguridad que se trata de la vida de otro. La novela, en cambio, es un activador de autobiografía en el lector. Uno se pone a leer El aniversario y termina conmocionado y desestabilizado pero por la activación de la autobiografía.
–En la novela usted plantea que la versión oficial del relato patriarcal es la forma en la que la familia recuerda su propia historia. ¿Es siempre un recuerdo manipulado?
–A menudo pensamos que nuestros recuerdos son auténticos, pero pueden ser simplemente lo que nos convencieron que era nuestra experiencia. La literatura excava donde el recuerdo ha archivado otra cosa, permitiéndonos notar aquello a lo que realmente prestamos atención, más allá de la versión que nos hemos contado a nosotros mismos.
El escritor italiano Andrea Bajani es autor de El aniversario . Foto: gentileza Anagrama.–¿Es posible entonces diferenciar entre realidad y verdad?
–La realidad puede ser un dato frío. Por ejemplo, el episodio de violencia que se relata en la novela, donde un padre golpea o empuja a una madre podría verse como un “incidente de poca importancia” si solo nos atenemos a los hechos narrados. Generaciones han vivido cosas mucho peores que esto sin pensar que eso fuera violencia, sino que era simplemente lo que era una familia. Sin embargo, la novela busca la verdad, que es lo que el lector percibe y siente sobre sí mismo. El paso de lo real a lo verdadero es esta diferencia por la cual la literatura, en cierto momento y con los recursos de la literatura, hace que todo esto se sienta como algo terrible y violento, y pone en tela de juicio, política y culturalmente, un sistema que durante un tiempo infinito ha afectado y condicionado a millones de familias. La verdad de ese gesto violento reside en la angustia profunda que provoca el relato, transformando un dato de la realidad en una verdad personal e innegable para quien lee. La literatura logra que algo considerado “normal” o “tolerado” por generaciones sea sentido finalmente como algo tremendo e intolerable.
–El padre feroz de su libro llega a decirle a su hijo que así como lo había creado, lo destruirá. ¿Cuánto condiciona el vínculo entre padres e hijos reparar en que somos seres humanos que damos vida a otros seres humanos?
–Por supuesto, las familias tienen, y creo que por eso están en el centro de todas las tragedias desde la antigüedad hasta hoy, este elemento, esta condición específica: reunir algo que es primordial, arcaico, de sangre. Tienen su propia moral, tienen reglas internas. La familia es tribal. Y entonces, naturalmente, esto lleva todo a una intensidad elevada e irresoluble: ese punto en el que todas las construcciones que nos hemos dado, que nos hemos inventado para pensar que la vida era manejable, es evidente que no funcionan.
–¿Es posible liberarse o la familia es un destino ineludible?
–Más que una liberación, que podría ser una forma de pensamiento mágico o de pretender que nada existió, lo que se busca es la afirmación de un derecho. No se trata de pulsar un botón de “reinicio” o de someterse a una lobotomía para olvidar el dolor. El objetivo es la reivindicación del derecho a sentirse a salvo, independientemente de quién sea el ser humano que ponga en duda esa seguridad, ya sea un padre o una madre.
El escritor italiano Andrea Bajani . Foto: Elena Martien, gentileza Anagrama.–En El aniversario introduce el psicoanálisis. ¿Qué rol le asigna en el proceso de reconstrucción del yo del protagonista que cortó amarras con sus padres?
–El psicoanálisis cumple un rol similar al de la novela: toma una historia que teóricamente ya se conoce, la desmonta y permite que el individuo la reconstruya. En el caso del protagonista, esto implica tomar una historia codificada por el padre, donde la madre era invisible, y volver a montarla poniendo a la madre en el centro de la escena. Al final, se trata de decidir cuál de esas versiones es la más verdadera para uno mismo.
El escritor italiano Andrea Bajani presenta esta tarde a las 19 su última novela El aniversario (Anagrama) en conversación con la escritora argentina Leila Guerriero, en la sala Victoria Ocampo, del Pabellón Blanco.










