El presidente estadounidense, Donald Trump, ordenó ataques coordinados contra Irán, en la mayor escalada militar de la región desde 2003. La maniobra —llamada «León naciente» por Israel y «Furia épica» por Estados Unidos— busca explícitamente un cambio de gobierno en la República Islámica de Irán, según manifestó el mandatario al anunciar la renovación de la guerra en Medio Oriente.
La maniobra forma parte de de una estrategia militar «preventiva» que incluye desde la limitación del programa nuclear iraní hacia el bloqueo de su capacidad militar, especialmente en lo que respecta a misiles balísticos y de largo alcance, según deslizó el propio Trump en su discurso ante el Congreso norteamericano.
Sin embargo, ya no esconde la intención que une a Washington y Tel Aviv: derrocar al líder supremo de la República Islámica, el Ayatolá Alí Jameneí, y reconfigurar el mapa en Medio Oriente tras la salida del líder sirio Bashir Al Assad y el debilitamiento de Hezbolá y Hamas. Del intento de frenar el programa nuclear, pasando por los mercados energéticos y la reacción de potencias como China y Rusia, estas son las seis claves para entender la crisis:
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1. Una escalada militar anunciada
Los ataques de este sábado fueron el punto culminante de una secuencia que comenzó el 28 de diciembre de 2025, cuando estallaron protestas masivas y represión policial en Irán. El presidente estadounidense, quien desde comienzos de su mandato se presentó como un «pacificador mundial», había deslizado la posibilidad de una intervención mientras sentaba las bases para retomar el diálogo por el programa nuclear iraní, congelado desde la guerra conjunta con Israel en junio de 2025.
En paralelo, Washington ordenó el ataque de Caracas el 3 de enero que derivó en el arresto de Nicolás Maduro, postergando el objetivo en la zona más caliente de mundo. Desde entonces, en distintas ciudades del mundo comenzaron a aparecer manifestantes con la bandera iraní con el león en el centro, previa a la Revolución de 1979. En paralelo, los mercados de predicción basados en billeteras cripto hacían lo propio: se dispararon las apuestas tanto por un eventual ataque directo como por la «captura» del líder supremo, el Ayatolá Alí Jameneí.
Sin embargo, en febrero el escenario cambió cuando la Casa Blanca dispuso el despliegue militar masivo hacia el Golfo Pérsico: además de portaaviones, enviaron cientos de aviones de combate, bombarderos, aeronaves de apoyo y vigilancia; 18 buques de guerra distribuidos entre el mar Arábigo, el estrecho de Ormuz, el mar Rojo y el Mediterráneo. El detonante fue el traslado del mayor portaaviones de EE.UU., Gerald R. Ford, hacia a la costa norte de Israel el viernes 27. Constituyó, así, el mayor despliegue aéreo estadounidense en Medio Oriente desde la invasión a Irak en 2003.
2. La cuestión nuclear
La actual ofensiva se apoya en un antecedente clave: la operación «Midnight Hammer», cuando Estados Unidos atacó en junio de 2025 tres instalaciones nucleares iraníes. Antes de ese bombardeo, Irán acumulaba cerca de 9.000 kilos de uranio enriquecido, 441 de ellos al 60%, según datos de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), un nivel técnicamente cercano al umbral militar del 90%.

Teherán, por su parte, negó sistemáticamente que el uso de la energía nuclear fuera destinado a fines militares y cuestionó el doble estándar de Washington y Tel Aviv en relación al Tratado de No Proliferación Nuclear.
En los últimos meses hubo tres rondas de negociaciones en Ginebra con mediación de Omán, aceleradas por el ultimátum de Trump de mediados de febrero. El 27 de febrero, un día antes del ataque, el canciller omaní afirmó que un acuerdo estaba «al alcance de la mano». Washington exigía que cualquier pacto fuera indefinido y que Irán renunciara a sus reservas de uranio enriquecido. Teherán rechazó negociar su programa balístico, estimado en unos 3.000 misiles de corto y medio alcance.
3. Alcance y objetivos del ataque
«Nuestro objetivo es defender al pueblo estadounidense eliminando las amenazas inminentes del régimen iraní«, sostuvo Trump este sábado al anunciar los bombardeos elevaron la tensión regional y global. En paralelo al avance de las negociaciones diplomáticas en Ginebra, el mandatario recurrió al argumento de Teherán como «patrocinador del terrorismo», que «pone en peligro» tanto a las bases militares de Estados Unidos como «a sus aliados en todo el mundo.
Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, dijo que el ataque «creará las condiciones para que el valiente pueblo iraní tome las riendas de su destino». En tanto, la narrativa ya no es disuasión: es transformación política de un actor central del mapa de Medio Oriente.

La ofensiva actual supera ampliamente la de junio de 2025. Los bombardeos alcanzaron objetivos desde el noroeste fronterizo con Azerbaiyán e Irak hasta el sur, incluyendo el puerto estratégico de Bandar Abbas en el estrecho de Ormuz. No se trata solo de instalaciones nucleares. El patrón indica ataques simultáneos contra infraestructura militar, centros de comando y nodos estratégicos, incluidos accesos marítimos al Golfo Pérsico.
Desde Washington, un funcionario resumió la estrategia en línea con el discurso de Trump: destruir misiles, desmantelar la industria armamentística y neutralizar la capacidad naval iraní. No es una operación puntual. Es el inicio de una campaña que, según fuentes estadounidenses, podría extenderse durante semanas y asemejarse más a una guerra convencional que a una acción quirúrgica, como ocurrió en Caracas.
4. La represalia iraní
Irán había advertido que, en caso de ataque extranjero, respondería con una represalia contra Israel y las bases estadounidenses en los países árabes aliados. El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica anunció el lanzamiento de misiles y drones que, según agencias iraníes, fueron lanzadas contra instalaciones en Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, donde opera la Quinta Flota.
La represalia, en tanto, motivó el repudio de otras potencias, como Arabia Saudita, mientras que la variable central para Teherán se convirtió en la supervivencia del gobierno, luego de que informaran que tanto el líder supremo como el presidente iraní siguen vivos, según informó la agencia rusaTASS.

5. Riesgo de crisis petrolera
Irán dispone de decenas de buques de superficie y entre 3.000 y 6.000 minas navales, con capacidad para bloquear temporalmente el estrecho de Ormuz, punto por donde circula cerca de un quinto del petróleo mundial. El viernes 27, el Brent alcanzó los 73 dólares por barril, su nivel más alto en siete meses. Un conflicto prolongado podría generar una crisis sistémica, no solo por daños en la producción sino por la prima de riesgo geopolítico. El petróleo es el factor que puede transformar una guerra regional en un shock económico global.
6. El rol de China y Rusia
China, principal socio comercial de Irán y destino de cerca del 90% de sus exportaciones petroleras, optó por una respuesta prudente. Activó asistencia consular para sus ciudadanos y mantuvo el respaldo en el plano diplomático, en línea con su tradicional defensa del multilateralismo. Beijing había firmado en 2021 una asociación estratégica integral con Teherán, pero evitó compromisos militares cuando estalló la guerra en junio de 2025.
Tras el ataque del sábado, Moscú fue más contundente desde lo discursivo. Su Cancillería calificó los ataques coordinados entre Washington y Tel Aviv como un «acto premeditado y no provocado de agresión armada» y advirtió sobre riesgos humanitarios y radiológicos. Al igual que otros países, incluida la Francia de Emmanuel Macron, Rusia denunció una violación del derecho internacional y cuestionó que la ofensiva ocurriera mientras se desarrollaban negociaciones diplomáticas.










