La obra de Miguel Hernández culminó con un último poemario, Cancionero y romancero de ausencias, que su muerte le impidió concluir y que supone una de las grandes expresiones poéticas del autor español, según el poeta y filólogo Luis Alberto de Cuenca, responsable de una nueva edición de este libro (Reino de Cordelia).
De Cuenca explicó que este poemario de Hernández (Orihuela, 1910-Alicante, 1942) es capaz de «conmocionar, más que emocionar incluso» a los lectores, ya que «agrupa y hace una especie de cóctel maravilloso» entre el neopopularismo, un cierto surrealismo, la escritura del yo y otras tendencias propias de la poesía de la época.
Hernández escribió los poemas de este romancero -acompañados en esta edición por dibujos del ilustrador Toño Benavides- como prisionero del franquismo en los últimos años de su vida, antes de fallecer por tuberculosis a los 31 años, y en ellos reivindicó la esperanza tras la desolación de la Guerra Civil.
«Él está en la cárcel cuando escribe el libro, y está continuamente pendiente de su mujer, del hijo nuevo que ha nacido y que le sobrevivirá, además del otro hijo que ha muerto antes», indicó De Cuenca.
Este contexto de pobreza y tragedia inspirará algunos de sus versos más famosos, como las ‘Nanas de la cebolla’, incluidas en el poemario, que dedica a su hijo tras recibir la noticia de que la madre solo puede alimentar al niño «con pan y cebolla».
«Estamos viviendo algo que existe, que no se imposta», aseguró el responsable de esta edición sobre el que considera «uno de los poemas más tiernos y deliciosos» del autor, con el que aporta «una especie de hálito de vida» en esas duras circunstancias y que «humedece los ojos» del lector.
«Es un poeta prodigioso, uno de los grandes poetas del siglo XX, que no desmerece nada comparado con Lorca o Juan Ramón Jiménez», sostuvo el filólogo y también poeta, quien resalta la figura de Hernández como un hombre que «no tuvo estudios, y que a fuerza de voluntad y coraje salió adelante».










