Hasta hace poco, las apuestas tenían límites: caballos de carrera, partidos de fútbol o el ring de boxeo. La digitalidad amplió ese universo a casi cualquier cosa que pueda ocurrir, desde palabras específicas dichas en la entrega de los Oscars a golpes de Estado, cantidad de muertos en una guerra ¡o un apocalipsis atómico!
El negocio de las apuestas parece fuera de control y genera tantos miles de millones de dólares que nadie sabe cómo frenarlo.
Uno de los epicentros de este fenómeno es Polymarket, una plataforma de “mercados predictivos” donde los usuarios compran y venden contratos basados en eventos futuros.
¿Ganará Trump las elecciones de medio término?, ¿se firmará un acuerdo de paz en Medio Oriente?, ¿habrá una recesión global el año próximo? Hoy cualquier evento es un mercado en el que miles de personas apuestan dinero real sobre lo que creen que va a suceder.
Si bien el sitio se presenta como una herramienta para anticipar el futuro, no es más que un sofisticado casino global en el que la actualidad (incluyendo las tragedias humanas) se transforma en un tablero de apuestas.
De hecho, sus picos de visitas se dan durante los conflictos internacionales, en donde reinan la incertidumbre y la tensión.
Hace algunos días el cinismo tocó su techo al presentar en Polymarket un mercado que preguntaba si habría una detonación nuclear en 2026. La apuesta reunió cerca de un millón de dólares en operaciones antes de que la plataforma decidiera retirarla del sitio.
Sin embargo mantuvo durante meses, hasta el operativo de Estados Unidos e Israel, la predicción por la fecha en la que el régimen iraní colapsará, lo que convocó apuestas por más de cinco millones de dólares.
La preocupación va más allá de la mera alarma moral. Durante siglos las apuestas estuvieron separadas de la realidad cotidiana, enmarcadas en lugares específicos para jugar y reglas relativamente claras.
Hoy, en cambio, está integrado con lo que sucede en el mundo y las noticias. Ya no importa prever el futuro sino lucrar con él cuando se dan los peores escenarios.
Es lo que algunos analistas empezaron a llamar la “economía de la depravación”, un sistema en el que incluso el sufrimiento humano puede transformarse en una ganancia.
Esto, además, genera mucho interés y clicks porque la incertidumbre despierta atención y hoy la atención nos trae dinero. Cuanto más dramático el evento, mayor el interés del público.
En ese contexto, el apocalipsis dejó de ser una metáfora cultural o un temor bíblico para convertirse en un mercado.
Con tantos dólares en juego, apostar dejó de ser solo un entretenimiento o una forma de conseguir efectivo y se volvió una manera de percibir al mundo. Y aunque es cierto que la cultura digital lleva años transformando la vida cotidiana, las apuestas sobre acontecimientos reales llevan esa lógica a otro nivel.
Cuando una guerra, una catástrofe o incluso el fin del mundo dejan de ser tragedias y son percibidas simplemente como apuestas, cambia nuestro vínculo con la realidad y el mundo se presenta como una gran ruleta en la que cada sufrimiento y muerte puede volverse una oportunidad de ganar dinero.










