Desde la Grecia antigua hasta el siglo XIX, la triaca, un brebaje hecho con plantas, minerales y la carne de una víbora hembra y joven, se consideró el antídoto más eficaz contra el envenenamiento por mordedura de serpiente, que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), causa entre 81.000 y 138.000 muertes y alrededor de 400.000 amputaciones al año. La fórmula partía del supuesto de que un mal puede ser curado con algo similar. “Se creía que había que cortar la serpiente cuatro dedos por detrás de la cabeza y cuatro dedos antes de terminar la cola, porque ahí era donde se concentraba el veneno”, explica el profesor Jorge Alvar, de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME), que es comisario de una exposición consagrada a este problema de salud global, que se puede visitar hasta octubre en Madrid.
Esta muestra, que lleva por título De brebajes y serpientes: entre la triaca magna y una emergencia de salud global, exhibe reptiles disecados, recipientes para brebajes curativos, mapas o manuscritos para narrar cómo los humanos llevan 2.000 años tratando de protegerse de los ataques de serpientes, y, aunque existen antivenenos efectivos, los números de afectados siguen siendo alarmantes. Según la OMS, 5,4 millones de personas son mordidas cada año en el mundo y el 95% de ellas vive en países de ingresos bajos y medios, según un estudio publicado en la revista científica The Lancet. Además, de acuerdo con la organización, factores como el cambio climático y los conflictos que provocan el desplazamiento de algunas poblaciones, causan indirectamente que serpientes y humanos vivan cada vez más cerca en algunos lugares del mundo.
“Es una enfermedad de la pobreza y de los que no tienen voz política”, zanja Alvar, durante una visita guiada de la exposición. En 2017, la OMS clasificó el envenenamiento por mordedura de serpiente como enfermedad tropical desatendida (ETD) y, un año después, lanzó un llamamiento internacional para reducir a la mitad las muertes hasta 2030. Pero en 2026 y según cálculos de la organización Médicos Sin Fronteras (MSF), sigue siendo la dolencia desatendida más mortífera.
Es una enfermedad de la pobreza y de los que no tienen voz política
Las cifras oficiales son alarmantes, pero podrían ser bastante inferiores a los datos reales. Carlos Chaccour, investigador residente en el Navarra Center for International Development de la Universidad de Navarra, afirma a este periódico que los datos sobre mordeduras están “absolutamente infrarreportados”. Como ejemplo, explica que cuando trabajaba en 2022 en un programa para paliar la malaria en Mozambique, realizaron encuestas en los hogares que también incluían preguntas sobre mordeduras de serpiente. “Mozambique reportaba oficialmente cada año unos 7.000 casos y 300 muertes en una población que entonces era de 28 millones de personas”, recuerda. El equipo de Chaccour hizo la encuesta a 70.000 personas en el distrito de Mopeia y concluyó que las mordeduras de serpiente afectaban a 400 de cada 100.000 personas. “Tan solo en la muestra de 70.000 personas encontramos más de 300 casos. Era una diferencia gigante”, explica.
Este estudio, publicado en 2023, también calculó que cada mordedura costaba a los hogares una media de 17 dólares (casi 15 euros), lo que puede ser un gasto inasumible para una gran parte de las familias. Porque en Mopeia, “más del 80% de la población sobrevive con menos de dos dólares al día”, agrega el investigador.
Tan solo en la muestra de 70.000 personas encontramos más de 300 casos. Era una diferencia gigante
Antivenenos fabricados en el Sur Global
Otro problema, común en todas las enfermedades tropicales desatendidas, es que las farmacéuticas no están interesadas en invertir en una investigación y fabricación de fármacos que se destinan mayoritariamente al Sur Global y les reportan escasas ganancias. “Intentar comercializar productos en lugares donde la gente no puede permitirse pagar mucho por ellos no es rentable”, corrobora David Williams, experto en antivenenos en la OMS. Por ejemplo, el laboratorio francés Sanofi dejó de producir su antiveneno FAV-Afrique en 2014, el que se consideraba el antídoto más eficaz contra las mordeduras. Según la OMS, la escasez de datos sobre el número y el tipo de mordeduras de serpiente ha hecho más difícil para las farmacéuticas identificar cuánta demanda hay realmente.
El vacío que han dejado Sanofi y otras empresas europeas lo están llenando otras del Sur Global como South African Vaccine Producers (SAVP), con sede en Johannesburgo, Atlantic Health Care, de Ghana, que recientemente ha comenzado a producir antídotos en colaboración con una empresa india, y otros laboratorios en México y Costa Rica. “En la OMS hemos revisado varios productos hechos en la India que están mejorando mucho. Hay fabricantes que han invertido 10 millones de dólares en su calidad para ofrecer buenos productos al mercado africano”, opina Williams.
Este experto considera que el foco del problema se pone en el lugar equivocado. “Se cree que el fallo está en la calidad de los antivenenos, pero la realidad es que la ciencia ha avanzado muchísimo y ahora hay opciones muy efectivas que pueden salvar vidas”. Pero, según él, sin el personal médico entrenado para tratar una mordedura y sus complicaciones, los antivenenos pueden no servir de nada. Idealmente, “los centros sanitarios de África subsahariana deberían contar con equipos médicos básicos, con agua y electricidad, estar comunicados y ser accesibles por carretera. Es imprescindible disponer de todo esto además del antídoto si se quieren reducir las muertes”, opina.
Chaccour coincide con Williams en la importancia vital de las infraestructuras básicas y recuerda una situación que vivió en la selva venezolana, en la frontera con Brasil: “Un día llegó un niño a la clínica diciendo que a su hermano le había mordido una serpiente. Había caminado por más de 30 horas”. El investigador tuvo la suerte de poder contar con un helicóptero de los que supervisaban los niveles del vecino río Caroní para que lo llevara hasta su casa. Allí, encontró al niño acostado en su hamaca, sangrando por las encías. Llevaba un día entero envenenado y la mordedura le estaba provocando alteraciones en la coagulación y daño cerebral. Chaccour le puso una primera dosis de antiveneno, pero esto le causó una alergia grave y el pequeño quedó inconsciente. “Entonces le inyecté adrenalina y recuperó el pulso. Lo trasladamos en helicóptero al hospital y sobrevivió. Pero es un caso aislado. Yo pude llegar a tiempo porque tenía una fundación que me ayudaba”, dice el experto.
Además, según Williams, una mordedura de serpiente no solo afecta a una persona. “Se piensa que gastar por ejemplo 1.000 dólares en salvar la vida de una persona es mucho. Pero se olvidan de que la mayoría de las víctimas de mordeduras de serpiente son jóvenes en edad productiva. No invertir para asegurar que puedan reincorporarse a sus comunidades supone que se agrande la brecha de desigualdad y pobreza”, concluye.








