El futuro primer ministro de Bulgaria, ¿una versión descafeinada de Orbán en el seno de la Unión Europea? | Internacional

El futuro primer ministro de Bulgaria, ¿una versión descafeinada de Orbán en el seno de la Unión Europea? | Internacional


Rumen Radev, ganador de las elecciones legislativas del domingo en Bulgaria —las octavas en cinco años— y futuro primer ministro del país más pobre de la UE, ha dejado claro en varias ocasiones que se opone a mantener la ayuda militar europea a Ucrania y que aboga por restablecer las relaciones con la Rusia de Vladímir Putin, una posición que choca de lleno con la de Bruselas. Volvió a confirmarlo en la noche de los comicios, antes incluso de conocerse el resultado final que, con un 98% de los votos escrutados, le otorga una mayoría suficiente para formar Gobierno en solitario.

Este antiguo comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas búlgaras, de 62 años, afirmó que confía en que Bruselas actúe a partir de ahora de manera más pragmática en lo que atañe a Rusia. “Pregunten al presidente (francés, Emmanuel) Macron, al primer ministro de Bélgica o a otros líderes europeos, incluida la (ex)canciller (alemana Angela) Merkel, quien dijo hace meses que este diálogo (con el Kremlin) debe retomarse”, remarcó Radev.

“No solo por la nueva arquitectura de seguridad en Europa, que es inevitable y por la que debemos trabajar, sino porque, si queremos que Europa tenga una verdadera autonomía estratégica, debe reflexionar seriamente, en esta crisis cada vez más grave, sobre cómo garantizará sus recursos”, pormenorizó, en alusión a la crisis energética derivada del conflicto en Oriente Próximo.

Discursos como ese han hecho que algunos consideren a Radev un nuevo Viktor Orbán (el aún primer ministro húngaro, que acaba de perder sus propias elecciones): un caballo de Troya alimentado por Rusia en el seno de la UE para erosionar los cimientos de la Unión desde dentro. Diversos analistas, sin embargo, rechazan esa comparación.

Radev, presidente de Bulgaria desde 2017, dimitió de ese cargo hace apenas tres meses para presentarse a las elecciones legislativas, con el objetivo de seguir dirigiendo el país desde el puesto de primer ministro. Creó para ello una coalición de pequeñas formaciones de izquierdas denominada Bulgaria Progresista. Lo hizo pocos meses antes de que acabara su segundo mandato, e intentó capitalizar así el descontento de una ciudadanía hastiada por los sucesivos gobiernos inestables surgidos en los últimos años y de la endémica corrupción de este país de 6,5 millones de habitantes.

Pese al cargo simbólico que ejercía entonces como presidente, Radev se granjeó una robusta reputación entre los miles de manifestantes que provocaron la dimisión del Gobierno en diciembre de 2025, tras las mayores protestas registradas en Bulgaria desde la caída del régimen comunista a finales de los años ochenta.

Para ampliar su apoyo social, el líder de Bulgaria Progresista ha hecho equilibrios entre Bruselas y Moscú. “Sostiene la pertenencia de Bulgaria a la UE, pero cree que el bloque comunitario necesita pragmatismo y que ha intentado ser líder en un mundo sin reglas”, señala el periodista búlgaro Vladímir Mitev.

“En su opinión, la UE necesita más industrialización y seguridad; y ambas deben conseguirse a través de una mejor relación con Rusia”, prosigue el comunicador, escéptico sobre la figura del ganador de los comicios: “El ascenso de Radev es un intento por parte de la oligarquía búlgara de mantener el control sobre los recursos del poder que proporcionan ingresos, en un contexto internacional cambiante donde las sanciones contra Rusia parecen debilitarse después del inicio de la guerra estadounidense-israelí contra Irán”, interpreta.

Radev aseguró, en una entrevista televisiva antes de las elecciones, que, si él ganaba, Bulgaria no bloquearía la ayuda europea a Ucrania, lo que desinfla en parte las similitudes con el húngaro Viktor Orbán. “El fenómeno Orbán no puede repetirse en otro país, ya que apareció en condiciones especiales y únicas”, opina Mitev, que cree que Radev se opondrá en las instituciones europeas únicamente a algunas políticas, como la revisión de las condiciones para iniciar negociaciones con Macedonia del Norte sobre su ingreso en la familia comunitaria.

Mitev remarca que Bulgaria no tiene una fuente económica alternativa más allá de Europa occidental, mientras que Hungría ha captado importantes inversiones estadounidenses y chinas. “Si en Bulgaria aparece un régimen del tipo de Orbán, espero que sea de una forma suave, sin prejuicios a nivel europeo y con una orientación exclusiva hacia el interior del país”, insiste.

Pese a las comparaciones con Orbán en los medios, la politóloga Gergana Stefana también las descarta. “Aunque ha adoptado posiciones no convencionales en determinadas cuestiones europeas, como la guerra en Ucrania, la energía nuclear o el envío de armas a Ucrania, Radev nunca ha recurrido al veto en los procesos de toma de decisiones; se ha limitado a sugerir esa posibilidad, mientras que sus representantes han votado sistemáticamente en línea con el mainstream [la opinión general] europeo”, subraya la experta, especializada en Seguridad y lucha contra la Radicalización y el Terrorismo.

Stefana subraya que las autoridades de Sofía han mostrado “más un comportamiento de conformismo condicional, en el que una postura pública crítica coexiste con una adaptación real al consenso europeo”. Y precisa: “Parte de esta retórica responde a una estrategia de movilización interna y de preparación del terreno electoral, en un contexto de creciente malestar social en los últimos años”.

Este descontento está vinculado a los efectos que los búlgaros perciben como negativos de la integración europea en el momento actual: presión inflacionaria (subida de precios) y aumento del gasto público por el apoyo a Ucrania; y se ve acentuado por las expectativas en torno a la adhesión a la zona euro, a la que ingresó en enero.

“La estrategia más probable [de Radev] pasará por posicionar a Bulgaria como un actor equilibrador entre Oriente y Occidente, aprovechando su ubicación geoestratégica”, augura Stefanova, quien incide en que los cinco gobiernos interinos nombrados por Radev cuando era presidente “no muestran una línea antieuropea homogénea, pero sí delinean una tendencia hacia una participación más soberanista y condicionada dentro del marco de la política exterior común de la UE”.

De esos gobiernos, los primeros mantuvieron posiciones proeuropeas en relación con los Balcanes occidentales y la soberanía de Ucrania. Pero, tras producirse la invasión rusa en febrero de 2022, Bulgaria comenzó a poner un énfasis mucho mayor en el interés nacional, la seguridad energética, la gestión de los efectos de las sanciones y la limitación de los riesgos derivados de la guerra.

“Esto no equivale a una ‘orbánización’ abierta, ya que Bulgaria no abandona el marco de sanciones ni rechaza su pertenencia euroatlántica, pero sí permite describir a Radev como un líder que busca una versión más reservada y filtrada nacionalmente de la solidaridad europea”, puntualiza la politóloga, quien cree que el expresidente, por su perfil profesional de militar, se mostrará firme en cuestiones sensibles como la memoria histórica y la identidad nacional.

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