La muerte de Mateo, ocurrida este viernes por la mañana en la provincia de Mendoza, cerró el capítulo más crítico de una internación que desde el primer día estuvo atravesada por sospechas de violencia extrema.
El niño, de un año y cuatro meses, había ingresado el 10 de abril al Hospital Pediátrico Humberto Notti con un paro cardiorrespiratorio y múltiples lesiones, entre ellas traumatismos y hematomas en distintas partes del cuerpo. Su estado fue irreversible desde el inicio y, con el paso de los días, los médicos confirmaron un daño neurológico severo que derivó en muerte cerebral.
Al igual que en el caso de Angel López, el nene de 4 años que murió el 7 de abril pasado en Comodoro Rivadavia, el ingreso del menor activó de inmediato el protocolo por maltrato infantil. Los profesionales que lo recibieron detectaron signos compatibles con agresiones reiteradas y dieron intervención a la Justicia. En paralelo, se radicó una denuncia penal y se dispusieron medidas de protección, entre ellas una restricción de acercamiento respecto del entorno con el que convivía el menor.
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Con el avance de la investigación, la Fiscalía de Homicidios ordenó la detención de Cristian Gonzalo Fragapane, pareja de la madre del niño, quien quedó imputado por el delito de homicidio simple agravado por alevosía en grado de tentativa. Esa calificación, sin embargo, será modificada tras el fallecimiento, en línea con la evolución del cuadro y el desenlace fatal.
La reconstrucción del hecho ubica el episodio el mismo 10 de abril, en una vivienda del barrio Las Lomas, en Luján de Cuyo. Según los indicios reunidos hasta el momento, el hombre estaba al cuidado de Mateo y su hermano mellizo cuando se habría producido la agresión.
“Niño sacudido”. Las pericias médicas resultaron determinantes: las lesiones eran compatibles con el denominado “síndrome del niño sacudido”, una forma grave de maltrato que implica movimientos violentos que provocan que el cerebro impacte contra el cráneo, generando daños irreversibles.
Ese cuadro coincidía con lo observado por los médicos desde el ingreso. El niño presentaba compromiso neurológico, golpes en la cabeza y hematomas en el tórax, además de antecedentes de internaciones previas por lesiones, lo que refuerza la hipótesis de un contexto de violencia sostenida.
Durante la internación, la situación fue siempre crítica. Familiares del entorno paterno señalaron que el cuadro fue interpretado desde el inicio como un caso de maltrato infantil y que no se contemplaron otras patologías como causa de las lesiones.
En paralelo, la investigación también pone el foco en el contexto familiar. La Justicia analiza posibles responsabilidades adicionales, como el caso de la mamá de Mateo. Mientras, el hermano mellizo del niño quedó bajo resguardo. Su situación es objeto de seguimiento judicial, en medio de un proceso que busca definir su guarda definitiva y evitar su institucionalización.
Otro eje de la investigación apunta a reconstruir el historial médico y social del niño. Los registros de ingresos anteriores al sistema de salud, sumados a testimonios de familiares y allegados, podrían aportar indicios sobre posibles episodios de maltrato anteriores que no hayan sido denunciados o detectados a tiempo. En ese sentido, los investigadores buscan determinar si existieron alertas previas y cómo fue la intervención de los organismos de protección de la niñez.










