«Los años 20 fueron años de consumo, de recreación, de no pensar en el futuro»

«Los años 20 fueron años de consumo, de recreación, de no pensar en el futuro»


Durante los años 20 del siglo XX, la Argentina vivió una de las transformaciones más vertiginosas de su historia: en las grandes ciudades se popularizó la radio, el fonógrafo, los espectáculos, el deporte y el turismo. Mientras, en Buenos Aires se construía el Palacio Barolo, nacía el colectivo y se realizaba la primera transmisión de radio, los argentinos se reunían en clubes, salones, cines y canchas en rituales que se mantienen hasta la actualidad. En Los años locos en la Argentina (Sudamericana), Daniel Balmaceda cuenta con detalle cómo fue el desarrollo de esa década, cuyas costumbres siguen vigentes hasta el día de hoy, no solo en Argentina, sino en todo el continente.

El escritor estará hoy a la tarde en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, pero antes dialogó con Clarín.

–En el libro explicás que los años 20 democratizaron el acceso al ocio, ¿de qué manera fue posible?

–En la época anterior, durante la llamada belle époque, solo las familias más acomodadas tenían posibilidades de viajar, de hacer deportes, de irse de vacaciones. En cambio, en los 20 ya todo el mundo podía participar de estas actividades. Y fue posible porque mejoró el transporte y empezó a haber más tiempo libre. Mientras que durante la belle époque había que trabajar sábados y mitad de los domingos, en los 20 aparece la posibilidad de disfrutar medio sábado y todo el domingo. Y eso aumentó mucho la oferta de entretenimientos, tanto de clubes para actividades recreativas y deportes como para salidas a la noche. Con la llegada del fonógrafo y la radio, la música dejó de estar concentrada en un espacio físico presencial, diríamos ahora, y llegó a todas partes.

–¿El triunfo de un gobierno popular como el de Yrigoyen tuvo algo que ver?

–Fue algo mundial, relacionado más con el fin de la Primera Guerra y la necesidad de un recreo y de evadirse de todas esas contingencias que generó la guerra en todo el mundo, porque si bien tuvo lugar en Europa, golpeó muchísimo a América también. La posibilidad de cerrar esa etapa y de comenzar algo nuevo fue un fenómeno mundial, en donde los gobiernos a veces veían con cierta preocupación situaciones que se daban en este nuevo mundo. Cuando vino Josephine Baker de Francia a bailar a Buenos Aires, a Yrigoyen le parecieron un poco escandalosos los bailes y la poca ropa.

–¿Fue un momento dorado para la juventud?

–Claro, fueron los grandes protagonistas. En las épocas anteriores no había una juventud definida, eran un apéndice de la familia. Las chicas de 1910 iban a bailar con sus madres, tías o madrinas que se sentaban en una mesa y controlaban con la vista que no repitieran pareja y que no se apartaran de los grupos, y en los 20, eso desapareció y la juventud pasó a tener un rol muy protagónico. Había fiestas específicamente organizadas por ellos, actividades como picnics, viajes, se subían a un tren y se iban hasta Mendoza para conocer, y todo por iniciativa de ellos. La juventud quedó muy marcada y fue mirada con mucha atención por el resto de la sociedad.

–Es la época de Julieta Lanteri, de Alicia Moreau de Justo…

–Sí, el feminismo estaba tratando de ganar espacio desde comienzos del siglo XX. Hacia 1910 tuvieron una presentación en sociedad importante y ya en el 20 tenían una ventaja muy grande porque el mundo se había despertado y se había dado cuenta de la importancia y el valor de la mujer fuera de la casa, trabajando, produciendo, generando proyectos. Es la época en la que Alfonsina Storni obtuvo un trabajo que hoy llamaríamos de creativa de marketing, y lo ganó ante unos 200 postulantes hombres. Es el momento en que Victoria Ocampo se planteó hacer una revista o que Julieta Lanteri se subía a un cajón para dar discursos sobre los derechos de las mujeres, a cientos de hombres. Todo esto mostraba hasta dónde estaban dispuestas a avanzar y, sin duda, fueron ellas las que dieron los pasos fundamentales y generaron un cambio muy importante, aunque, hay que decirlo, también hubo resistencia femenina. Porque el comienzo de la década del 20 ponía a la mujer en una frontera entre lo que le enseñaron a hacer toda su vida y lo que le estaba proponiendo este nuevo orden. Así que el cambio fue todo un proceso. En líneas generales fue un tire y afloje entre las propuestas de la nueva época y el mundo tradicional de los mayores.

–Cambió también la fisonomía urbana, ¿no es cierto?

–Sí, cambió muchísimo con los transportes, la crecida de los teatros, las radios. Buenos Aires y las principales capitales sufrieron grandes cambios porque además es la época de la masificación del automóvil. Para fines de siglo XIX había algunos, pero en los 20 se popularizaron en una ciudad que no tenía semáforos. En Buenos Aires se juntaban los tranvías con los automóviles y los carruajes, y después apareció el colectivo, además de, por supuesto, los taxis. Era realmente caótico y el centro de la ciudad congregaba transportes de todo tipo. Además, comenzaron a crecer los edificios en altura; el Barolo fue uno de los primeros tan altos, pero tuvo mucha resistencia. El diario Crítica, que era uno de los más populares de aquel tiempo, estaba enfrente y criticaba no solo la obra, sino que tapaba la vista que tenían hasta ese momento. Esos nuevos edificios cambiaron la cara de una Buenos Aires que estaba acostumbrada a edificios de seis a 10 pisos.

El escritor Daniel Balmaceda estará hoy en la Feria del Libro. Foto: Ariel Grinberg.

–Hablando de edificios, en el libro hablás de la historia de “los locos de la azotea”.

–Es muy interesante porque, si bien no fue la primera vez que funcionó una radio en el mundo, ellos lograron tener una constancia en ese tipo de transmisiones. De ese proyecto de un grupo de médicos se valió el mundo. Era tal el suceso de la radio que, por lo general, se juntaban vecinos y vecinas en las casas porque había un aparato cada 15 manzanas, entonces se juntaban a escucharla, sobre todo cuando había algún acontecimiento especial. Hay un recuerdo de Cortázar cuando fue la pelea entre Miguel Ángel Firpo y Jack Dempsey en Nueva York y se transmitió en Buenos Aires en 1923. Él era un niño y recordaba cómo su casa se llenó de gente porque un tío suyo tenía una radio. Y también lo curioso era que la radio no transmitía la pelea, sino los cables de la pelea leídos de una manera teatral para darle un poco de énfasis a la noticia.

–Es interesante lo que contás de cómo se hacen conocidos Quinquela Martín y Gardel, ¿podrías compartirlo?

–Quinquela logra el beneficio de la amistad del presidente de la nación Marcelo T. de Alvear y eso le permite viajar por el mundo, pero también él estaba inmerso en un grupo de artistas y escritores como Alfonsina Storni, Horacio Quiroga y tantos otros. De hecho, se hizo famoso en el mundo por una circunstancia anecdótica, que es que el presidente Alvear recibió al príncipe de Gales y le regaló un cuadro suyo, y desde entonces el pintor boquense se convirtió en un artista requerido en Europa y salió de gira por el mundo a mostrar su obra. En cuanto a Gardel, era una época en que todavía estaba muy concentrada en la música española, en las romanzas, en otro tipo de música no tan tanguera todavía, o mejor dicho, se combinaba todo tipo de música popular. Pero con Razzano, le tocó participar de un agasajo que se le hizo también al príncipe de Gales en una estancia y en el que todos terminaron bailando entre ellos y enseñándole al príncipe distintos tipos de baile locales. Fue una sorpresa para los paisanos que miraban por la ventana cómo estos hombres se abrazaban y bailaban tangos, cuecas y todo tipo de música telúrica.

–¿Fue la crisis del 29 una de las causas por la que se terminaron los Años Locos?

–Sí, se apagaron en el 29 con la crisis, porque los años 20 eran años de consumo, de recreación, de no pensar mucho en el futuro, de vivir el momento e inclusive de endeudarse porque después se veía cómo resolver.

El escritor Daniel Balmaceda estará hoy en la Feria del Libro. Foto: Ariel Grinberg.

–¿Qué quedó de esos años?

–Si hoy vemos una mujer caminando con pantalones es porque se luchó en esa época para conseguirlo. En el año 1928 a una mujer la echaron de un bar de Avenida de Mayo porque estaba con pantalones y fue noticia en los diarios. Es más, no decían en pantalones, decían vestida de amazona. Si vemos un hombre en mangas de camisa es producto también de ese período, porque hubo una campaña del diario Crítica en un verano para que los hombres no fueran castigados socialmente por sacarse el saco y andar en mangas de camisa, también hubo ordenanzas municipales en apoyo a poder usar camisas. Es la época en que aparecen los perfumes, que se aprueba el maquillaje y que el deporte se masifica y aparecen los ídolos deportivos. Se masifica el turismo y los espectáculos. Y eso pasa en todas las grandes ciudades de América Latina: en Asunción, en Santiago de Chile, en Lima y en Mendoza, Córdoba, Rosario, Santa Fe, Paraná, porque además había una multiplicación del periodismo gráfico y se podía ver claramente cuáles eran las modas que se imponían; estaba todo muy al alcance de la mano.

Daniel Balmaceda presenta Los años locos en la Argentina este sábado a las 19 en la sala Carlos Gorostiza del pabellón amarillo.

star111 login

betturkey giris

https://vsetut.uz

lottostar

https://slotcoinvolcano.com

lottostar

super hot slot

hollywoodbets mobile

pusulabet giris

yesplay bet login

limitless casino

betturkey guncel giris

playcity app

sun of egypt 4

moonwin

aviamasters

jeetwin

winnerz

lukki

croco casino

playuzu casino

spinrise

discord boost shop

fairplay

betsson

boocasino

strendus casino

sun of egypt 2 casino

gbets login

playwise365

amon casino

betmaster mx

verde casino

winexch

prizmabet

solar queen

quatro casino login

springbok