En sus últimos días de vida, Jorge Luis Borges solía repetir —cuenta Adolfo Bioy Casares en sus diarios— un proverbio chino: “No hay hombre tan joven que no pueda morir mañana, ni hombre tan viejo que no pueda vivir un año”. Entre la incertidumbre y la postergación, el adagio sugiere también la ilusión de una eternidad, como la que hoy parecen haber conseguido la figura y la obra del escritor argentino, como la que él mismo atribuía a la ciudad donde nació y no pudo, o no quiso, morir. “A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires”, escribió, “la juzgo tan eterna como el agua y el aire”.
A 40 años de la muerte de Borges, ocurrida en Ginebra el 14 de junio de 1986, su literatura y su imaginario son protagonistas centrales de la Feria del Libro que tiene lugar en la capital argentina, con el lanzamiento de nuevas ediciones de sus obras y de estudios biográficos, con muestras y debates sobre su legado y su actualidad.
Apenas traspuesto el ingreso principal de la feria, el visitante se encuentra con la exposición “Borges nacional y universal”. Allí se exhiben tapas de diarios y revistas que, entre los años sesenta y ochenta, llevaron en portada al autor de El aleph. Al resguardo de vitrinas, ejemplares de sus libros en traducciones a múltiples idiomas, del francés, el italiano y el portugués al chino, el árabe y el bengalí, entre otros.
Frente a esa muestra, una instalación propone un recorrido por un laberinto, una forma recurrente en el mundo borgiano. Mientras se escucha la voz del escritor, se transitan pasillos y recodos hasta llegar al centro del espacio, donde una pantalla reproduce una entrevista al escritor. “El laberinto”, dice ahí, con su particular titubeo, “es un símbolo de estar perplejo, de estar perdido en la vida. Yo me siento muchas veces perplejo, casi diría que mi estado continuo es un estado de asombro”.
Si logra salir del laberinto, el visitante llega a una sala que incorpora a Borges en la moda de las muestras inmersivas. Y, unos pasos más allá, a una exhibición de ilustraciones sobre el autor, a cargo de la Asociación de Dibujantes de Argentina.
«40 años sin Borges. 40 años con Borges», se tituló un encuentro organizado en la feria por el grupo editorial Penguin Random House, que presentó su nueva edición de las obras del escritor en tres tomos, ahora divididos por géneros: Cuentos completos, Ensayos completos y Poesía completa. “Borges no escribe una obra al interior de una literatura, inventa y escribe una literatura, una idea de la literatura que antes de él no existía”, planteó en ese encuentro el escritor y docente Martín Kohan, partiendo de ideas formuladas por Alan Pauls en El factor Borges. “Es una literatura que creó a sus propios lectores. Esa es parte de la genialidad y la potencia de Borges”, agregó.
También allí, la profesora e investigadora Magdalena Cámpora observó la diferencia de magnitud entre los tres tomos publicados por Penguin: el de ensayos es el más grueso, el de mayor cantidad de páginas. “Borges dedicó toda su vida a pensar cómo se hacía la literatura”, dijo y señaló la dificultad de encasillar sus textos en géneros: hay escritos que, indistintamente, pueden ser considerados ensayos, poemas o relatos. O nada de eso.
Si bien el nuevo tomo de Ensayos completos incorpora incluso los primeros libros de Borges (Inquisiciones, El tamaño de mi esperanza y El idioma de los argentinos), de los que él abjuró y que en vida excluyó de sus Obras completas, así como también suma algunas de sus conferencias (Siete noches), el volumen no incluye sus numerosos prólogos, ni artículos aparecidos en revistas (como Sur, El Hogar y otras) que nunca compiló en libros. Es decir, su obra ensayística es aún más extensa. El tomo de Poesía completa, por su parte, confirma la tensión entre la obra borgiana y los géneros: aunque incluye El hacedor, faltan los textos en prosa que iniciaban ese libro.
Ante las críticas que alguna vez acusaron a Borges de “europeísta” o “extranjerizante”, Kohan definió que pocos escritores reflexionaron “tan aguda e inteligentemente sobre las estrategias de la condición periférica”. “Cuando Borges piensa la condición marginal de la cultura argentina, no está pensando cómo abandonarla”, lo que supondría validar la prevalencia del centro europeo, “sino que está pensando la potencia de esa condición marginal. Borges hace centro con los márgenes, con las orillas”, dijo, citando la lectura que desarrolló Beatriz Sarlo. “No lo hizo cultivando el folklorismo”, porque “si ofrecés la autoctonía folklórica, ratificás la mirada central”, la jerarquía centro-periferia.
De un modo también contrario a cierto sentido común, el que cataloga a Borges como elitista, Cámpora destacó la participación del escritor en publicaciones populares de su época. “En esa escritura, él no negocia, él piensa que quien lo lee puede seguirlo, propone una relación de iguales en términos intelectuales, de gran respeto por sus lectores”, afirmó. Y vinculó ese rasgo “con un impulso igualitarista de la cultura argentina, donde todos tienen derecho a tener acceso a la cultura”.

Durante la Feria del Libro, que concluye este lunes, también se presentaron diversas obras sobre el escritor nacido en 1899, como Borges y El eternauta: el origen secreto de la gran odisea espacial argentina (Editorial Claridad), de Martín Hadis; o Borges. La colección, una publicación de Alejandro G. Roemmers y Alejandro Vaccaro que ofrece un millar de imágenes relacionadas con el creador de Ficciones: fotos, manuscritos, cartas, objetos y folletos, entre otras cosas.
Entre los estudios presentados, quizá el más saliente sea la biografía Jorge Luis Borges. Un destino literario (Cátedra), de Lucas Adur. Profesor e investigador, Adur indaga con minuciosidad la vida del escritor y examina críticamente la historia personal construida por el propio Borges —matizada por “omisiones, inexactitudes y mitificaciones”—, en pos de reponer su complejidad, los muchos hombres y escritores que fue. “Del adolescente entusiasmado con la Revolucion Rusa y las vanguardias, que se sentía más europeo que argentino”, detalla en el prólogo, “hasta el viejo poeta ciego, un clásico viviente que parecía haber leído todos los libros, pasando por el joven que recorría los arrabales porteños buscando fundar una poesía de Buenos Aires, la vida de Borges fue una de constantes reinvenciones de sí mismo”.










