Los clásicos son maravillosos, especialmente cuando se disfrutan a la distancia. Son partidos aparte, ajenos a cualquier contexto, y la mejor manera de comprobarlo podría llegar a darse esta tarde desde las 16.00 horas de Argentina (transmite DSports) en el Camp Nou, cuando Barcelona reciba al Real Madrid con la chance de convertirse en bicampeón de LaLiga de España y el Merengue sumido en una de las peores crisis de su historia moderna.
A los de Lamine Yamal les alcanza con empatar. En cambio, si gana la visita, que aguarda el regreso de Kylian Mbappé, el resultado sería un balde de agua helada, capaz de postergar la fiesta de uno y apagar por un rato el incendio del otro.
Barcelona aguarda por su rival de toda la vida como ese alumno que tiene su boletín lleno de buenas notas, el guardapolvos prolijito y pasará de grado como abanderado. Bajo la conducción del entrenador alemán Hansi Flick, se transformó en un equipo ofensivo y lleno de talento, que está completando su segunda temporada de dominio absoluto en tierra ibérica. Ahora, está a punto de gritar otra vez campeón porque le lleva 11 puntos al Real, que es escolta, y tras el derbi restarán apenas tres fechas.
El Madrid, en cambio, es el repetidor de la clase, y esta semana lo llenaron de amonestaciones. Si los catalanes ganan todo, los de la Casa Blanca son la cara opuesta porque ahora ni siquiera mandan en la Champions League, su torneo fetiche. La contratación de Mbappé, que prometía títulos y marcha arrasadora, los sumió en una constante de frustraciones y derrotas, de la que logró escapar a tiempo una leyenda como Carlo Ancelotti y que se cobró a un hijo de la casa como Xabi Alonso. Mientras tanto, al interino, Álvaro Arbeloa, ya le buscan reemplazo. La frutillita del postre llegó el miércoles, cuando les explotó el vestuario.
Federico Valverde y Aurélien Tchouameni terminaron al borde de las piñas durante un entrenamiento, y la bronca siguió el jueves, cuando el uruguayo sufrió un golpe en la cabeza que lo obligó a ir al hospital y que por cuestiones de protocolo lo obligarán a hacer reposo durante dos semanas. O sea, el capitán no podrá jugar el clásico tras pelearse con un compañero. Insólito. Fue un cabaret a la española que el club decidió cortar de raíz con una multa de 500 mil euros para cada uno de ellos.
Este domingo, cuando el árbitro Alejandro Hernández Hernández pite el final del derbi 264 de la historia (106 victorias blancas contra 105 azulgranas), el balance de la temporada seguirá siendo el mismo para ambos: Barcelona será campeón este fin de semana o el otro, y en el Real Madrid reinará el caos. Pero el clásico es tan maravilloso que permitirá que unos y otros se olviden por un rato de todo ello.










