Lo mataron solo un día después de que un juzgado de Nueva York pusiera patas arriba a la política sinaloense. En el garaje de su casa, cuando iba a salir con el coche, Homar Salas fue abatido a tiros. También mataron a su escolta, que le acompañaba desde que hacía un mes ya habían intentado asesinarle a balazos en el mismo lugar. Salas acababa de ganar las elecciones a presidente del Sindicato de Trabajadores del ayuntamiento de Culiacán. Unos comicios rodeados de polémica, con candidatos bajándose de la contienda en el último momento y amenazas pintadas en las paredes de la sede del sindicato. El turbio asesinato de Salas se suma a la tormenta desatada por la imputación por narcotráfico del Departamento de Justicia contra el gobernador Rubén Rocha Moya y nueve altos funcionarios. Incluido el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez, al que la oposición lleva tiempo señalando por la opacidad con la que maneja las cuentas públicas de la capital de Sinaloa.










