Estamos viviendo una creciente medicalización del bienestar. Muchas veces se instala la idea de que cansancio, estrés, falta de energía o mal dormir necesariamente responden a “déficits” de vitaminas o minerales, cuando en realidad no todo cansancio es un déficit vitamínico y, de hecho, excepcionalmente lo es. Esto lleva a que las personas procedan a realizarse una enorme cantidad de análisis y tomar suplementos, muchas veces sin evidencia clara de que aporten beneficios. Más análisis no necesariamente significa más salud.
Por supuesto, existen personas con déficits reales o condiciones específicas donde medir y suplementar tiene sentido clínico. El problema aparece cuando esto se transforma en un screening indiscriminado de laboratorios o en una lógica de “optimización” permanente del cuerpo, donde casi cualquiera termina encontrando algún valor “bajo” o “subóptimo” que genera preocupación, convirtiendo a personas sanas en pacientes.
No todo lo que promete optimizar la salud tiene evidencia de impacto clínico real»
Esto no les gusta a los autoritarios
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Desde la medicina basada en evidencia y la atención basada en valor, la pregunta no es solamente si algo puede modificar un valor de laboratorio, sino si mejora realmente resultados importantes para las personas: síntomas, calidad de vida, funcionalidad o salud a largo plazo. La pregunta importante no es si sube una vitamina en sangre, sino si eso mejora algo relevante para la vida de la persona. No todo lo que promete optimizar la salud tiene evidencia de impacto clínico real.
También es importante recordar que “natural” no significa necesariamente inocuo. Los suplementos pueden tener costos, interacciones, efectos adversos y además desviar la atención de variables con mucho más impacto en salud, como sueño, alimentación, actividad física, salud mental y vínculos.
La medicina basada en evidencia intenta justamente diferenciar necesidades reales de consumo impulsado por el marketing»
A veces terminamos poniendo el foco en micronutrientes y perdiendo de vista determinantes mucho más importantes de salud.
Creo que hay un enorme componente de marketing y de creación de necesidades alrededor de este tema, apoyado muchas veces en mensajes simplificados o alarmistas en redes sociales. La medicina basada en evidencia intenta justamente diferenciar necesidades reales de consumo impulsado por el marketing. Es ahí donde está el desafío, de volver a una medicina más prudente, más personalizada y menos centrada en perseguir números aislados de laboratorio.










