La Plaza Seeber volvió a convertirse este domingo en el corazón mundialista de Buenos Aires. Pero a diferencia de los partidos anteriores, esta vez hubo un solo Fan Fest oficial y miles de hinchas eligieron ese rincón de Palermo para compartir la final entre Argentina y España. Nadie quiso verla solo. Había camisetas de todas las épocas, banderas atadas al cuello, cornetas, reposeras, termos de mate y familias enteras que llegaron varias horas antes para conseguir un buen lugar frente a las pantallas gigantes.
Después de una madrugada lluviosa, las nubes siguieron cubriendo el cielo durante toda la tarde. El gris del clima contrastaba con el celeste y blanco que dominaba cada rincón de la plaza. La espera tenía un protagonista inevitable: Lionel Messi. Aunque todavía faltaban 90 minutos por jugar, muchos ya hablaban del partido como una despedida, o como una victoria por el simple hecho de tenerlo a él.
Esa sensación atravesaba buena parte del predio: el deseo de ganar convivía con el agradecimiento por haber compartido otra final con el capitán argentino.
Cuando el árbitro dio el pitazo inicial, la plaza quedó en silencio por apenas unos segundos. Después llegaron los primeros cantos. Cada recuperación de pelota despertaba aplausos y cada avance español hacía contener la respiración. A medida que pasaban los minutos, los hinchas empezaron a seguir el partido casi sin hablar. Solo se escuchaban las reacciones espontáneas ante cada jugada.
La fe sigue intacta
El entretiempo encontró a los equipos igualados 0 a 0. El alivio por seguir con vida se mezclaba con la ansiedad. Los termos aparecieron otra vez y el mate volvió a circular entre familias y grupos de amigos, una forma de combatir el frío y también de bajar un poco la tensión.
«Vamos con buenas energías, esperanzas y fe», le dice a Clarín Natalia González, correntina radicada en Buenos Aires, mientras mira la pantalla sin dejar de abrazar una bandera argentina.
A pocos metros, Ornella Miró se ríe y dice a este diario: “Yo ya no sé a qué santo invocar».
Una multitud en el Fan Fest de Palermo. Foto Santi García Díaz Pese a que el entretiempo fue más largo por el show, nadie se aleja demasiado de las pantallas. Algunos aprovechan para estirar las piernas o buscar algo caliente para tomar. La mayoría permanece donde está. Hay que esperar que en el segundo tiempo la cosa cambie.
Cada uno pelea con los nervios como puede
Cuando comienza la segunda mitad, la plaza recupera el silencio de los momentos decisivos. Los hinchas vuelven a acomodarse casi por instinto. Nadie quiere perder un centímetro de visión de la pantalla. Las conversaciones desaparecen y quedan apenas algunos comentarios o frases desde la hinchada.
El nerviosismo empieza a sentirse de distintas maneras. Mauro Ocaranza se aleja unos metros de la multitud. Busca refugio debajo de un árbol, sostiene una gaseosa en una mano y un rosario en la otra: “Me vine acá al costado porque me puse tan nervioso allá entre la gente que necesitaba aire. Vine con mis amigos, pero los dejé porque no puedo ni ver el partido de los nervios», cuenta.
La bandera argentina, en la Plaza Seeber. Foto Santi García Díaz A pocos metros, un padre aprieta fuerte la mano de su hijo cada vez que Argentina cruza la mitad de la cancha. Una mujer cierra los ojos antes de cada pelota parada. Un grupo de amigos ya ni canta: sigue el partido en absoluto silencio, con la vista fija en la pantalla.
El operativo policial permanece desplegado alrededor de todo el predio. Los efectivos siguen de cerca el movimiento del público, que acompaña cada jugada con una intensidad creciente.
Los hinchas en el único Fan Fest que se armó este domingo. Foto Santi García Díaz La expulsión de Enzo Fernández modifica el clima de golpe. El murmullo se transforma en protesta. Varias decisiones arbitrales generan silbidos y gritos que recorren la plaza casi al mismo tiempo. Ya no hay lugar para la calma: cada pelota se vive como si fuera la última.
El golpe final
Con el partido ya en el alargue, el desgaste también se nota en la plaza. Muchos siguen de pie desde hace horas. Otros ya no encuentran posición y caminan unos pasos, vuelven, se agarran la cabeza, respiran hondo. Cada ataque argentino despierta una ilusión nueva. Hasta que llega el golpe.
El gol de España, apenas comenzado el segundo tiempo suplementario, cae como un baldazo de agua fría sobre Plaza Seeber. El lamento es inmediato y unánime. Los hinchas se toman la cabeza, también están quienes se tapan la cara. El silencio dura apenas unos segundos antes de que alguien vuelva a hinchar.
Desazón. Por el resultado del partido. Foto Santi García Díaz «¡Aguante, corazón, aguante!», se escucha más de una vez entre la multitud.
Nadie deja de creer. Las banderas siguen en alto. Los amuletos pasan de mano en mano como si todavía pudieran cambiar la historia.
La ansiedad de los hinchas en el Fan Fest. Foto Santi García Díaz «Dibu hizo más de lo que podía», alcanza a decir Jorge Herrera, con los ojos fijos en la pantalla y un gorro de Argentina en su cabeza.
El pitazo final termina de confirmar la derrota, pero no rompe el espíritu colectivo que se armó durante toda la tarde. Las lágrimas aparecen enseguida. También los abrazos entre desconocidos. Muchos permanecen quietos mirando la pantalla, como si necesitaran unos minutos para entender que el Mundial terminó. Tal como sucedió con los jugadores, que se quedaron casi inmóviles tras el resultado.
Tristeza. En el final del partido.Foto Santi García Díaz
Después llegan los aplausos. Primero tímidos. Luego, cada vez más fuertes. El nombre de Lionel Messi, el más grande, empieza a repetirse desde distintos sectores de la plaza hasta convertirse en un único canto.
Argentina no ganó el partido, pero la ovación para su capitán tapa por un momento la tristeza. Entre la decepción por la derrota y el orgullo por otra final disputada hasta el último minuto, miles de hinchas permanecen unos instantes más en Plaza Seeber. Cuesta irse. Cuesta aceptar que el Mundial llegó a su fin y que, quizás, también se haya cerrado el último capítulo mundialista del futbolista que marcó para siempre la historia del fútbol.










