Una de las salas de la Fundación Klemm se ha convertido en una acogedora –y algo misteriosa– cueva, para recibir la poética visual de Malena Pizani. Valdría más ser parte del barro reúne fotografías de rostros que se ocultan y manos anónimas que develan y sostienen pequeños grabados, instalaciones que conjugan esas mismas obras junto a objetos que cargan con el pasado e introducen fragmentos de la intimidad y esculturas de rostros que se derriten, como si por cargar con el peso de la humanidad, necesitaran reposar en el submundo.
Lecheritas, jarrones y floreros de cobre que alguna vez habitaron la casa de sus abuelos, se ubicaron años más tarde en los rincones del taller de Pizani. Ella los usaba para apoyar –como flores en una vasija– los esgrafiados que estaba haciendo para la muestra.
Hasta que, a raíz de una observación de Sofía Dourron, curadora de la muestra quien le sugiere que los presente de esa manera, se transforman en una de las piezas centrales, asumiendo la culminación de su trabajo a partir de un gesto impensado, ligero y frágil, que aporta un aire incierto y melancólico que se percibe a lo largo de toda la sala.
«Me gustan los cuentos y las canciones de niños de antes, donde había algo levemente espeluznante, pero que advertía algo. En esa sintonía aparecen muchas imágenes de máscaras que incluyo en mis trabajos, que más que tapar, muestran y permiten salir al afuera. Como si se tratara de un mecanismo para sobrevivir en esta realidad». advierte Pizani.
De todos nosotros
Esos personajes, que según explica, «tienen algo de todos nosotros y también un poco en mí», conviven con fondos donde predominan telas plegadas que crean montajes similares a las obras de títeres de los cumpleaños de una niñez ya extinguida.
En cada escena, la artista deja capas de materia, que esconden información y que recuerdan a los formatos tradicionales del arte sacro, con sus figuras simples que le advierten a la mirada que hay mucho más de lo que se percibe a primera vista.
Bifaz, fotografía digital toma directa, de Malena Pizani en la muestra Valdría más ser parte del barro. Foto: gentileza.Las manos por su parte, asumen el desafío de sostener y acompañar los relatos que se van conformando a medida que Pizani encuentra elementos que la interpelan y despiertan algo.
En este juego, permite que las imágenes aparezcan sin la necesidad de diagramar o diseñar de antemano. Regirse por la intuición la ha llevado a convertirse en una maga que logra crear escenas sin forzar y una astuta conocedora de los materiales que utiliza una y otra vez.
La fragilidad es otro factor que se percibe, incluso en las puestas en escena que luego se transforman en fotografías. A cada paso hay una sensación de que algo pueda caer o correrse de su lugar con un soplido.
En ese juego, la artista elige utilizar materiales pedestres como el papel crepé, la soga o el fieltro, que se camuflan en una falsa pretensión al parecer algo mucho más sofisticado de lo que realmente son. «Acumulo materiales hace casi 15 años. Son cosas que voy juntando y luego uso en diferentes obras, por lo que se repiten hasta que en un punto empiezan a emparentarse y volverse familia».
Esa constancia visual le da al trabajo de Pizani una identidad muy propia, que poseen pocos artistas, donde si se pasa por delante de un trabajo, inmediatamente se identifica a su autora. En este caso, esa habilidad se encuentra en los detalles físicos y táctiles.
Danzas y máscaras (Ikebana), instalación de jarrones de cobre y esgrafiados, de Malena Pizani en la muestra Valdría más ser parte del barro. Foto: gentileza.«Cuando creo me gusta dejar las cosas libradas a la suerte, aunque al mismo tiempo necesito hacerlo todo. Incluso a veces mis resoluciones y formas de trabajo me resultan ridículas, ya que podría hacer las cosas de forma más rápida y menos artesanal, usando herramientas y soluciones que ya existen. Sin embargo, esta es la única manera que encuentro de hacer. Rendida a lo manual».
Pensadas para este momento
En ese devenir se planta el contacto entre Pizani, sus manos y todo lo que toca, donde evidencia aquello que le gusta y lo que descarta o percibe que no va a funcionar. Mientras señala la fotografía que el año pasado ganó el Premio Klemm y que le permitió poder hacer esta exposición, comparte: «Con ese tríptico construí el relato para el resto de las obras, ya que cada una de las piezas aquí presentes fueron pensadas para este momento».
Sala Bonino Fundación Klemm, de Malena Pizani en la muestra Valdría más ser parte del barro. Foto: gentileza.Traer el teatro a las artes visuales, donde se preserva la ficción y se pacta un acuerdo es otro elemento primoridal, donde pasan cosas más allá de la escena que se presenta y quienes forman parte.
Sobre eso analiza: «Me gusta crear por fuera de la realidad. Como dice Tarkovski, hay dos tipos de cineastas, los que hacen películas en base a lo que ven en el mundo y los que crean el suyo propio. En ese plano, siento que hace tiempo vengo trabajando en la construcción de una narrativa que se va construyendo en el hacer».
Payasa, fotografía digital toma directa, de Malena Pizani en la muestra Valdría más ser parte del barro. Foto: gentileza.Los personajes de Pizani, están ligados a distintas emociones que le toca transcurrir a cada persona en algún estadío de la vida, así como recalan en diferentes momentos sociales, que pueden significar cambios y transformaciones. «Me convocan instancias relacionadas con el duelo, la tristeza y lo emocional en lo que represento, ya que jamás tomo decisiones vinculadas a mi obra de manera fría».
Valdría más ser parte del barro, de Malena Pizani en Fundación KLEMM, Marcelo T. de Alvear 626, Galería Embassy.









