El brillo de los niños, de Gustavo Valle (Caracas, 1967), es una novela de viaje que cuenta las aventuras de los pequeños hermanos Yoisiberth, de 11 años, y Gusmarling, de 15, quienes recorren trabajosamente un territorio que, a pesar de que el texto no lo explicite, bien podría ser Venezuela, llevando las cenizas de su abuela Adela y buscando a su tío Amílcar, a quien nunca han visto. El libro se abre con dos epígrafes que marcan dos líneas posibles de lectura. El primero, de Fernando Pessoa, bajo el seudónimo de Álvaro de Campos, afirma que “más vale ser niño que querer comprender el mundo”. El segundo, del senador de la antigua Roma, Marco Cornelio Frontón, se refiere a la errancia y a un desplazamiento no necesariamente literal sino más bien simbólico: “Errantes, dispersos, no caminan para llegar a un lugar, sino al atardecer”. Por un lado, la novela construye un universo percibido desde la mirada de los hermanos: la niña Yoisi es asaltada por visiones o premoniciones, algo que sólo ella percibe, frente a un racionalismo de los adultos visto como chato y mediocre por el mismo texto; en tanto, el adolescente Gus, de gran sensibilidad poética y musical (al igual que su hermana) lleva un diario de viaje donde anota impresiones y recuerdos para registrar (su abuela antes también había llevado un diario: “Mientras escribo mi diario, el mundo está conmigo y yo con él, pero cuando dejo de hacerlo el mundo se aparta y quedo al margen. (…) Entonces es una manera también de poblar el lugar donde estoy, llenarlo con el eco de mi soledad”). Por el otro, el viaje y la aventura marcan el tiempo narrativo, los momentos de tensión y de suspenso en donde la trama fluye y se dispara hacia adelante vertiginosamente, intercalados con escenas de reposo y reflexión sobre lo que se acaba de vivir o lo que vendrá.
El brillo de los niños está construido en base a varias elipsis y recuerdos del pasado. No se sabe exactamente por qué han muerto los padres de los protagonistas (aunque se sugiere que hubo un tema de drogas) ni se identifica con exactitud si se trata de una Venezuela distópica, arrasada por algún tipo de catástrofe (Yoisi y Gus hablan de un terremoto y de un huracán recientes, pero el resto de los personajes parece no comprenderlos); sin embargo, el texto algo sugiere: “Muchedumbres en los aeropuertos, terminales colapsadas. Una reportera hablaba de debacle; otro, de cataclismo”.
La novela combina y mixtura géneros y formas variadas: en algunos capítulos, la narración se metamorfosea en guion cinematográfico para narrar por ejemplo el encuentro de Yoisi con unos hombres del hampa; más adelante parece hacer una pausa para dar pie a unos fragmentos de las Iluminaciones, de Arthur Rimbaud, leídos por Gusmarling.
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A modo de epílogo, el autor explicita una serie de títulos literarios que lo influyeron, que van desde Baudelaire, Coetzee, los hermanos Grimm a Juan José Saer. El brillo de los niños funciona como una gran máquina narrativa de citas y reinvenciones.
El brillo de los niños
Autor: Gustavo Valle
Género: novela
Otras obras del autor: Materia de otro mundo; Ciudad imaginaria; La paradoja de Ítaca; Bajo tierra; Amar a Olga; Happening
Editorial: Pre-textos, $ 45.000









