El Mundial 2026 fue, entre otras cosas, un desfile de marcas. En Nueva York antes de la final, los jugadores de la selección argentina se dejaron ver con su equipaje personal, que variaba entre modelos exclusivos de las firmas Louis Vuitton y Goyard, carteras Hermès y relojes de alta gama en combinación con la indumentaria de AFA.
Las imágenes, que en el pasado eran solo la ilustración de una información deportiva, ahora son un segmento ineludible en las secciones de estilo y buen vivir de los medios, además de comidilla de las redes sociales.
Así se cierra el círculo de la “economía del enriquecimiento” que identifican Luc Boltanski y Arnaud Esquerre en el libro Enriquecimiento. Una crítica de la mercancía: la valorización de un objeto antes funcional, como un bolso de viaje y un reloj, que se presenta con como algo distintivo no por su utilidad sino por su preciosidad, su diferencia y su precio, a menudo bajo el aura de obra de arte.
Boltanski y Esquerre parten de estas aparentes nimiedades para dar cuenta de un desplazamiento enorme en el capitalismo contemporáneo, sobre todo en Europa occidental.
Perspectiva sociológica
La profundidad de su crítica proviene de su perspectiva sociológica: para ellos, es necesario prestar atención a los cambios del orden capitalista a partir de la mercancía y de la forma en que esta cambia de manos. Es decir, la forma en que una cosa adquiere un precio y el modo en que se pone en circulación. Para observar, en última instancia, hasta dónde se está corriendo el límite de lo mercantilizable.
Con “economía del enriquecimiento”, Boltanski y Esquerre buscan explicar el cambio en las formas de generar riqueza en el mundo occidental. Un cambio marcado por la desindustrialización y por la explotación de recursos antes marginales, como la cultura, las artes, las antigüedades, el turismo y el lujo. Por separado, dicen los autores, estos segmentos no son económicamente significativos.
Pero si se presta atención a sus interacciones, surge un punto común: se basan en la explotación del pasado y en formas de acumulación que desprecian la equidad.
Esta economía se distingue por no basarse en la producción de cosas nuevas, como fuera en la era industrial, sino de enriquecer cosas que ya existen, incluso cosas que antes eran consideradas residuos, a través de la patrimonialización, la conversión turística y la forma colección.
Esas cosas, que pueden ser desde una escultura art brut hasta un vino regional, son revalorizadas a través de un relato que las dota de una historia para justificar su precio. No hay valor intrínseco para Boltanski y Esquerre; lo que hay son dispositivos que las personas usan para ponerle precio a una cosa. El precio es circunstancial y no tiene sentido fuera de la relación comercial.
La economía del enriquecimiento se vale de eso para aumentar significativamente el precio de cosas que antes se desechaban, y para llevar al extremo los márgenes de beneficio.
Louis Vuitton es uno de los casos que sirven a los autores para argumentar su teoría. En esta economía que enriquece cosas del pasado, también se producen cosas nuevas que indexan su valor al pasado, como los famosos bolsos.
Estos se fabrican en talleres deslocalizados en países de leyes laborales débiles, como tantos otros productos, pero ese origen se obtura para remitir el objeto a su pureza de marca, que está asociada a los valores de artesanía, exclusividad y estilo de vida francés.
La firma, que a pesar de su reputación boutique forma parte desde 1987 del grupo LVMH, es uno de los casos más exitosos de una tensión fundamental para entender la economía del enriquecimiento: la de la forma estándar y la forma colección. La forma estándar, que replica un prototipo por miles, es idiosincrática de la sociedad industrial.
La colección, en cambio, es una forma de acumulación definida por las diferencias y las lagunas dentro de una serie de objetos similares, y que es capaz de crear valor por sí misma: es lo que define al mercado del arte. Louis Vuitton maximiza sus beneficios al producir de forma estándar pero vender a precio coleccionista.
Luc Boltanski y Arnaud Esquerre son autores de Enriquecimiento. Una crítica de la mercancía (Anagrama). Fotos: gentileza.Un “capitalismo integral”
Esa brecha, dicen Boltanski y Esquerre, es la que expande la economía del enriquecimiento a todas las mercancías para explotar el poder adquisitivo de los más ricos e incrementar como nunca sus ganancias. Es un “capitalismo integral” por el cual los gastos de los ricos aportan a la prosperidad del capital, porque los precios solo pueden subir. Un doble beneficio que abona a la teoría de que la explotación ha devenido exclusión.
Al estar asociado a una nación –Francia–, a un creador –Louis Vuitton, que en vida no se destacó entre sus colegas–, a las artes y la moda –sus modelos son presentados como colecciones de autor– y finalmente a personas notables –las estrellas del fútbol–, la firma crea un storytelling de exclusividad que no es tal. Porque los bolsos Louis Vuitton se manufacturan por miles como muchos otros, y sirven para lo mismo. Cualquiera puede tenerlos, siempre que pueda pagarlos.
Esta forma de funcionamiento de la economía, que antes se reservaba a mercados como el del arte, se amplió a todos los ámbitos, y trastocó la vida en regiones enteras de Francia, que son para Boltanski y Esquerre muestra de un cambio más grande que los indicadores económicos de la era industrial no logran captar.
Los autores remarcan la necesidad de ver esta nueva forma de economía como una evolución capitalista que logra incrementar la mercantilización y obtener un beneficio máximo sin innovar ni invertir, sino manteniendo una barrera ficticia entre las cosas ordinarias y las de excepción, que no es otra cosa que un truco para aumentar su precio y aumentar su rédito.
Enriquecimiento. Una crítica de la mercancía, de Luc Boltanski y Arnaud Esquerre (Anagrama).









