En la previa de Roland Garros, había una gran pregunta dando vueltas por el club de Bois de Boulogne: «¿Podrá alguien frenar a Jannik Sinner y evitar que gane el único Grand Slam que no tiene en sus vitrinas?». Este jueves, Juan Manuel Cerúndolo dijo que sí. El porteño dio el gran batacazo en el Major francés, ese que antes del inicio del certamen parecía imposible, y doblegó al gran dominador del circuito en esta temporada y único candidato serio a gritar campeón. Aunque no lo hizo solo, como admitió después de su victoria, porque el derrumbe físico del italiano lo ayudó a imponerse por 2-6, 3-6, 7-5, 6-1 y 6-1 y meterse por primera vez en su carrera en la tercera ronda de un «grande».
El duelo que abrió la jornada en el imponente Philippe Chatrier fue una batalla de tres horas y 36 minutos, que el número uno del mundo dominó sin problemas hasta que, cuando estaba 5-1 en el tercer parcial, sufrió un bajón físico y de energía enorme. Juanma vio su oportunidad y no la dejó pasar: sacó lo mejor de su tenis, se fue soltando cada vez y no se apuró, jugó de manera inteligente, haciendo sentir incómodo a su rival y eligiendo muy bien qué pelota poner en qué lugar. Y terminó doblegando a un adversario que había llegado a París con un cartel de «invencible» pegado en la espalda, para abrir el cuadro de un torneo que ahora cualquiera puede ganar.
¿Qué fue lo que afectó a Sinner? Durante el partido, pareció que el calor y las durísimas condiciones en las que se viene jugando el certamen desde su arranque habían jaqueado la salud del máximo favorito. Sin embargo, poco después Jannik contó que ya por la mañana no sentía bien y afirmó: «Al principio estaba jugando muy bien, muy limpio, y de repente fue como chocarme contra la pared y eso fue todo. Me quedé sin fuerzas. No conseguía encontrar la energía necesaria. Era una situación complicada. Pero así es este deporte. Hacía calor, pero no un calor insoportable. Creo que las condiciones para jugar eran bastante buenas. No tenía nada que ver con el calor. Ni con el tiempo. Simplemente era cosa mía hoy. Estas cosas pasan«.
«Empecé a sentirme muy mareado. Muy bajo de energía. No me acuerdo la última vez que me sentí tan débil. Intenté mantenerme en cancha con todo lo que tenía hoy. Esto fue lo máximo que tuve. El cuarto set lo dejé ir un poco tratando de tener un poco más de energía en el quinto, pero no pude mantenerlo. Luego todo fue un poco cuesta abajo. Igual, no quiero quitarle mérito a él, jugó un partido muy sólido, especialmente al final», agregó el italiano.
Cerúndolo, 56° del mundo, se convirtió en el tenista de menor ranking en ganarle a un líder de la clasificación en Roland Garros desde que el paraguayo Ramón Delgado (97°) venció a Pete Sampras también en la segunda ronda de 1998. Y fue una mezcla de felicidad y humildad tras su trabajada victoria.
«Tuve suerte, la verdad. Obviamente yo puse lo mejor y traté de jugar mi mejor tenis. Pero tampoco me voy a agrandar, porque la verdad es que no le estaba pudiendo sacar más de tres games por set. Era 6-2, 6-3 y 6-1 el partido. Él merecía ganar. Y creo que se acalambró justo», reconoció sin problemas el porteño, de 24 años. Y, aunque no pudo ocultar su alegría, agregó: «Mi parte obviamente la hice bien y cumplí. Pero no quiero decir que le gané porque fue un tema más de él que mío».
Por mérito propio o con ayuda extra, lo cierto es que esta victoria de Cerúndolo quedará en las estadísticas históricas del tenis argentino y mundial.
Juanma frenó una versión intratable de Sinner, que no perdía desde el 19 de febrero, cuando cayó en cuartos de Doha ante Jakub Mensik. El italiano llevaba ganados 30 partidos al hilo, con consagraciones en los primeros cinco Masters 1000 del calendario, Indian Wells, Miami, Monte-Carlo, Madrid y Roma, con el que completó el pleno en las nueve citas de esta categoría. Y estaba invicto con 18 triunfos en la gira europea de polvo de ladrillo, en la que se había convertido en apenas el segundo hombre en la historia en coronarse en los tres torneos de ese nivel previos a Roland Garros, después de Rafael Nadal en 2010.
«Nadie es un robot. Nadie está hecho para no fallar nunca. Hoy salió así. Hoy simplemente no encontré la manera… Lo que normalmente no me pasa», se lamentó Sinner, sin poner excusas.
El porteño cortó una sequía de casi ocho años sin victorias argentinas ante un número 1. La última había sido la de Juan Martín Del Potro en las semis del US Open 2018 ante Nadal. Una curiosidad: el tandilense era entrenado en ese momento por Sebastián Prieto, el mismo coach que hoy trabaja con Juanma.
Delpo se retiró con diez victorias ante rivales ubicados en lo más alto del ranking, tres ante el mallorquín, tres ante Novak Djokovic y cuatro ante Roger Federer. Los otros representantes albicelestes que habían logrado antes esa hazaña son Guillermo Vilas (4), David Nalbandian (3), Guillermo Cañas (3), José Luis Clerc, Mariano Zabaleta, Agustín Calleri y Gastón Gaudio (uno cada uno).
Nalbandian había sido el único que había remontado una desventaja de dos sets a cero. Fue ante Federer en la final del Torneo de Maestros de Shanghai en 2005. Y los tres que vencieron a un número 1 en un Grand Slam fueron Del Potro -al suizo en la final del US Open 2009 y a Nadal en esas semis en Nueva York en 2018-, Cañas -a Lleyton Hewitt en los octavos en París en 2002- y Vilas -a Jimmy Connors en el duelo por el título en Flushing Meadows en 1977-.
El menor de los Cerúndolo se convirtió además en el quinto en bajar a un N° 1 en primera o segunda ronda en París, después de Sergi Bruguera a Stefan Edberg en 1990, Delgado a Sampras en 1998, Dominik Hrbaty a Yevgeny Kafelnikov en 1999 y Karol Kucera a Andre Agassi en 2000. Y en el cuarto en dar vuelta un 0-2 en un Grand Slam ante un jugador ubicado en esa posición. Antes lo habían hecho Andrew Pattison en el US Open de 1973 ante Ilie Nastase; Ivan Lendl en el Major francés de 1984 ante John McEnroe; y Carlos Alcaraz en la final de la pasada edición de este torneo ante Sinner.
La victoria de Juan Manuel abrió completamente el cuadro de Roland Garros, que no tendrá ni al número 1 ni al número 2 (Alcaraz, ausente por lesión) en la tercera ronda por primera vez desde 1990, cuando Lendl (1°) no jugó y Edberg (2°) perdió en el debut.
Con el italiano fuera de carrera, quizás Djokovic agrande su leyenda y se dará el gusto de conquistar su 25° Grand Slam, la gran motivación del último tramo de su carrera. Tal vez Alexander Zverev logre romper la maldición en los Major y levantará su primer trofeo en este nivel. O alguno del montón de tenistas talentosos que hoy viven a la sombra de Jannik y Carlitos –Casper Ruud o Andrey Rublev, por ejemplo- se animará a soñar en grande y sorprenderá con un festejo en París.
La única certeza hoy es que por primera vez desde el US Open 2023, habrá un campeón de Grand Slam que no se llamará ni Sinner ni Alcaraz.
¿Y qué significa este triunfo -el primero en tres intentos ante un top 10- para Cerúndolo? Primero, el pase a la tercera ronda, donde chocará con el español Martín Landaluce, que derrotó por 1-6, 2-6, 6-4, 7-5 y 6-0 al checo Vit Kopriva. Segundo, su mejor actuación en un Grand Slam (había perdido en segunda instancia en Nueva York en 2023 y en este certamen el año pasado). Y tercero, aunque él le haya quitado peso por el bajón de su rival, un empujón enorme en una temporada en la que venía jugando un gran tenis y estaba afianzándose otra vez entre los mejores del ranking, tras varios años luchando con las lesiones y la falta de confianza.
Juanma, el jugador que sorprendió en 2021 al coronarse en Córdoba en su debut absoluto en el cuadro principal de un ATP con solo 19 años, dejó definitivamente en el pasado esa pesadilla y este miércoles celebró en el polvo de ladrillo de París una victoria que parecía imposible. Para los libros de historia.










