El City de Guardiola se despide en familia | Fútbol | Deportes

El City de Guardiola se despide en familia | Fútbol | Deportes


El capitán lloraba. Se le caían las lágrimas a Bernardo Silva desde que se puso las botas para jugar su partido 460 con el Manchester City, el último, en la última jornada de una Premier perdida en la penúltima jornada. Él había levantado seis, pero lloró desconsoladamente cuando en el túnel que conducía al campo se encontró con sus compañeros, con las familias de todos, con los perros y las mascotas, con su mujer Inés Tomaz, y con su hija Carlota, que lo cogieron de la mano hasta la cancha para disputar un partido sin importancia con el Aston Villa. Porque el Etihad no se citó para acoger un espectáculo deportivo sino para celebrar un homenaje de despedida del pequeño portugués y de su jefe, Pep Guardiola, discípulo y profeta, creadores de una dinastía que durante 10 años gobernó el fútbol inglés hasta convertir al City en la referencia ineludible de la Premier. Un modelo estético, deportivo y económico que todos los propietarios de los grandes clubes ingleses —a excepción del United— buscan reproducir.

1


James Trafford, Rúben Dias, Nathan Aké (Rayan Aït-Nouri, min. 76), John Stones (Josko Gvardiol, min. 77), Rico Lewis, Savinho, Nico González, Bernardo Silva (Mateo Kovacic, min. 58), Antoine Semenyo (Rayan Cherki, min. 57), Tijjani Reijnders (Jérémy Doku, min. 76) y Phil Foden

2


Marco Bizot, Tyrone Mings, Ian Maatsen, Andrés García (Matty Cash, min. 45), Victor Lindelöf (Pau Torres, min. 72), Douglas Luiz (Youri Tielemans, min. 72), Lamare Bogarde (Amadou Onana, min. 72), Emiliano Buendía, Leon Bailey, Ross Barkley (John McGinn, min. 85) y Ollie Watkins

Goles
1-0 min. 22: Antoine Semenyo. 1-1 min. 46: Ollie Watkins. 1-2 min. 61: Ollie Watkins

Arbitro Andy Madley

Tarjetas amarillas
Rico Lewis (min. 81)

Mikel Arteta, el entrenador del Arsenal, último campeón, es el caso más evidente. Era ayudante de Guardiola en 2019 cuando los Kroenke, dueños del Arsenal, le pidieron que replicara el artefacto que tanta audiencia producía allá en el norte. Después de todo, además de jugar un fútbol divertido y acumular más títulos que nadie, desde la llegada del catalán en 2016 el club aumentó sus ingresos de menos de 450 millones de euros por curso a más de 800 millones. El City, con Bernardo Silva como líder, pasó de ser un club provinciano a convertirse en un gigante de Europa, además de la obra más personal y entrañable de Guardiola.

“No creo que vuelva a sentir un amor así en lo que me queda de vida; ¡sois mi familia!”, dijo Bernardo, micrófono en mano, dirigiéndose a la multitud reunida en el Etihad después de perder 1-2 ante el Aston Villa de Unai Emery. El técnico vasco ofició contento de animador de la ceremonia. El abrazo con Guardiola dio comienzo a una fiesta cuidadosamente diseñada para sentar un hito. Los protagonistas fueron Guardiola, los jugadores, y los empleados del club, hasta el último celador. El presidente, Khaldoon Al Mubarak, se limitó a saludarlos desde una pantalla gigante.

La hinchada, apretada sin moverse de los asientos, lleno total, cantaba «Cos we‘ve got Guardiola, we’ve got Guardiola», el himno oficioso, siguiendo las notas de Glad All Over de los Dave Clark Five.

“¿Por qué me queréis tanto?”, les inquirió Guardiola, nada más recoger el micrófono, nervioso sobre el césped. “Ha sido un tremendo honor estar aquí estos diez años. Esperamos haberos proporcionado…”. La muchedumbre no le dejó seguir: “¡Diez años más! ¡Diez años más!”, gritaban. El estadio temblaba y Guardiola miraba la hierba y negaba con la cabeza, divertido ante la broma. En un rincón del palco le contemplaba su padre Valentín, el famoso paleta, embutido en un terno. Él también se secaba las lágrimas.

“Ayer llegó mi padre a Mánchester, a sus 94 años…”, dijo Guardiola, girándose hacia la tribuna que lleva su nombre, recién inaugurada para 7.000 espectadores. “En esta grada que luce tan bonita podrá sentarse mi familia en los días de partido. Mi madre estará mirándonos desde arriba y yo estaré ahí controlándolos a ustedes”.

Guardiola señaló a sus jugadores. Pocas veces un entrenador en el máximo nivel provocó un crecimiento más generalizado en una plantilla. Su hazaña menos visible consistió en prolongar la dinastía en la precariedad. El portentoso manto financiero del conglomerado soberano de Abu Dhabi que posee el club ocultó una realidad que propios y extraños procuraron omitir. Desde la conquista de la Champions en 2023, los fichajes incorporaron más servidumbres que beneficios inmediatos. La dirección deportiva invirtió en torno a 700 millones de euros en renovar una plantilla de la que salieron De Bruyne, Mahrez, Julián y Gündogan con futbolistas sin apenas experiencia obligados de inmediato a sostener el nivel del equipo más exigente del mundo.

Matheus Nunes había terminado la Premier en 13ª posición con el Wolves cuando le contrataron tras la salida de Gündogan al Barça. Le siguió Nico González, que después de quedar tercero en la Liga de Portugal con el peor Oporto de la década, descubrió que en Mánchester le esperaban para darle el timón de Rodri. Tijjani Reijnders, otro mediocampista con el encargo de llenar el vacío dejado por Gündogan, se había destacado en un Milan que no fue capaz de clasificarse para la Champions en 2025… Así sucedió con Doku, Marmush, Savinho, Semenyo, Khuzanov… Todos los fichajes exigeron saltos cualitativos descomunales.

Gracias a Pep Guardiola y a su lugarteniente Bernardo Silva, el equipo se recompuso sin perder el fuego competitivo ni —salvo por un lapso en el invierno de 2024-25— la excelencia de su fútbol. Más equilibrado y compasivo que nunca, el entrenador alcanzó una nueva cota. A sus 55 años, acabó su obra como dirigió su fiesta de despedida. Fiel a su máxima: “Lo más importante en esta vida es que te quieran”.

Tottenham, salvado; Chelsea, sin Europa

“Si eres aficionado del City y cualquier día me ves paseando por una calle de Europa, o de Manchester, o de América… ¡ven y dame un abrazo! ¡Los quiero mucho!”

Pep Guardiola se despidió de esta manera de los 50.000 seguidores que acudieron al Etihad Stadium para despedirse. El sentimentalismo inglés y la eficacia catalana —2,28 puntos por partido de media en Premier desde 2016 superaron el promedio de 2,16 de Sir Alex Ferguson— cebaron una bomba emocional en Manchester. La velada se estiró dos horas después de finalizada una jornada triste para el West Ham, que bajó a la Championship a pesar de ganarle al Leeds (3-0). El resultado salvó al Tottenham, que se impuso al Everton (1-0). El Tottenham acabó el campeonato en 17ª posición, como el año pasado, y evitó el escarnio que habría supuesto el descenso para un club con un presupuesto que supera los 600 millones de euros.

Algo mejor, pero no mucho, quedó el Chelsea. El equipo que dirigirá Xabi Alonso a partir de julio perdió con el Sunderland y acabó 10º, fuera de los puestos europeos.

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