el desafío que Argentina no logra resolver

el desafío que Argentina no logra resolver


Desde hace 25 años, cada evaluación educativa, nacional o internacional, de estudiantes argentinos confirma la misma tendencia: los resultados en Lectura son alarmantes, tanto en la «alfabetización inicial» de los más chicos como en la «competencia lectora» de los adolescentes.

En Primaria, las últimas pruebas internacionales sobre alfabetización en los primeros grados son las ERCE de la UNESCO -publicadas en 2021-, que indicaron que el 46% de los estudiantes argentinos de 3er grado no alcanzaba el nivel mínimo. Ese diagnóstico de algún modo repite la tendencia en las pruebas nacionales Aprender 2024 (también de 3er grado), que indican que sólo el 45% de los estudiantes llegó al nivel de lectura esperado.

En Secundaria, las pruebas PISA de la OCDE evalúan desde el año 2000 la comprensión lectora de los chicos de 15 años de nuestro país: desde entonces nos informan que algo más del 50% de los adolescentes argentinos no comprende lo que lee. Lo grave es que la última evaluación dada a conocer esta semana informa que ese porcentaje aumentó y hoy alcanza al 60% de los argentinos evaluados.

Los datos de las últimas dos décadas muestran además que el país retrocedió en la región: en Lectura de Primaria (ERCE), Argentina quedó, según el informe 2021, por debajo del promedio latinoamericano en casi todas las áreas obteniendo el peor resultado de su historia (en 2006 estaba por encima del promedio regional).

En Secundaria (PISA), los resultados en competencia lectora también empeoraron desde el año 2000: en aquel entonces Argentina estaba por delante de todos los países de la región pero el estancamiento y deterioro posterior contrasta con la mejora de países vecinos como Chile, Brasil, Uruguay, Perú y Colombia que nos han superado claramente con mejoras evidentes que nosotros no hemos podido lograr. Hoy Argentina entre 13 países Latinoamericanos se ubica en el octavo lugar.

En las evaluaciones nacionales, la tendencia de las últimas décadas también fue de rezago y caída. La excepción es la última Aprender 2025 -que no evaluó alfabetización inicial sino Lengua en 6to grado- con una mejora de 1,9 puntos porcentuales respecto del mejor resultado previo (Aprender 2018). Ese avance auspicioso discrepa, sin embargo, con la última prueba internacional del mismo 6to grado –ERCE de UNESCO 2021-, según la cual el 68% de los estudiantes argentinos no alcanzaba el umbral mínimo de comprensión lectora.

¿Qué se ha hecho en Argentina para mejorar?

Sintetizando al máximo: en las últimas décadas el país tuvo un Plan Nacional de Lectura (2003, relanzado en 2008-2011 y 2019-2023), los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios con definiciones para la Lectura (2006), el programa «Una hora más de clase» (2022, que se presentó con el objetivo de “mejoras en Lectura y Matemática”) y el Plan Nacional de Alfabetización de 2024, que centró todos sus esfuerzos en la alfabetización inicial de los primeros tres grados de Primaria y delegó en cada provincia y en CABA el diseño de un plan propio.

Ninguno de estos planes, incluido el de 2024, estableció un método claro ni una didáctica común basada en evidencia ni una meta definida de aprender a leer en 1er grado. Esta ausencia de definición no significó neutralidad: en la práctica supuso la continuidad, con algunas modificaciones y experiencias mixtas, de un enfoque originado en 1979 y denominado psicogénesis, método constructivista (cuya idea central es que el chico no debe recibir enseñanza explícita (de las letras y los sonidos sino construir por sí mismo su aprendizaje de la lectura), que dominó la formación docente y los documentos curriculares de los años 80 y 90.

Recién en los últimos años algunas provincias comenzaron a apartarse aplicando principios del método estructurado o modelos mixtos que combinan elementos y que confluyó en una heterogeneidad que persiste hasta hoy entre las 24 jurisdicciones del país.

Claves para encontrar una solución

¿Qué propone la ciencia internacional al respecto? Existe en el mundo un cuerpo acumulado de investigación interdisciplinaria -lingüística, psicología, neurociencia y pedagogía- sobre cómo el cerebro aprende a leer y qué métodos funcionan mejor, conocido desde los años 90 como «ciencia de la lectura».

Esta ciencia sostiene que el debate entre método fónico (o estructurado) y método constructivista (o «global») no es una discusión ideológica sin resolver, sino uno de los campos de la investigación educativa con mayor evidencia empírica acumulada, y que esa evidencia converge de manera consistente a favor del método estructurado o explícito.

En Estados Unidos, el National Reading Panel, convocado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano, revisó en el año 2000 cientos de estudios experimentales y concluyó que la enseñanza sistemática y explícita, con la correspondencia entre letras y sonidos, produce beneficios significativamente mayores que enseñarla de forma incidental o no enseñarla. De ahí surgió lo que hoy se conoce como «alfabetización estructurada» (structured literacy).

El National Early Literacy Panel agregó, en 2008, que las habilidades que mejor predicen el éxito lector -conciencia fonológica, conocimiento de letras, memoria fonológica- se desarrollan en los años preescolares, por lo que la instrucción explícita debería comenzar en esa etapa y no esperar a la Primaria.

La neurociencia explica por qué. El neurocientífico francés Stanislas Dehaene, del Collège de France, demostró mediante neuroimágenes que el cerebro no tiene una región dedicada de manera innata a la lectura: para leer, «recicla» un área destinada al reconocimiento visual de objetos y la convierte en lo que él llama la «caja de letras» del cerebro.

Como leer no es una capacidad natural -a diferencia de hablar- sino una invención cultural reciente, Dehaene sostiene que la correspondencia entre grafemas y sonidos “debe enseñarse de forma explícita y sistemática”. Francia convirtió esa evidencia en política de Estado: desde 2018, con el aval de Dehaene al frente del Conseil Scientifique de l’Éducation Nationale, el Ministerio de Educación francés fijó como objetivo que todos los chicos sepan leer al finalizar 1er grado, con enseñanza sistemática del código desde el último año del preescolar.

Esta evidencia no es exclusiva de países de habla inglesa o francesa. En 2025, un panel convocado por el Banco Mundial, UNICEF y la Oficina de Asuntos Exteriores, Commonwealth y Desarrollo del Reino Unido publicó una revisión sobre la enseñanza de la lectura en países de ingresos bajos y medios, con estudios en swahili, hindi, árabe, español y decenas de otras lenguas.

El informe identifica seis componentes que, enseñados de forma directa y secuenciada, transforman la capacidad lectora -lenguaje oral, conciencia fonológica, sistemática, fluidez, comprensión y escritura- y sostiene que esa enseñanza estructurada es una de las inversiones educativas más costo-efectivas que existen, porque reduce la repetición de grado, el abandono escolar y la necesidad de programas de recuperación posteriores.

En definitiva, todo lo expuesto da cuenta de que, así como existe un desafío educativo mayúsculo para Argentina en la materia, existe un método con evidencia científica detrás y con experiencias exitosas que puede fijarse como pauta de política educativa nacional para revertir los resultados y lograr buenas respuestas en 1er grado de Primaria (algunas jurisdicciones del país han empezado a cambiar y a obtener buenas pruebas en este sentido).

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