Camila tenía un sueño. Nadie sabía el origen de ese deseo pero, acostumbrados a su «empuje», tenían la certeza de que lo cumpliría. Fue en febrero que recibió el aviso: la aceptaron en la formación de Gendarmería Nacional. Camila Vecchiarello (26) se fue de Rosario, donde la vida era una. Se mudó a San Juan y todo cambió.
Ella bailaba folclore y estudiaba enfermería. Le quedaban dos materias para recibirse. Tenía 26 años y una madre que había dedicado su vida a trabajar en sanidad. Ella, de alguna manera, quiso continuar ese legado. Tenía -dicen los que la conocieron- vocación «hacia el servicio, la sanidad» y amor a «la gente mayor, al cuidado».
«Ella decía que podía llegar a ser su última oportunidad por el tema de la edad. Y se le dio, entró y lo hizo de una manera destacada. Se fue de acá en febrero en busca de sus sueños. Se fue tratando de dar lo mejor de sí y ahí conoce a este mal nacido», le cuenta a Clarín Matías Vecchiarello (38), uno de los cuatro hermanos de Camila.
El ingreso a Gendarmería Nacional Argentina (GNA) es para jóvenes de entre 18 y 25 años, por eso para Camila podía ser la última oportunidad de cumplir su sueño. El curso básico de formación lo realizó en la sede de Barreal, en San Juan, donde cursó todo el año.
Su familia no sabe bien cuándo ni cómo conoció a Carlos Gonzalo Rivero (25), solo que a los pocos meses ya convivían y hasta se habían casado formalmente.
«Cami fue alguien que luchó siempre por hacer lo que estaba haciendo. Ella aparte estaba a punto de recibirse de enfermera. Eso era también una vocación que ella tenía. En el velorio nos hemos encontrado con gente que nos habló de lo brillante que era, de su pasión, de su vocación», insiste Matías.
Respecto de su vínculo con Rivero no recordó nada especial: «Ella iba a volver a Rosario, se iba a recibir en noviembre, nos decía que teníamos que ir a verla en su graduación. No sabemos en qué momento conoció a este chico, calculamos que ahí adentro durante ese tiempo. En julio vinieron porque estaban casados y aprovecharon las vacaciones. Ahí lo conocimos. Lo tuvimos 15 días en casa. Y bueno, siempre dándole lo mejor porque estaba mi hermana en casa, entonces era siempre lo mejor», contó.
Nadie de su familia ni de su entorno mencionó antecedentes de violencia. Tampoco había denuncias por ataques previos. Según su círculo íntimo, luego del femicidio, compañeros de la formación mencionaron «un cambio» cuando Camila empezó su relación con Rivero. «Ella era libre, independiente, feliz, dulce y respetuosa, impecable», la describieron, pero «este loco no, era todo lo contrario».
Camila Vecchiarello era rosarina y el 12 de septiembre fue asesinada de diez puñaladas en su casa de San Juan. Realizaba la formación para gendarmería y se había casado con Gustavo Rivero, detenido por el femicidio.Elio Vecchiarello, otro hermano de Camila, contó a Tiempo de San Juan que su hermana ayudaba a sus compañeros de formación «cuando no entendían algún tema».
«Esto claramente es un femicidio. Esto es odio a la mujer. Fue odio a la mujer porque él quedó afuera. Porque mi hermana fue superior en todo y él no podía aceptar eso», sentenció.
El femicidio
Rivero había sido separado del Instituto de Formación de Barreal por bajo rendimiento académico y no ingresaría a la Gendarmería Nacional. Lo habrían notificado el 25 de agosto, tres semanas antes de cometer el crimen.
El ahora detenido es de Tartagal, Salta, y en la declaración de la audiencia de formalización dijo que el día del fallecimiento de Camila habían discutido porque él decidió regresar a su casa.
Camila Vecchiarello era rosarina y el 12 de septiembre fue asesinada de diez puñaladas en su casa de San Juan. Realizaba la formación para gendarmería y se había casado con Gustavo Rivero, detenido por el femicidio.«El sábado a la mañana estuvimos en casa. Yo no estaba separado, estaba en espera para el curso del año que viene. Yo lo que le dije fue que me iba a volver a Salta porque era mucho gasto, pagando el alquiler y todo. Ella se puso agresiva, rompiendo los cuadros, todo, yo lo tuve que limpiar. A la tarde tenía que ensayar folclore, yo le dije que no la iba a acompañar y ella se puso agresiva», declaró Rivero en su indagatoria respecto de las horas previas al crimen.
Siempre de acuerdo a su versión de los hechos, regresaron por la noche y continuaron hablando sobre el tema. «Yo estaba cocinando y ella viene, se sienta y me pregunta qué iba a hacer. Yo le dije que me iba el miércoles, porque no quería estar acá, ser un peso para ella. Y ella me dijo que no, que no me vaya, me dijo ‘si vos te vas, yo me mato’, ella me dijo eso. A lo que yo le dije que no, que se deje de pelotudear, que ella era una chica grande», contó sobre su versión de los hechos para exculparse del crimen.
En ese momento describió una lesión con un cuchillo en una mano.
El 16 de septiembre se realizó la audiencia de formalización, a cargo del juez penal de Garantías, Federico Rodríguez, que dispuso 12 meses de prisión preventiva para Carlos Gonzalo Rivero, además de fijar en 12 meses el plazo de la investigación.
Así, Rivero quedó formalmente imputado por homicidio doblemente agravado por el vínculo y por violencia de género.
De acuerdo a la acusación fiscal, el departamento tenía signos de violencia, la joven signos de defensa y 10 puñaladas. La causa de muerte fue un shock hipovolémico por la hemorragia producida por las heridas. Tenía lesiones en el cuello que comprometieron la yugular y la tiroides y que fueron producidas cuando Camila todavía estaba con vida.
Además, encontraron lesiones defensivas en las manos y brazos, compatibles con un intento de protegerse del ataque.
Pero Rivero da una insólita versión sobre esas heridas: «Se fue a la habitación, hizo un despelote. Yo estaba cocinando, hablé con mi mamá. Y ella viene, eran las 23, casi medianoche, se sienta Camila en el comedor. Me preguntó qué iba a hacer. Le dije que yo me iba, que si ella quiere que sigamos juntos, que iba a volver cuando se reciba porque era un gasto estar acá. Agarró un cuchillo y se lo metió en el cuello. Se puso loca y se acuchilló», aseguró.
Camila Vecchiarello era rosarina y el 12 de septiembre fue asesinada de diez puñaladas en su casa de San Juan. Realizaba la formación para gendarmería y se había casado con Gustavo Rivero, detenido por el femicidio.Después, siguió con su relato y agregó: «Ella salió corriendo y de la misma sangre ella se resbaló y el mismo cuchillo se lo metió acá (señala el otro lado del cuello). Y cuando yo fui, lo que yo hice, fue que vi que se estaba ahogando con su lengua, metí los dedos y ahí tengo las marcas en los dedos. Se puso así loca. No es lo que dicen que cambié de cuchillo, ella agarró un solo cuchillo».
Tras ese episodio Rivero reconoció que intentó quitarse la vida: «Estuvo ahí en la pieza y murió. No sabía qué hacer, qué informar, lo único que pensé es irme con ella por la culpa de no poder hacer nada. Sabía que conociendo la ley, que viendo eso, que yo iba a tener 100 por ciento la culpa».
Lo cierto es que el relato del detenido no se condice con las evidencias recolectadas por los investigadores, que intentarán probar que, en un contexto de violencia de género, el hombre mató a su esposa -que además estaba embarazada– y que luego intentó encubrir el crimen.
Camila Vecchiarello era rosarina y el 12 de septiembre fue asesinada de diez puñaladas en su casa de San Juan. Realizaba la formación para gendarmería y se había casado con Gustavo Rivero, detenido por el femicidio.De acuerdo a los indicios recolectados, Rivero le escribió a una ex pareja: Aylén Palermo. El fiscal Díaz leyó el mensaje: “No fui tan fuerte como vos lo pensabas. Me ganó la depresión. Te agradezco por todo. A todos gracias por escucharme. Te amo. Espero que tus sueños se cumplan siempre”.
También escribió instrucciones sobre sus claves y su teléfono, mensajes criticando a Gendarmería y para sus padres.
Elio Vecchiarello también declaró a Canal 8 de San Juan que sospecha de los últimos mensajes que intercambió con su hermana, en los que le había pedido dinero. «El domingo 0.17 me escribió diciéndome si le podía hacer el favor de prestarle un dinero porque tenía que hacer un baile en el escuadrón. No era mucho. El último mensaje después de la transferencia fue 0.45. La duda que tenemos es que si era Camila o no», detalló.
Además, contó que al día siguiente, antes del hallazgo del cuerpo, entre las 8 y las 9 de la mañana, le escribió un mensaje al papá de Camila. «Cuando tenía el cuerpo de mi hermana ahí, lo arrastró por la casa, hizo un desastre, habló con mi papá y le puso ‘hola, pa’. Salió a la mañana, sacó una sillita, tenían una galería en la casita que alquilaban, y se puso a tomar mate, a saludar a los vecinos y que lo vieran».









