Allí está el gran cuerpo de agua marrón que, advierten los locales, no es para bañarse. El límite entre el agua salada y el continente lo traza un muro bajo pintado de azul, el color simbólico del mar. Inaugurada en 2009 en terreno que, como suele decirse, se-le-ganó-al-mar, la Cinta Costera es un paseo municipal para propios y visitantes. Una extensión de siete kilómetros en paralelo a la costa que despliega senderos de concreto, bancas, playgrounds, canchas polifuncionales, jardines de diseño paisajístico. A tono con el júbilo colectivo de estas fechas, en uno de los islotes de jardín sembraron una reproducción a gran escala de esas dos figuras humanas que, alegóricamente, sostienen al planeta Tierra: la Copa del Mundial.









