El verano se acerca a Norteamérica anunciando tormentas políticas, una especialmente delicada para los vecinos sureños, Estados Unidos y México, envueltos en un intercambio de rumores, acusaciones y exaltaciones patrióticas. Truenos, rayos y juramentos al cielo se suceden en ciclos repetitivos. Desde Estados Unidos surgen informaciones sobre el estatus de las visas de viaje o del complicado presente judicial de políticos ligados al Gobierno. México, enseguida, responde al derecho y al revés. Las informaciones se solidifican al norte de la frontera y entonces el sur contemporiza, reflexiona y luego levanta el puño guerrero.
El mazo de la justicia estadounidense apunta de nuevo a dos gobernadores de Morena en la frontera









