El Mundial más hiperbólico, con 48 selecciones, 104 partidos y tres países sedes —y también el de un país en guerra con uno de sus participantes—, comienza con una deportación en Miami: el somalí Omar Artan debió volverse por decisión de Estados Unidos a su país, donde fue recibido como héroe. El mundo es más generoso sobre el césped: el primer gol lo hace un colombiano, Julián Quiñones, que juega para México, uno de los 289 futbolistas —de un total de 1.248, el 23,3%- que representan a un país diferente del que nacieron. La ola mexicana, el ole, el Cielito lindo y los sombreros de mariachis por el aire celebran el 2-0 contra Sudáfrica en el Azteca, un estadio único en su especie, el más mundialista del planeta. En Guadalajara, los checos vuelven al Mundial después de 20 años pero es como si se hubieran quedado en Praga. Corea del Sur suma un triunfo que será inútil.
El Mundial más hiperbólico: los récords, los héroes, las polémicas y las injusticias de la primera ronda









